Autor: Geromín
Cuando en el año 2003 se inicia la guerra de Irak por motivos estrictamente económicos, como suele suceder siempre, y España, junto con el resto de los países europeos, apoyó esta decisión, la “progresía nacional” se movilizó inmediatamente y adoptó una postura pacifista en contra de la guerra. No había evento artístico o de cualquier otra naturaleza en que no aparecieran los “titiriteros” con su célebre pegatina del “No a la guerra” y expresaran su condena a la violencia. Llegaron a conseguir que los ciudadanos tuviesen sentido de culpabilidad por la barbaridad que había cometido el gobierno de José Mª Aznar participando en lo que ellos calificaban de genocidio, cuando la realidad es que la presencia de tropas españolas en ese país fue puramente testimonial.
En línea con esta actitud que evidentemente había sido debidamente planificada por el partido socialista para erosionar al gobierno con vistas a las elecciones generales del año siguiente, la primera medida que adoptó Rodríguez Zapatero nada más llegar al gobierno, fue ordenar la retirada unilateral de las tropas españolas de Irak. Este comportamiento supuso para España el inicio del ostracismo internacional, al que estamos sometidos desde entonces, pero el efecto mediático se había conseguido.
Los promotores de este movimiento pacifista a la vista del éxito obtenido, decidieron unir sus esfuerzos y ampliar su apoyo al gobierno constituyendo el denominado “Sindicato de la Ceja” en alusión a su logotipo facial, y al que se afiliaron gran parte del mundo de la farándula, salvo honrosas y dignas excepciones que no se plegaron a los designios de los promotores aun a riesgo de perder las subvenciones públicas, como denunció el cantante Loquillo.
Evidentemente este apoyo no fue desinteresado ni gratuito, pues a partir de ese momento empezaron a recoger los frutos de su posicionamiento.
Por un lado, las subvenciones al moribundo cine español se multiplicaron de forma escandalosa, hasta el punto de que en el año 2010 superaron los 85 millones de euros, cuando la recaudación en taquilla de todas las películas españolas no llegó a los 70 millones. Estas dádivas pueden alcanzar hasta el 50% del presupuesto de la película con un tope de 1,2 millones de euros por film. Como prueba evidente del despilfarro hay que reseñar que, el 40% de las películas subvencionadas, no llegaron a estrenarse o tuvieron menos de 100 espectadores.
Por otro lado, la Sociedad General de Autores de España (SGAE) se convirtió, en connivencia con el gobierno socialista, en una segunda Agencia Tributaria cobrando unos supuestos derechos de autor en cualquier evento o lugar en que escucha música o se consultasen libros. Su osadía la llevó a cobrar en hospitales, centros de tercera edad, fiestas familiares, bibliotecas, etc.
Para seguir llenando las alforjas de los “pacifistas”, el Parlamento, con el apoyo inexplicable del partido popular, dio otra vuelta de tornillo aprobando el canon digital y posibilitando el cierre de páginas web que pudieran ser sospechosas de reproducir canciones o películas. Este impuesto, similar al IVA, debemos pagarlo todos los ciudadanos al adquirir cualquier equipo que pueda tener tal posibilidad, independientemente de si se hace o no uso de ella. Recientemente, este atropello ha sufrido serios reveses judiciales. El Tribunal Europeo de Justicia lo ha declarado ilegal y la Audiencia Nacional ha anulado la orden que desarrollaba este atraco. Pero los recaudadores siguen a lo suyo ante la pasividad escandalosa de un gobierno que, siempre se manifiesta muy respetuoso con las decisiones judiciales, pero que nunca hace nada para que se cumplan cuando éstas no son de su agrado.
Sirva de orientación resaltar que la recaudación de la SGAE en el año 2010 ha sido de 341 millones de euros, con un incremento sostenido del 9% durante los últimos años, para disfrute de los “pacifistas”.
Me permitiría recordar a este sindicato, amante de la vida, que en ningún momento hicieron manifestación alguna, particular o de forma colectiva, sobre los crímenes de ETA que son tan reprobables como las guerras.
Cuando en el año 2009 se recrudece la guerra de Afganistán, el gobierno socialista para congraciarse con Barak Obama, que de forma sorprendente se había convertido en la referencia política de Rodríguez Zapatero modifica su posición pacifista y decide incrementar en 2.000 hombres la presencia española en ese país. Ante este giro inesperado del gobierno, los miembros del “Sindicato de la Ceja” a los que podríamos denominar “cejiangulados” porque se encuentran a caballo entre los ungulados y los unguiculados, es decir, con uñas y con pezuñas, se encontraron descolocados y permanecieron mudos. Se intentó desesperadamente justificar este cambio de actitud recurriendo a uno de los muchos eufemismos que utilizan los políticos. La palabra guerra desaparece del lenguaje socialista y se sustituye por “misión de ayuda humanitaria” o “misión de paz” para el pueblo afgano.
Curiosamente, en el transcurso de esta “misión de ayuda humanitaria” han fallecido 93 militares españoles mientras que en la terrible guerra de Irak solo hubo 12 muertos.
Pero no termina aquí el drama para los “pacifistas” ya que en el presente año se produce otro acontecimiento militar como es el caso de Libia en el que las potencias occidentales, a instancias de Francia, deciden derribar a un gobierno legalmente establecido apoyando a unos rebeldes, sin ideología definida, reclutados por los servicios secretos franceses para desestabilizar el régimen, para lo cual bombardean al pueblo libio provocando victimas civiles y militares, lo que se denomina “daños colaterales”.
La realidad es que como en el caso de Irak existen unos fuertes intereses económicos franceses que peligraban por la inclinación de Gadafi a no depender de Francia y derivar hacia España e Italia. Si hubiera sido verdad el motivo alegado por los agresores, creo que Siria, Arabia Saudí, Irán, Marruecos, Yemen, etc. tienen regímenes autoritarios similares o peores a los de Libia y se han producido represiones gubernamentales, sin reacción alguna de la OTAN porque, en mi opinión, sus intereses energéticos están asegurados o no existen.
Una vez más, el gobierno socialista, en su nueva postura belicista, ha decidido participar en el conflicto ante el absoluto mutismo de los “titiriteros” que se han encerrado en sus lujosas guaridas, y ni uno solo ha tenido la dignidad suficiente de expresarse al efecto.
Descrita a grandes rasgos la penosa trayectoria del Sindicato de la Ceja, voy a centrarme ahora en analizar los perfiles personales de sus miembros que, aunque parezca inverosímil, responden a un patrón común y poseen características específicas muy similares.
* En primer lugar, lo que les une a todos ellos es su pasión enfermiza por el dinero. Como todo “nuevo rico” necesitan hacer manifestaciones ostentosas de sus bienes materiales, adquiriendo mansiones de gran lujo, yates deslumbrantes, vehículos de altas prestaciones, etc. Son capaces de renunciar a cualquier ideología o posicionamiento moral con tal de no perder su “status” económico. Podríamos citar las de Antonio Banderas en la Costa del Sol, edificada, en parte, sobre zona marítimo terrestre; la de Ana Belén y Víctor Manuel, por cierto construida también en terrenos no urbanizables pero recalificados irregularmente por el compañero Arturo Bagur, Alcalde de la localidad de Mahón; las de Miguel Bosé, Pedro Almodóvar, Javier Barden, etc.
Para defender e incrementar estos patrimonios personales y como prueba de solidaridad con sus compatriotas más desfavorecidos, suelen fijar su residencia en el extranjero o gestionar sus bienes a través de una SICAV, como el caso de Pedro Almodóvar, que son sociedades de inversión que cotizan a la hacienda pública solamente el 1% de sus plusvalías.
Estos comunistas de nuevo cuño no han tenido jamás una ideología definida sino más bien aquella que podríamos definir como la de “arrimarse al sol que más calienta”. Actualmente parece ser que la referencia a seguir es la de Teodulfo Lagunero, un comunista clásico, compañero de aventuras de Santiago Carrillo que en un momento determinado de su existencia decidió colaborar con los execrables fascistas del régimen anterior y llevó a cabo dos “pelotazos” inmobiliarios, como fueron el de Nueva Sierra de Madrid, en el pantano de Entrepeñas y el de El Encinar del Alberche en el pantano de San Juan, que le proporcionaron cuantiosas ganancias con las que se construyó una mansión de lujo en la Costa del Sol donde actualmente disfruta de las aberraciones del sistema capitalista.
Podrían haber seguido el ejemplo de Marcelino Camacho que defendió sus ideas en un entorno más hostil, como era el régimen anterior, y falleció con su jersey de punto sin lujosas posesiones.
Me gustaría recordar a los “cejiangulados” que el comunismo que, teóricamente predican y en el que se sienten identificados, es una doctrina política que propugna una organización social en la que los bienes son propiedad común.
* La segunda característica de los miembros del sindicato es su incoherencia y desfachatez o por expresarlo en términos populares su “caradura”. Sus comportamientos suelen ir en dirección contraria a sus discursos. Pedir ejemplaridad y coherencia entre las ideas y la realidad o entre la teoría y la práctica es, para ellos, una impertinencia propia de la gente de derechas. Según esto, D. Quijote era de derechas cuando afirmaba: “Dad crédito a los hechos y no a las palabras”.
Dicen defender la enseñanza pública, pero educan a sus hijos en los colegios privados más elitistas y en universidades privadas extranjeras.
Dicen defender los transportes públicos, pero sus desplazamientos los realizan en vehículos de alta gama o en aviones privados. Jamás se ha visto a un miembro del Sindicato viajar en metro o en autobús.
Dicen defender la sanidad pública, pero sus problemas de salud los solucionan en hospitales privados. El caso más reciente lo tenemos con el nacimiento del hijo del “rojo” Javier Bardem que ha tenido lugar en el Hospital Sinaí de Los Ángeles, probablemente uno de los más lujosos y caros de los Estados Unidos. Ha perdido una excelente ocasión de demostrar la honestidad de su pensamiento político habiendo acudido a Cuba para este acontecimiento: ese paraíso de libertades en el que el pueblo disfruta de un régimen político al que no se cansa de alabar en cuanto tiene ocasión pero que se niega a disfrutar.
Dicen que les encanta vivir en los barrios obreros y rodearse de sus gentes, pero en cuanto sus posibilidades económicas se lo permiten se trasladan a vivir a los barrios residenciales en lujosas mansiones. Tomás Gómez, en cuanto fue elegido secretario general de los socialistas madrileños abandonó Parla y se trasladó al barrio de Salamanca “para poder atender mejor sus nuevas obligaciones”. Debe ser muy duro para ellos verse todos los días rodeados de fascistas reaccionarios, pero pienso que lo hacen en aras del sacrificio para tratar de convertirlos a su ideología. Como dice Esperanza Aguirre, critican el modelo urbanístico de la derecha pero la mayoría de ellos viven en municipios gobernados por el partido popular.
* Otra de las “cualidades” de los sindicalistas es su sectarismo. Todo aquello que no sea acorde con su línea de pensamiento es demonizado y tachado de fascista y reaccionario. Acallan y vituperan a todo el que no sigue su línea y planteamientos. Son intolerantes con los pensamientos discrepantes. Dogmatizan sobre cualquier tema y el que osa enfrentarse a ellos es enviado a los infiernos, vejado y calumniado.
Calificativos como: racista, homófobo, retrógrado, reaccionario, intolerante, machista o fascista los tienen permanentemente en la punta de la lengua y los aplican con una facilidad pasmosa para desacreditar al disidente. No están abiertos a la discusión o al debate, más bien sienten una cierta aversión al mismo.
Por si lo desconocen les informaría que el término fascista, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, significa persona intolerante. ¿No serán ellos los verdaderos fascistas?
* Finalmente, los “cejiangulados” pretender convertirse en referencia moral y ética para los ciudadanos con el apoyo cobarde de algunos medios de comunicación.
Ante esta situación me pregunto:
¿Qué lecciones de ética me pueden dar individuos como Guillermo Toledo, Pilar Bardem, el Gran Wyoming, Joaquín Sabina, Moncho Alpuente, etc., que hasta hace poco tiempo venían ensalzando las bondades del consumo de drogas causando un terrible e irreparable daño a la juventud?
¿Qué clases de honestidad y coherencia transmiten personas como José Sacristán, Juan Diego, Juan Echanove, Ana Belén, Pepa Flores, etc., que durante el régimen anterior protagonizaron multitud de películas sin sufrir veto alguno, disfrutaron de las prebendas del momento, e incluso, suplicaban ser invitados a los ágapes oficiales que organizaba el anterior Jefe del Estado?
No recuerdo manifestación alguna de estos artistas defendiendo sus ideas políticas en esa etapa de su vida, ni tampoco que presentaran objeción a representar a personajes muy distantes de su ideario político. Más bien, se comportaban como dóciles corderitos temerosos de perder alguno de los privilegios de los que gozaban.
¿Qué valores morales pueden aportar individuos como Víctor Manuel que en el año 1966 compuso y dedicó una canción a Francisco Franco titulada: “Un Gran Hombre” cuya letra no me resisto a reproducir para dejar constancia escrita de su espectacular giro de identidad política?
Hay un país
que la guerra marcó sin piedad.
Ese país
de cenizas logró resurgir.
Años costó
su tributo a la guerra pagar.
Hoy consiguió
que se admire y respete su paz.
No, no conocí
el azote de aquella invasión.
Vivo feliz
en la tierra que aquél levantó.
Gracias le doy
al gran hombre que supo alejar
esa invasión
que la senda venía a cambiar.
Otros vendrán
que el camino no habrán de labrar.
Él lo labró
a los otros les toca sembrar.
Otros vendrán,
el camino más limpio hallarán.
Deben seguir
por la senda que aquél nos marcó.
No han de ocultar,
hacia el hombre que nos trajo esta paz,
su admiración.
Y por favor pido siga esta paz.
MORALEJA
Considero que a la vista de lo relatado, los ciudadanos debemos plantar cara a estos individuos componentes del “Sindicato de la Ceja” que han dado muestras más que suficientes de su ínfima calidad humana.
Hay que enfrentarse sin complejos, sin temor a sus calificativos, sin miedo a ser denostado por ellos. Han copado todos los lugares de influencia en la sociedad pero, personalmente, pienso que son minoría.
Hay que echar coraje y desenmascararlos porque detrás de sus amenazas no hay más que pura inflación históricamente oportunista.
Nuestra libertad intelectual está en juego, nos jugamos el modelo de sociedad y a su descomposición y destrucción que cada vez apunta más a otro modelo frívolo carente de valores morales.
Madrid, 5 de junio de 2011
lunes, 6 de junio de 2011
domingo, 8 de mayo de 2011
La 2ª Republica (IV parte)
Autor: Geromín
INTRODUCCIÓN
Para completar esta serie de artículos destinados a describir lo acontecido durante la 2ª República, me ha parecido oportuno incluir unas breves semblanzas biográficas de los personajes que, en mi opinión, tuvieron un papel decisivo en el fracaso y hundimiento de este experimento que, en un principio, fue recibido por el pueblo español como una oportunidad para mejorar su situación cultural, social, económica y política, después de una etapa bastante dolorosa para nuestro país como consecuencia de la pérdida de las colonias y de las guerras carlistas.
La 2ª República ha gozado en décadas recientes de una fama inmerecida fomentada por las organizaciones e intelectuales filocomunistas con el fin de desvirtuar la realidad de los hechos que demuestran claramente cómo fue el partido comunista, siguiendo escrupulosamente las órdenes de Stalin, que intentó imponer el modelo soviético en nuestro país al amparo de un teórico sistema democrático de libertades.
Es curioso observar cómo personas que se consideran historiadores se han prestado a este juego para manipular una realidad incontestable culpando exclusivamente a la derecha reaccionaria del fracaso del proyecto republicano.
Creo que a la vista de los sucesos y comportamientos descritos en los artículos anteriores, los únicos culpables reales fueron: por un lado, el partido comunista y las organizaciones sindicales anarquistas y socialistas que desde el primer momento se plantearon un proyecto diferente; y por otro, los máximos responsables de los distintos gobiernos que no supieron estar a la altura de las circunstancias o que, en el fondo, estaban de acuerdo con el rumbo que tomaban los acontecimientos.
Fueron tales las barbaridades que se cometieron en nombre de la República que los países europeos se dieron cuenta inmediatamente de que lo que se estaba jugando en España era muy diferente a lo que se pregonaba desde las instituciones oficiales.
Los intelectuales que habían sido los padres espirituales del nuevo régimen se desengañaron, sintiéndose defraudados por la orientación totalitaria y la barbarie que se iba adueñando de la situación y, en muchos casos, tuvieron que salir de España para salvar sus propias vidas. El pueblo también se sintió engañado al comprobar que no se cumplía nada de lo prometido; más bien al contrario, vieron recortados sus derechos y libertades con las nuevas leyes aprobadas en defensa de la República. Este caldo de cultivo fue el que dio lugar a la sublevación militar y a la posterior derrota republicana.
Los máximos responsables, en mi opinión, de este desastre fueron: Manuel Azaña, Francisco Largo Caballero y Juan Negrín que, desde los cargos que ocuparon, pudieron y debieron haber tomado las medidas necesarias para reconducir el régimen hacia un verdadero sistema de libertades. En sus escritos y memorias han intentado, posteriormente, exculparse de sus responsabilidades en un ejercicio desmesurado de hipocresía, en especial Manuel Azaña.
Lejos de mi ánimo está escribir una biografía de estos personajes pues ya existen muchas y, además, no me considero dispuesto a ello. Solamente intentaré resumir, lo más brevemente posible, la personalidad de cada uno de ellos y sus actuaciones más nefastas para la República.
El rasgo común que les identifica es su forma sectaria de gobernar, adueñándose de la República como un patrimonio personal, despreciando al adversario político y vulnerando la legislación vigente cuando ésta no era acorde con sus planteamientos.
Por el contrario, si tuviese que definir a cada uno de ellos, diría que Azaña es el gobernante inoperante, cargado de cinismo; Largo Caballero es el revolucionario coherente, preso de su honestidad y Negrín sería el corrupto impenitente, autor de la gran estafa.
MANUEL AZAÑA DÍAZ
Escribir sobre este personaje resulta harto difícil dada su complejidad. Es una persona que ha desatado los odios y las adhesiones más viscerales convirtiéndose en la figura más polémica de este periodo histórico.
Para definir y explicar su comportamiento humano y político sólo caben dos posibilidades. La primera es que se trataba de un individuo que sufría un trastorno bipolar, motivado por una infancia, adolescencia y juventud bastante desgraciada como luego veremos. Esta enfermedad mental se caracteriza por un estado de ánimo en el que se alternan periodos de depresión con otros de manías y, en general, las personas afectadas suelen ser narcisistas y autodestructivas. La segunda, es que era uno de los mayores hipócritas y cínicos de la historia. Sus actos no se correspondían en ningún momento con sus discursos o escritos que, muy astutamente, elaboraba de forma casi simultánea.
Personalmente, me inclino por la segunda hipótesis sin descartar en absoluto la primera, ya que una vez sucedidos los acontecimientos era consciente del daño provocado y bien en sus diarios, o bien a través de alguna obra literaria intentaba eludir su responsabilidad.
No voy a entrar a juzgar su faceta como escritor pues se escapa a la finalidad de este artículo.
Nacido en Alcalá de Henares en el seno de una familia acomodada se quedó huérfano de padre y madre siendo niño, quedando al cuidado de su abuela. Estudió en el Colegio de los Agustinos en San Lorenzo de El Escorial. Se doctoró en Derecho y amplió estudios en Francia. Ante la situación económica de la familia se presentó a las oposiciones del Ministerio de Justicia llegando a ser Jefe del Registro de Últimas Voluntades.
A partir de este momento comienza su etapa pública convirtiéndose en Secretario del Ateneo de Madrid llegando a ser, posteriormente, Presidente del mismo. Se presentó a las elecciones en los años 1918 y 1923 no obteniendo escaño parlamentario.
En el año 1929, casi con 50 años de edad, se casó, en la iglesia de Los Jerónimos, con Dolores Rivas, de 24 años, hermana de su íntimo y único amigo Cipriano. No tuvo hijos.
En el año 1932, ingresó en la logia masónica de la calle del Príncipe en busca de poder ya que, según él mismo relata, despreciaba la parafernalia de sus reuniones y actos.
Fue Ministro de la Guerra en el 1er gobierno de la República en el año 1931 y posteriormente, ese mismo año, Jefe del Gobierno hasta 1934 en que la coalición de gobierno perdió las elecciones. En el año 1936 y después del triunfo del Frente Popular pasó a ser Presidente de la República hasta marzo de 1939 en que renunció al cargo.
Falleció en Montauban (Francia) en el año 1940, en circunstancias bastante atípicas pues solicitó la presencia del obispo Theas para confesar y comulgar, lo que hizo besando el crucifijo y diciendo repetidamente:”Jesús, piedad, misericordia”.
En el aspecto personal hay que decir que su juventud fue bastante atormentada por el complejo que le causaba su aspecto físico. Era gordo, pálido, con verrugas y su vista era deficiente lo que le obligaba a llevar gafas. Estas circunstancias le impedían mantener relaciones normales con las mujeres. Ello unido a la amistad enfermiza que sentía por Cipriano Rivas y a sus gustos extravagantes, motivaron que se le tachara de homosexual. Cuando en el año 1940 Cipriano fue apresado por las tropas francesas y entregado a las autoridades españolas para ser juzgado, se llevó un gran disgusto del que no se sobrepuso y sufrió un derrame cerebral que fue el preludio de su muerte.
Azaña era un soberbio insoportable que despreciaba al resto de los intelectuales, en especial a Ortega. Sufría frecuentes crisis personales y padecía una cobardía patológica que se vería a lo largo de su trayectoria como gobernante.
Sus grandes dotes como orador le permitían encubrir estas deficiencias.
Madariaga lo definió como: “Intelectual fracasado que vierte su odio sobre la sociedad que no le ha comprendido. Tiene una sensibilidad enfermiza con una faceta femenina en su carácter”.
Unamuno dijo de él: “Cuidado con Azaña que es un escritor sin lectores capaz de hacer una revolución para tenerlos”.
Considero que ambos intelectuales conocían muy bien al personaje.
Como he mencionado anteriormente, su labor de gobierno se caracterizó por el sectarismo, el anticlericalismo y la frivolidad con que afrontaba los acontecimientos.
Nada más tomar posesión como Ministro de la Guerra, en mayo de 1931, se inició la quema de conventos en Madrid que posteriormente se extendió a Valencia y Andalucía. La reacción de Azaña ante este brote de violencia injustificada fue pronunciar una de sus frases grandilocuentes: “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”. Este tipo de comportamiento fue el que marcó su trayectoria como gobernante, y abrió los ojos a los anarquistas y comunistas sobre la impunidad y libertad que iban a tener en sus actuaciones desestabilizadoras.
Cuando en octubre de 1931 se aprueban los artículos de la Constitución sobre la libertad religiosa, se despacha con otra frase feliz: “España ha dejado de ser católica”, y anota en su diario personal que es un asunto de poca importancia.
Con el fin de controlar a sus adversarios políticos presentó al Parlamento la Ley de Defensa de la República que le permitía censurar y cerrar las publicaciones que no fueran de su agrado, lo que le posibilitó todavía más aplicar sectariamente la ley.
Inició una reforma del Ejército con agresividad y desprecio hacia los militares, cerrando además la Academia General Militar de Zaragoza.
Al producirse el levantamiento anarquista de Casas Viejas, en enero de 1933, ordenó al capitán que mandaba las tropas: “Nada de prisioneros ni heridos, tiros a la barriga”.
Utilizó fondos públicos para ayudar a los grupos revolucionarios de Portugal tal y como pudo demostrarse en la Comisión del Parlamento, pero no se tomaron medidas contra él.
Cuando en el año 1933 el gobierno perdió las elecciones, propuso al Presidente Alcalá Zamora llevar a cabo un pronunciamiento civil para anular los resultados y nombrar nuevo gobierno, según consta en las Memorias de D. Niceto.
En el año 1934, bajo el gobierno de Alejandro Lerroux llevó a cabo todo tipo de maquinaciones contra el gobierno. En primer lugar, con el partido socialista, y así figura en las actas de su ejecutiva, para realizar un pronunciamiento que sería seguido de una huelga general. Este partido estaba inmerso en la preparación de la sublevación de Asturias y no tuvo en cuenta la propuesta. Seguidamente, y durante su estancia en Barcelona, apoyando la declaración de independencia de Cataluña que llevó a cabo Luís Companys que debería ser el núcleo de la nueva república. Ante el fracaso de este intento, rápidamente escribió “Mi rebelión en Barcelona” en la que se exculpaba de cualquier participación en esa maniobra. Para su desgracia el comandante republicano Jesús Pérez Salas, escribió “España en guerra”, donde aporta todo tipo de información sobre la participación de Azaña en el pronunciamiento. Finalmente, urdió la trama del estraperlo para hundir a Alejandro Lerroux lo que consiguió y provocó la convocatoria de elecciones generales para el año 1936.
Como fácilmente puede deducirse de lo expuesto, en esta primera etapa se dedicó a atacar a la iglesia católica, al ejército y a sus adversarios políticos, permitiendo todo tipo de desmanes y tropelías a las patrullas de milicianos y despreocupándose de los problemas reales de los ciudadanos. Eso sí acompañado de grandes frases con las que intentaba dar otra imagen, como las siguientes:
“No hay Estado digno de este nombre, sin sus bases fundacionales, cuales son: el orden, la competencia y la responsabilidad”.
“Todos los españoles tenemos el mismo destino, cualesquiera que sean su religión, credo político o trabajo”.
Buen ejercicio de hipocresía en una persona que nunca hacía lo que decía. Podría haber leído a D. Quijote cuando afirmaba: “Dad crédito a los hechos y no a las palabras”.
Tras los resultados de las elecciones de febrero de 1936, Azaña volvió al gobierno y lo primero que hizo fue maquinar la destitución de Alcalá Zamora y conseguir que le nombraran Presidente de la República, lo que sucedió el 10 de mayo de 1936. Su toma de posesión fue una exhibición de lujo comparable con las de la corona británica. Se habilitó el Palacio Real como residencia permanente; el Palacio de Riofrío para los fines de semana y Villa Piquío en Santander para los veraneos. Tristemente para él no pudo disfrutar de estas mansiones.
Los hechos que sucedieron durante el periodo de tiempo en que fue Presidente de la República han quedado relatados en el artículo anterior. Como ya quedó expuesto, la evolución de los acontecimientos militares provocó que el gobierno se trasladase a Valencia. Azaña, no obstante, haciendo gala de su cobardía enfermiza se fue a Barcelona y a los pocos días al Monasterio de Montserrat, donde permaneció hasta fin de año en que por fin se trasladó a Valencia. Durante estos dos meses parece ser que tuvo una de sus crisis depresivas. Hasta su exilio a Francia deambuló por distintas localidades. Visto el desarrollo de la guerra y la previsible derrota del bando republicano, comenzó una nueva etapa en la que buscó desesperadamente la ayuda extranjera para terminar con la guerra, sobre todo de Francia e Inglaterra, pero no tuvo éxito dado el descrédito que había acumulado el régimen republicano. Destituyó a Largo Caballero y nombró a Juan Negrín como jefe de gobierno en la confianza de éste que podría alcanzar algún pacto con los sublevados, sin darse cuenta de que Negrín era el hombre de Stalin para dirigir su proyecto. Entre abril y mayo de 1937 escribió su obra más famosa titulada: “La velada de Benicarló” en la que, una vez más, hizo un nuevo ejercicio de hipocresía al manifestar su amor a la libertad y a España. Relató con detalle los crímenes de las milicias del Frente Popular, la confusión y el caos que reinaba en la zona republicana y el incalificable comportamiento de Companys. Intentó buscar culpables de la situación entre sus distintos colaboradores, pero en ningún momento se paró a pensar que él era la máxima autoridad de la República y que, cuando tenía que haber puesto orden en su zona, se dedicó a mirar para otro lado, a hundir a sus adversarios políticos y a disfrutar de las barbaridades y atropellos que se cometían en nombre de la República.
Durante el año 1938 siguió en esta nueva línea pacifista bajo el lema de “Paz, piedad y perdón”, alegando el peligro que corría España si no se detenía la guerra.
Entretanto había entregado un millón de francos franceses a su cuñado Cipriano Rivas para que le preparase el exilio en Francia.
En febrero de 1939 pasó a Francia y a pesar de las presiones se negó a volver a su “querida” España bajo el pretexto de que había que conservar las instituciones que el pueblo había elegido para, en su día, retornar a un régimen de libertades.
El 27 de febrero de 1939 remitió una carta a Diego Martínez Barrio, Presidente de las Cortes en la que dimitía de su cargo ante la esterilidad de sus esfuerzos para obtener un acuerdo de paz y la carencia de órganos de consejo y de acción, indispensables para la función presidencial. Una vez más, salía a relucir el cinismo de D. Manuel que a lo largo de su trayectoria política jamás había contado con nadie, considerándose como Luís XIV que decía: “El Estado soy yo”.
El resto del año 1939 se dedicó a sus aficiones literarias escribiendo novelas y ensayos en los que volvía a criticar acerbamente lo sucedido en la zona republicana, olvidándose en todo momento que él había sido el máximo responsable.
Las discrepancias con Negrin habían sido permanentes, dados los diferentes planteamientos de ambos en relación con el final de la guerra y el apoyo de las potencias extranjeras. Su preocupación postrera por la situación de los refugiados choca abiertamente con su actuación como responsable político en la que despreció a las masas, y así lo expresó públicamente y lo dejó plasmado en sus escritos. Sirva como ejemplo la frase que figura en su diario: “Vivo solo para mí. Amo mucho las cosas y cas¡ nada a los prójimos”.
El final de su existencia fue bastante triste como ya se ha expuesto anteriormente y su delicado estado de salud le impidió viajar a México donde le habían ofrecido asilo político como al resto de políticos republicanos.
En el expediente que se le abrió en España de depuración de responsabilidades políticas fue calificado de: enemigo del ejército, de la religión y de la patria, pervertido sexual, masón y marxista. No andaba muy descaminado el juez instructor.
FRANCISCO LARGO CABALLERO
Este personaje es la antítesis del anterior en lo que se refiere a la claridad y honestidad de su posicionamiento. Desde el primer momento de su andadura política mantuvo y defendió una postura revolucionaria, y así lo expresó en sus apariciones públicas. En ningún instante engañó a nadie, ni cambió el rumbo de su trayectoria, más bien al contrario se fue afianzando en sus planteamientos y radicalizando su mensaje. Siempre se definió como totalitario y consideraba que la democracia era un medio para conseguir sus fines. Esta forma clara y decidida de defender sus ideas, no sometiéndose a imposiciones externas, le costó la salida del gobierno y el abandono de sus compañeros al final de su existencia.
Aunque políticamente me encuentro muy distanciado de Largo Caballero, creo que debería ser un ejemplo de honestidad para toda la clase política tan habituada a otros comportamientos más obscenos.
Nacido en Madrid, en el seno de una familia humilde, le tocó trabajar desde muy joven, por lo que puede ser considerado como un autodidacta. Con veinte años se afilió a la UGT y posteriormente al PSOE, siendo uno de los colaboradores más directos de Pablo Iglesias. Participó en todos los movimientos revolucionarios de la época y por ello fue encarcelado en varias ocasiones. En 1918 fue elegido secretario general de la UGT. En la dictadura de Primo de Rivera fue nombrado Consejero de Estado colaborando con el régimen. Formó parte del 1er gobierno de la República, como Ministro de Trabajo. Elegido presidente del PSOE se enfrentó en numerosas ocasiones al sector moderado del partido en el que se encontraban Besteiro y Prieto como figuras destacadas. Esta postura radical y revolucionaria le valió el apelativo de “Lenin español”.
La pérdida de las elecciones del año 1933 le hizo pasar a la oposición donde radicalizó más su postura política alejándose, definitivamente, de las posiciones dialogantes o posibilistas.
En febrero de 1934 se puso al frente del Comité Nacional Revolucionario, constituido para atentar contra la legalidad republicana. Sus actuaciones culminaron con la Revolución de Asturias de octubre de 1934 que había preparado y dirigido. Al fracasar esta sublevación fue encarcelado, juzgado y condenado a 30 años de prisión pero como sucede con todos los políticos, salió pronto en libertad.
En septiembre de 1936 fue encargado de formar gobierno reservándose la cartera de la Guerra. Permaneció en este puesto hasta marzo de 1937 en que fue cesado por Azaña al no obedecer las órdenes de Stalin para ilegalizar el POUM. Ello supuso el declive de su carrera política.
En octubre de 1937 fue expulsado de la UGT acusado de no abonar las cuotas. Apartado de la política abandonó España a principios de 1939 instalándose en Francia donde fue capturado por los alemanes que le internaron en un campo de concentración en el que permaneció hasta 1945.
Abandonado por sus compañeros y sin dinero no pudo trasladarse a México, falleciendo en un hospital de París el 23 de marzo de 1946, víctima de un coma diabético después de haberle sido amputada una pierna. Estaba solo y con las alforjas vacías a diferencia de otros “camaradas”.
Madariaga dijo de él: “Te humillaron no los burgueses, sino los socialistas amigos de los comunistas y de Moscú a quien no quisiste obedecer”.
Para que quede clara su ideología sin tener que recurrir a la interpretación de historiadores voy a transcribir literalmente algunas de sus manifestaciones públicas que creo hablan por sí solas de su posicionamiento.
“Si los socialistas somos derrotados en las urnas iremos a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos”. (Murcia 1932).
“Quiero decirles a las derechas que si triunfan tendremos que ir a la guerra civil declarada”. (Alicante 1936).
“La democracia es incompatible con el socialismo. La transformación de un país no puede hacerse echando papeletas en las urnas”. (Madrid 1936).
“Sépanlo bien nuestros amigos y enemigos. La clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista del poder de la manera que pueda”. (Congreso de los Diputados).
“Hay que apoderarse del poder político, pero la revolución se hace violentamente: luchando y no con discursos”. (Congreso de los Diputados).
“Vamos a la revolución social, mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad y en tal caso, camaradas, habrá que obtenerlo por la violencia”. (Congreso de los Diputados).
“El partido socialista no es un partido reformista. Cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, se rompe sin ningún reparo ni escrúpulo”. (Congreso de los Diputados).
Considero que estos ejemplos son más que suficientes para conocer su pensamiento.
Durante su permanencia como jefe de gobierno desde septiembre de 1936 a marzo de 1937 fue el responsable directo o indirecto de unos hechos muy graves que ensombrecen su trayectoria personal.
La primera medida que se adoptó nada más llegar al gobierno fue la aprobación de un decreto que permitía, en caso de emergencia, el traslado de las reservas de oro del Banco de España. Parece ser que la ejecución inmediata de esta disposición por parte de Juan Negrín se hizo con nocturnidad y alevosía sin su conocimiento, y así lo ha dejado escrito en sus Recuerdos. Personalmente, me inclino por su versión, teniendo en cuenta su sinceridad y el trato que, posteriormente, recibió de la Unión Soviética.
Otro de los puntos negros de su gestión fue la creación de las checas a imagen y semejanza de las existentes en la Unión Soviética. En este caso fue el responsable máximo de los crímenes que tuvieron lugar en estos siniestros lugares. Sólo en Madrid, en el periodo septiembre-diciembre fueron asesinadas más de 12.000 personas.
Hay tres casos emblemáticos que definen cómo se actuaba y se hacía desaparecer a los enemigos políticos de Largo Caballero.
Ángel Aldecoa era un magistrado que había juzgado un asunto relacionado con Largo Caballero. Como la sentencia no le había gustado al dictador acabó fusilado.
Marcelino Valentín Gamazo, Fiscal General de la República, había acusado a Largo Caballero de ser el responsable de la Revolución de Asturias y por tanto había pedido para él 30 años de prisión. Fue apresado con sus tres hijos y todos aparecieron muertos en Tévar (Cuenca).
Gumersindo de la Gándara, Capitán de la Guardia de Asalto, había mandado la tropa en los sucesos de Casas Viejas. Declaró en el juicio que había recibido la orden de Azaña de disparar a la barriga. Igualmente fue fusilado a pesar de su lealtad a la República.
En marzo de 1937, Stalin cursó la orden de aniquilar todas las organizaciones troskistas que existían en Europa, entre las que se encontraba el POUM. Largo Caballero se opuso a la ilegalización de este partido lo que le costó la jefatura del gobierno, siendo destituido por Azaña que nombró a Juan Negrín que siguió, al pie de la letra, las instrucciones soviéticas.
A partir de este momento se inició el declive político de Largo Caballero que no volvió a ejercer puestos de responsabilidad.
Como en el caso de Azaña considero que su actuación política, en general, fue muy perjudicial para el régimen republicano, aunque en su favor haya que decir que intentó profesionalizar el ejército, rodeándose de generales expertos, y defendió la independencia de España.
JUAN NEGRÍN LÓPEZ
Este individuo podría calificarse como el gran estafador y el mayor corrupto de la etapa que estamos describiendo, y así lo definió Francisco Olaya Morales en su libro “La Gran Estafa”. Robó al Estado, robó al pueblo, mató al Estado, mató al pueblo que servía a ese Estado. Mientras miles de millones de pesetas robados yacían en bancos suizos o americanos, como luego veremos, cientos de miles de españoles casi morían de hambre en los campos de concentración franceses. Vivió como un rajá a costa del erario público, no rindió cuentas a nadie del dinero de todos los españoles.
Debido a su servilismo a Stalin durante su etapa de gobierno, ha gozado de una buena imagen, defendida por historiadores filocomunistas que para mí, y por lo que se relata a continuación, es insostenible, pero al Sr. Rodríguez Zapatero debe parecerle la referencia a seguir y le ha rehabilitado como socialista.
Nacido en 1892 en Las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia católica acomodada. Estudió medicina en Alemania especializándose en Fisiología, adquiriendo cierta notoriedad. Se casó con María Mijailova perteneciente a una rica familia rusa. Tuvo tres hijos y se unió sentimentalmente con Feliciana López, asistente suya. Ya en Madrid, fue discípulo de Ramón y Cajal y maestro de Severo Ochoa y Grande Covián, entre otros. Obtuvo la catedra de Fisiología de la Universidad Central de Madrid.
Después de una brillante trayectoria científica, en 1929 se afilia al PSOE y entra de lleno en la política. Obtiene acta de diputado y comienza una andadura que culmina en el año 1937 cuando es nombrado Presidente del Gobierno, cargo que mantiene hasta el año 1945 en el que es invitado a dimitir. Al año siguiente es expulsado del PSOE por sus propios compañeros. Después de un deambular por México y Londres se traslada a vivir a París, donde fallece el año 1956.
Para definir su personalidad y dando por hecho que era una persona inteligente como lo demostró en la primera etapa de su vida, podemos decir que era bulímico, pues su obsesión por comer le hacía tomar aspirinas en abundancia para devolver y seguir comiendo. También eran sonadas sus frecuentes escapadas a París acompañado de señoritas con cargo a los fondos públicos, según ha relatado Largo Caballero en sus Recuerdos porque le tenía que cubrir estas ausencias.
Sus compañeros se han expresado de la forma siguiente:
Diego Abad de Santillán (anarquista) afirmó:
“Si el gobierno Negrín hubiese tenido que responder de su gestión política, económica y financiera, habría tenido que terminar ante un pelotón de fusilamiento”.
Luís Arasquistain (socialista) dijo:
“Es el hombre de gobierno más funesto e irresponsable que España ha tenido desde hace siglos”
Largo Caballero (socialista) manifestó:
“¿Qué va a hacer España con hombres como Negrín, sin escrúpulos, sin conciencia, guiados por el rencor, el odio, el espíritu de venganza, osado y sin ética?”
Jiménez de Asua (socialista) expuso:
“Cuando los refugiados sufren más de lo que sufrieron en España; cuando perecen de hambre y frío; cuando no tienen posibilidades de mantener a los suyos, el Sr. Negrín rodeado de un séquito de 40 personas emprende un viaje a México en el yate de lujo Normandie, en clase de lujo, con los fondos públicos que fueron robados a esos desgraciados que defendieron al Gobierno con el sacrificio de sus vidas”.
Manuel Azaña (republicano) dijo:
“No ha servido Ud. para ganar la guerra ni para perderla. En cuanto a su humanidad la pongo en duda”.
Su verdadera acción política comienza en el mes de septiembre de 1936 en el que es nombrado Ministro de Hacienda en el gobierno de Largo Caballero. Nada más llegar al cargo prepara la entrega de las reservas de oro del Banco de España a Stalin. Operación que lleva a cabo de forma totalmente ilegal, pues el Banco de España no era banco público y no se podía disponer de sus reservas. Lo hizo amparado en un decreto que le autorizaba a trasladar estas reservas si las condiciones bélicas lo aconsejaban, que no era el caso.
En marzo de 1937 y ante las presiones de Stalin, Azaña cesa a Largo Caballero como Presidente de Gobierno y nombra a Negrín que sí acepta acatar las órdenes del dictador.
La llegada de Negrín a la jefatura del Gobierno rodeado de incondicionales y nulidades políticas supone el principio de una época de poder personal a las órdenes de Stalin. Anuló todos los órganos constitucionales, degradó la vida pública y envileció las relaciones políticas. Acaparó el comercio exterior e interior a través de la sociedad Campsa-Gentibus que había creado para su beneficio personal.
Permitió que agentes soviéticos secuestrasen, torturasen y asesinasen a Andrés Nin, máximo dirigente del POUM, que era lo exigido por Stalin. Para mayor escarnio, divulgó y defendió ante los medios de comunicación que habían sido los agentes de la Gestapo los que habían llevado a cabo este crimen. Igualmente intentó que el resto de los líderes del POUM fuesen juzgados y condenados.
La firma del Pacto de Munich entre las potencias europeas, en el año 1938, supone que España deja de ser objetivo prioritario para la Unión Soviética que está más interesada en llegar a un acuerdo con Alemania, por lo que Negrín se ve abandonado a su suerte. Las derrotas militares se suceden una tras otra y comienza una desbandada republicana así como el intento de llegar a un acuerdo con los sublevados que evidentemente no aceptan.
A partir de ese momento y a pesar de que incita al pueblo a continuar la guerra, Negrín se dedica a preparar su exilio dorado. Abre cuentas bancarias en el extranjero con fondos del Estado a nombre de sus amigos. Sirvan como ejemplo las siguientes, en pesetas del año 1939:
Francisco Méndez Aspe……………………… 480 millones
Julio López Masegosa………………………….193 “
Juan Negrín (hijo)……………………………….370 “
Juan Simeón Vidarte…………………………..100 “
Rafael Méndez Aspe..………………………….398 “
Igualmente mandó cargar todas las joyas y bienes de valor, incautados en los registros y saqueos de los domicilios particulares, edificios públicos e instituciones católicas, valorados en más de 300 millones de dólares, en el yate Vita para su traslado a México. Cuando el buque llegó a Veracruz fue apresado por el ejército y confiscadas sus mercancías debido a una gestión de Indalecio Prieto ante el gobierno mexicano. Negrín se justificó alegando que era para la ayuda a los refugiados españoles. Después de un largo proceso jurídico, el dinero se fue diluyendo y sirvió para financiar los gastos de los políticos exilados y de sus fantasmagóricas instituciones pero nunca llegó al pueblo necesitado.
Sirva como resumen de esta situación la Declaración del Consejo de Defensa Nacional cuando decidió tomar el poder en marzo de 1939. Creo que habla por sí sola de la realidad:
«Trabajadores españoles! ¡Pueblo antifascista! Ha llegado el momento en que es necesario proclamar a los cuatro vientos la verdad escueta de la situación en que nos encontramos. Como revolucionarios, como proletarios, como españoles y como antifascistas no podemos continuar por más tiempo aceptando pasivamente la improvisación, la carencia de orientaciones, la falta de organización y la absurda inactividad de que da muestras el Gobierno del doctor Negrín. Han pasado muchas semanas desde que se liquidó, con una deserción general, la guerra de Cataluña. Todas las promesas que se hicieron al pueblo en los más solemnes momentos fueron olvidadas; todos los deberes, desconocidos; todos los compromisos, deliberadamente pisoteados. En tanto que el pueblo en armas sacrificaba en el área sangrienta de las batallas unos cuantos millares de sus mejores hijos, los hombres que se habían constituido en cabezas visibles de la resistencia abandonaron sus puestos. No puede tolerarse que en tanto se exige al pueblo una resistencia organizada, se hagan los preparativos de una cómoda y lucrativa fuga. No puede permitirse que, en tanto que el pueblo lucha, combate y muere, unos cuantos privilegiados preparen su vida en el extranjero. El Gobierno de Negrín carece de toda base legal en la cual apoyar su mandato.»
Creo que esta breve semblanza de estos tres nefastos personajes para la 2ª Republica puede facilitar al lector un mejor conocimiento de una realidad que muchos historiadores han intentado ocultar o manipular, pues no consideran procedente reconocer que el régimen fracasó por el comportamiento irresponsable y sectario de sus máximos dirigentes.
Madrid, 10 de mayo de 2011
INTRODUCCIÓN
Para completar esta serie de artículos destinados a describir lo acontecido durante la 2ª República, me ha parecido oportuno incluir unas breves semblanzas biográficas de los personajes que, en mi opinión, tuvieron un papel decisivo en el fracaso y hundimiento de este experimento que, en un principio, fue recibido por el pueblo español como una oportunidad para mejorar su situación cultural, social, económica y política, después de una etapa bastante dolorosa para nuestro país como consecuencia de la pérdida de las colonias y de las guerras carlistas.
La 2ª República ha gozado en décadas recientes de una fama inmerecida fomentada por las organizaciones e intelectuales filocomunistas con el fin de desvirtuar la realidad de los hechos que demuestran claramente cómo fue el partido comunista, siguiendo escrupulosamente las órdenes de Stalin, que intentó imponer el modelo soviético en nuestro país al amparo de un teórico sistema democrático de libertades.
Es curioso observar cómo personas que se consideran historiadores se han prestado a este juego para manipular una realidad incontestable culpando exclusivamente a la derecha reaccionaria del fracaso del proyecto republicano.
Creo que a la vista de los sucesos y comportamientos descritos en los artículos anteriores, los únicos culpables reales fueron: por un lado, el partido comunista y las organizaciones sindicales anarquistas y socialistas que desde el primer momento se plantearon un proyecto diferente; y por otro, los máximos responsables de los distintos gobiernos que no supieron estar a la altura de las circunstancias o que, en el fondo, estaban de acuerdo con el rumbo que tomaban los acontecimientos.
Fueron tales las barbaridades que se cometieron en nombre de la República que los países europeos se dieron cuenta inmediatamente de que lo que se estaba jugando en España era muy diferente a lo que se pregonaba desde las instituciones oficiales.
Los intelectuales que habían sido los padres espirituales del nuevo régimen se desengañaron, sintiéndose defraudados por la orientación totalitaria y la barbarie que se iba adueñando de la situación y, en muchos casos, tuvieron que salir de España para salvar sus propias vidas. El pueblo también se sintió engañado al comprobar que no se cumplía nada de lo prometido; más bien al contrario, vieron recortados sus derechos y libertades con las nuevas leyes aprobadas en defensa de la República. Este caldo de cultivo fue el que dio lugar a la sublevación militar y a la posterior derrota republicana.
Los máximos responsables, en mi opinión, de este desastre fueron: Manuel Azaña, Francisco Largo Caballero y Juan Negrín que, desde los cargos que ocuparon, pudieron y debieron haber tomado las medidas necesarias para reconducir el régimen hacia un verdadero sistema de libertades. En sus escritos y memorias han intentado, posteriormente, exculparse de sus responsabilidades en un ejercicio desmesurado de hipocresía, en especial Manuel Azaña.
Lejos de mi ánimo está escribir una biografía de estos personajes pues ya existen muchas y, además, no me considero dispuesto a ello. Solamente intentaré resumir, lo más brevemente posible, la personalidad de cada uno de ellos y sus actuaciones más nefastas para la República.
El rasgo común que les identifica es su forma sectaria de gobernar, adueñándose de la República como un patrimonio personal, despreciando al adversario político y vulnerando la legislación vigente cuando ésta no era acorde con sus planteamientos.
Por el contrario, si tuviese que definir a cada uno de ellos, diría que Azaña es el gobernante inoperante, cargado de cinismo; Largo Caballero es el revolucionario coherente, preso de su honestidad y Negrín sería el corrupto impenitente, autor de la gran estafa.
MANUEL AZAÑA DÍAZ
Escribir sobre este personaje resulta harto difícil dada su complejidad. Es una persona que ha desatado los odios y las adhesiones más viscerales convirtiéndose en la figura más polémica de este periodo histórico.
Para definir y explicar su comportamiento humano y político sólo caben dos posibilidades. La primera es que se trataba de un individuo que sufría un trastorno bipolar, motivado por una infancia, adolescencia y juventud bastante desgraciada como luego veremos. Esta enfermedad mental se caracteriza por un estado de ánimo en el que se alternan periodos de depresión con otros de manías y, en general, las personas afectadas suelen ser narcisistas y autodestructivas. La segunda, es que era uno de los mayores hipócritas y cínicos de la historia. Sus actos no se correspondían en ningún momento con sus discursos o escritos que, muy astutamente, elaboraba de forma casi simultánea.
Personalmente, me inclino por la segunda hipótesis sin descartar en absoluto la primera, ya que una vez sucedidos los acontecimientos era consciente del daño provocado y bien en sus diarios, o bien a través de alguna obra literaria intentaba eludir su responsabilidad.
No voy a entrar a juzgar su faceta como escritor pues se escapa a la finalidad de este artículo.
Nacido en Alcalá de Henares en el seno de una familia acomodada se quedó huérfano de padre y madre siendo niño, quedando al cuidado de su abuela. Estudió en el Colegio de los Agustinos en San Lorenzo de El Escorial. Se doctoró en Derecho y amplió estudios en Francia. Ante la situación económica de la familia se presentó a las oposiciones del Ministerio de Justicia llegando a ser Jefe del Registro de Últimas Voluntades.
A partir de este momento comienza su etapa pública convirtiéndose en Secretario del Ateneo de Madrid llegando a ser, posteriormente, Presidente del mismo. Se presentó a las elecciones en los años 1918 y 1923 no obteniendo escaño parlamentario.
En el año 1929, casi con 50 años de edad, se casó, en la iglesia de Los Jerónimos, con Dolores Rivas, de 24 años, hermana de su íntimo y único amigo Cipriano. No tuvo hijos.
En el año 1932, ingresó en la logia masónica de la calle del Príncipe en busca de poder ya que, según él mismo relata, despreciaba la parafernalia de sus reuniones y actos.
Fue Ministro de la Guerra en el 1er gobierno de la República en el año 1931 y posteriormente, ese mismo año, Jefe del Gobierno hasta 1934 en que la coalición de gobierno perdió las elecciones. En el año 1936 y después del triunfo del Frente Popular pasó a ser Presidente de la República hasta marzo de 1939 en que renunció al cargo.
Falleció en Montauban (Francia) en el año 1940, en circunstancias bastante atípicas pues solicitó la presencia del obispo Theas para confesar y comulgar, lo que hizo besando el crucifijo y diciendo repetidamente:”Jesús, piedad, misericordia”.
En el aspecto personal hay que decir que su juventud fue bastante atormentada por el complejo que le causaba su aspecto físico. Era gordo, pálido, con verrugas y su vista era deficiente lo que le obligaba a llevar gafas. Estas circunstancias le impedían mantener relaciones normales con las mujeres. Ello unido a la amistad enfermiza que sentía por Cipriano Rivas y a sus gustos extravagantes, motivaron que se le tachara de homosexual. Cuando en el año 1940 Cipriano fue apresado por las tropas francesas y entregado a las autoridades españolas para ser juzgado, se llevó un gran disgusto del que no se sobrepuso y sufrió un derrame cerebral que fue el preludio de su muerte.
Azaña era un soberbio insoportable que despreciaba al resto de los intelectuales, en especial a Ortega. Sufría frecuentes crisis personales y padecía una cobardía patológica que se vería a lo largo de su trayectoria como gobernante.
Sus grandes dotes como orador le permitían encubrir estas deficiencias.
Madariaga lo definió como: “Intelectual fracasado que vierte su odio sobre la sociedad que no le ha comprendido. Tiene una sensibilidad enfermiza con una faceta femenina en su carácter”.
Unamuno dijo de él: “Cuidado con Azaña que es un escritor sin lectores capaz de hacer una revolución para tenerlos”.
Considero que ambos intelectuales conocían muy bien al personaje.
Como he mencionado anteriormente, su labor de gobierno se caracterizó por el sectarismo, el anticlericalismo y la frivolidad con que afrontaba los acontecimientos.
Nada más tomar posesión como Ministro de la Guerra, en mayo de 1931, se inició la quema de conventos en Madrid que posteriormente se extendió a Valencia y Andalucía. La reacción de Azaña ante este brote de violencia injustificada fue pronunciar una de sus frases grandilocuentes: “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”. Este tipo de comportamiento fue el que marcó su trayectoria como gobernante, y abrió los ojos a los anarquistas y comunistas sobre la impunidad y libertad que iban a tener en sus actuaciones desestabilizadoras.
Cuando en octubre de 1931 se aprueban los artículos de la Constitución sobre la libertad religiosa, se despacha con otra frase feliz: “España ha dejado de ser católica”, y anota en su diario personal que es un asunto de poca importancia.
Con el fin de controlar a sus adversarios políticos presentó al Parlamento la Ley de Defensa de la República que le permitía censurar y cerrar las publicaciones que no fueran de su agrado, lo que le posibilitó todavía más aplicar sectariamente la ley.
Inició una reforma del Ejército con agresividad y desprecio hacia los militares, cerrando además la Academia General Militar de Zaragoza.
Al producirse el levantamiento anarquista de Casas Viejas, en enero de 1933, ordenó al capitán que mandaba las tropas: “Nada de prisioneros ni heridos, tiros a la barriga”.
Utilizó fondos públicos para ayudar a los grupos revolucionarios de Portugal tal y como pudo demostrarse en la Comisión del Parlamento, pero no se tomaron medidas contra él.
Cuando en el año 1933 el gobierno perdió las elecciones, propuso al Presidente Alcalá Zamora llevar a cabo un pronunciamiento civil para anular los resultados y nombrar nuevo gobierno, según consta en las Memorias de D. Niceto.
En el año 1934, bajo el gobierno de Alejandro Lerroux llevó a cabo todo tipo de maquinaciones contra el gobierno. En primer lugar, con el partido socialista, y así figura en las actas de su ejecutiva, para realizar un pronunciamiento que sería seguido de una huelga general. Este partido estaba inmerso en la preparación de la sublevación de Asturias y no tuvo en cuenta la propuesta. Seguidamente, y durante su estancia en Barcelona, apoyando la declaración de independencia de Cataluña que llevó a cabo Luís Companys que debería ser el núcleo de la nueva república. Ante el fracaso de este intento, rápidamente escribió “Mi rebelión en Barcelona” en la que se exculpaba de cualquier participación en esa maniobra. Para su desgracia el comandante republicano Jesús Pérez Salas, escribió “España en guerra”, donde aporta todo tipo de información sobre la participación de Azaña en el pronunciamiento. Finalmente, urdió la trama del estraperlo para hundir a Alejandro Lerroux lo que consiguió y provocó la convocatoria de elecciones generales para el año 1936.
Como fácilmente puede deducirse de lo expuesto, en esta primera etapa se dedicó a atacar a la iglesia católica, al ejército y a sus adversarios políticos, permitiendo todo tipo de desmanes y tropelías a las patrullas de milicianos y despreocupándose de los problemas reales de los ciudadanos. Eso sí acompañado de grandes frases con las que intentaba dar otra imagen, como las siguientes:
“No hay Estado digno de este nombre, sin sus bases fundacionales, cuales son: el orden, la competencia y la responsabilidad”.
“Todos los españoles tenemos el mismo destino, cualesquiera que sean su religión, credo político o trabajo”.
Buen ejercicio de hipocresía en una persona que nunca hacía lo que decía. Podría haber leído a D. Quijote cuando afirmaba: “Dad crédito a los hechos y no a las palabras”.
Tras los resultados de las elecciones de febrero de 1936, Azaña volvió al gobierno y lo primero que hizo fue maquinar la destitución de Alcalá Zamora y conseguir que le nombraran Presidente de la República, lo que sucedió el 10 de mayo de 1936. Su toma de posesión fue una exhibición de lujo comparable con las de la corona británica. Se habilitó el Palacio Real como residencia permanente; el Palacio de Riofrío para los fines de semana y Villa Piquío en Santander para los veraneos. Tristemente para él no pudo disfrutar de estas mansiones.
Los hechos que sucedieron durante el periodo de tiempo en que fue Presidente de la República han quedado relatados en el artículo anterior. Como ya quedó expuesto, la evolución de los acontecimientos militares provocó que el gobierno se trasladase a Valencia. Azaña, no obstante, haciendo gala de su cobardía enfermiza se fue a Barcelona y a los pocos días al Monasterio de Montserrat, donde permaneció hasta fin de año en que por fin se trasladó a Valencia. Durante estos dos meses parece ser que tuvo una de sus crisis depresivas. Hasta su exilio a Francia deambuló por distintas localidades. Visto el desarrollo de la guerra y la previsible derrota del bando republicano, comenzó una nueva etapa en la que buscó desesperadamente la ayuda extranjera para terminar con la guerra, sobre todo de Francia e Inglaterra, pero no tuvo éxito dado el descrédito que había acumulado el régimen republicano. Destituyó a Largo Caballero y nombró a Juan Negrín como jefe de gobierno en la confianza de éste que podría alcanzar algún pacto con los sublevados, sin darse cuenta de que Negrín era el hombre de Stalin para dirigir su proyecto. Entre abril y mayo de 1937 escribió su obra más famosa titulada: “La velada de Benicarló” en la que, una vez más, hizo un nuevo ejercicio de hipocresía al manifestar su amor a la libertad y a España. Relató con detalle los crímenes de las milicias del Frente Popular, la confusión y el caos que reinaba en la zona republicana y el incalificable comportamiento de Companys. Intentó buscar culpables de la situación entre sus distintos colaboradores, pero en ningún momento se paró a pensar que él era la máxima autoridad de la República y que, cuando tenía que haber puesto orden en su zona, se dedicó a mirar para otro lado, a hundir a sus adversarios políticos y a disfrutar de las barbaridades y atropellos que se cometían en nombre de la República.
Durante el año 1938 siguió en esta nueva línea pacifista bajo el lema de “Paz, piedad y perdón”, alegando el peligro que corría España si no se detenía la guerra.
Entretanto había entregado un millón de francos franceses a su cuñado Cipriano Rivas para que le preparase el exilio en Francia.
En febrero de 1939 pasó a Francia y a pesar de las presiones se negó a volver a su “querida” España bajo el pretexto de que había que conservar las instituciones que el pueblo había elegido para, en su día, retornar a un régimen de libertades.
El 27 de febrero de 1939 remitió una carta a Diego Martínez Barrio, Presidente de las Cortes en la que dimitía de su cargo ante la esterilidad de sus esfuerzos para obtener un acuerdo de paz y la carencia de órganos de consejo y de acción, indispensables para la función presidencial. Una vez más, salía a relucir el cinismo de D. Manuel que a lo largo de su trayectoria política jamás había contado con nadie, considerándose como Luís XIV que decía: “El Estado soy yo”.
El resto del año 1939 se dedicó a sus aficiones literarias escribiendo novelas y ensayos en los que volvía a criticar acerbamente lo sucedido en la zona republicana, olvidándose en todo momento que él había sido el máximo responsable.
Las discrepancias con Negrin habían sido permanentes, dados los diferentes planteamientos de ambos en relación con el final de la guerra y el apoyo de las potencias extranjeras. Su preocupación postrera por la situación de los refugiados choca abiertamente con su actuación como responsable político en la que despreció a las masas, y así lo expresó públicamente y lo dejó plasmado en sus escritos. Sirva como ejemplo la frase que figura en su diario: “Vivo solo para mí. Amo mucho las cosas y cas¡ nada a los prójimos”.
El final de su existencia fue bastante triste como ya se ha expuesto anteriormente y su delicado estado de salud le impidió viajar a México donde le habían ofrecido asilo político como al resto de políticos republicanos.
En el expediente que se le abrió en España de depuración de responsabilidades políticas fue calificado de: enemigo del ejército, de la religión y de la patria, pervertido sexual, masón y marxista. No andaba muy descaminado el juez instructor.
FRANCISCO LARGO CABALLERO
Este personaje es la antítesis del anterior en lo que se refiere a la claridad y honestidad de su posicionamiento. Desde el primer momento de su andadura política mantuvo y defendió una postura revolucionaria, y así lo expresó en sus apariciones públicas. En ningún instante engañó a nadie, ni cambió el rumbo de su trayectoria, más bien al contrario se fue afianzando en sus planteamientos y radicalizando su mensaje. Siempre se definió como totalitario y consideraba que la democracia era un medio para conseguir sus fines. Esta forma clara y decidida de defender sus ideas, no sometiéndose a imposiciones externas, le costó la salida del gobierno y el abandono de sus compañeros al final de su existencia.
Aunque políticamente me encuentro muy distanciado de Largo Caballero, creo que debería ser un ejemplo de honestidad para toda la clase política tan habituada a otros comportamientos más obscenos.
Nacido en Madrid, en el seno de una familia humilde, le tocó trabajar desde muy joven, por lo que puede ser considerado como un autodidacta. Con veinte años se afilió a la UGT y posteriormente al PSOE, siendo uno de los colaboradores más directos de Pablo Iglesias. Participó en todos los movimientos revolucionarios de la época y por ello fue encarcelado en varias ocasiones. En 1918 fue elegido secretario general de la UGT. En la dictadura de Primo de Rivera fue nombrado Consejero de Estado colaborando con el régimen. Formó parte del 1er gobierno de la República, como Ministro de Trabajo. Elegido presidente del PSOE se enfrentó en numerosas ocasiones al sector moderado del partido en el que se encontraban Besteiro y Prieto como figuras destacadas. Esta postura radical y revolucionaria le valió el apelativo de “Lenin español”.
La pérdida de las elecciones del año 1933 le hizo pasar a la oposición donde radicalizó más su postura política alejándose, definitivamente, de las posiciones dialogantes o posibilistas.
En febrero de 1934 se puso al frente del Comité Nacional Revolucionario, constituido para atentar contra la legalidad republicana. Sus actuaciones culminaron con la Revolución de Asturias de octubre de 1934 que había preparado y dirigido. Al fracasar esta sublevación fue encarcelado, juzgado y condenado a 30 años de prisión pero como sucede con todos los políticos, salió pronto en libertad.
En septiembre de 1936 fue encargado de formar gobierno reservándose la cartera de la Guerra. Permaneció en este puesto hasta marzo de 1937 en que fue cesado por Azaña al no obedecer las órdenes de Stalin para ilegalizar el POUM. Ello supuso el declive de su carrera política.
En octubre de 1937 fue expulsado de la UGT acusado de no abonar las cuotas. Apartado de la política abandonó España a principios de 1939 instalándose en Francia donde fue capturado por los alemanes que le internaron en un campo de concentración en el que permaneció hasta 1945.
Abandonado por sus compañeros y sin dinero no pudo trasladarse a México, falleciendo en un hospital de París el 23 de marzo de 1946, víctima de un coma diabético después de haberle sido amputada una pierna. Estaba solo y con las alforjas vacías a diferencia de otros “camaradas”.
Madariaga dijo de él: “Te humillaron no los burgueses, sino los socialistas amigos de los comunistas y de Moscú a quien no quisiste obedecer”.
Para que quede clara su ideología sin tener que recurrir a la interpretación de historiadores voy a transcribir literalmente algunas de sus manifestaciones públicas que creo hablan por sí solas de su posicionamiento.
“Si los socialistas somos derrotados en las urnas iremos a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos”. (Murcia 1932).
“Quiero decirles a las derechas que si triunfan tendremos que ir a la guerra civil declarada”. (Alicante 1936).
“La democracia es incompatible con el socialismo. La transformación de un país no puede hacerse echando papeletas en las urnas”. (Madrid 1936).
“Sépanlo bien nuestros amigos y enemigos. La clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista del poder de la manera que pueda”. (Congreso de los Diputados).
“Hay que apoderarse del poder político, pero la revolución se hace violentamente: luchando y no con discursos”. (Congreso de los Diputados).
“Vamos a la revolución social, mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad y en tal caso, camaradas, habrá que obtenerlo por la violencia”. (Congreso de los Diputados).
“El partido socialista no es un partido reformista. Cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, se rompe sin ningún reparo ni escrúpulo”. (Congreso de los Diputados).
Considero que estos ejemplos son más que suficientes para conocer su pensamiento.
Durante su permanencia como jefe de gobierno desde septiembre de 1936 a marzo de 1937 fue el responsable directo o indirecto de unos hechos muy graves que ensombrecen su trayectoria personal.
La primera medida que se adoptó nada más llegar al gobierno fue la aprobación de un decreto que permitía, en caso de emergencia, el traslado de las reservas de oro del Banco de España. Parece ser que la ejecución inmediata de esta disposición por parte de Juan Negrín se hizo con nocturnidad y alevosía sin su conocimiento, y así lo ha dejado escrito en sus Recuerdos. Personalmente, me inclino por su versión, teniendo en cuenta su sinceridad y el trato que, posteriormente, recibió de la Unión Soviética.
Otro de los puntos negros de su gestión fue la creación de las checas a imagen y semejanza de las existentes en la Unión Soviética. En este caso fue el responsable máximo de los crímenes que tuvieron lugar en estos siniestros lugares. Sólo en Madrid, en el periodo septiembre-diciembre fueron asesinadas más de 12.000 personas.
Hay tres casos emblemáticos que definen cómo se actuaba y se hacía desaparecer a los enemigos políticos de Largo Caballero.
Ángel Aldecoa era un magistrado que había juzgado un asunto relacionado con Largo Caballero. Como la sentencia no le había gustado al dictador acabó fusilado.
Marcelino Valentín Gamazo, Fiscal General de la República, había acusado a Largo Caballero de ser el responsable de la Revolución de Asturias y por tanto había pedido para él 30 años de prisión. Fue apresado con sus tres hijos y todos aparecieron muertos en Tévar (Cuenca).
Gumersindo de la Gándara, Capitán de la Guardia de Asalto, había mandado la tropa en los sucesos de Casas Viejas. Declaró en el juicio que había recibido la orden de Azaña de disparar a la barriga. Igualmente fue fusilado a pesar de su lealtad a la República.
En marzo de 1937, Stalin cursó la orden de aniquilar todas las organizaciones troskistas que existían en Europa, entre las que se encontraba el POUM. Largo Caballero se opuso a la ilegalización de este partido lo que le costó la jefatura del gobierno, siendo destituido por Azaña que nombró a Juan Negrín que siguió, al pie de la letra, las instrucciones soviéticas.
A partir de este momento se inició el declive político de Largo Caballero que no volvió a ejercer puestos de responsabilidad.
Como en el caso de Azaña considero que su actuación política, en general, fue muy perjudicial para el régimen republicano, aunque en su favor haya que decir que intentó profesionalizar el ejército, rodeándose de generales expertos, y defendió la independencia de España.
JUAN NEGRÍN LÓPEZ
Este individuo podría calificarse como el gran estafador y el mayor corrupto de la etapa que estamos describiendo, y así lo definió Francisco Olaya Morales en su libro “La Gran Estafa”. Robó al Estado, robó al pueblo, mató al Estado, mató al pueblo que servía a ese Estado. Mientras miles de millones de pesetas robados yacían en bancos suizos o americanos, como luego veremos, cientos de miles de españoles casi morían de hambre en los campos de concentración franceses. Vivió como un rajá a costa del erario público, no rindió cuentas a nadie del dinero de todos los españoles.
Debido a su servilismo a Stalin durante su etapa de gobierno, ha gozado de una buena imagen, defendida por historiadores filocomunistas que para mí, y por lo que se relata a continuación, es insostenible, pero al Sr. Rodríguez Zapatero debe parecerle la referencia a seguir y le ha rehabilitado como socialista.
Nacido en 1892 en Las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia católica acomodada. Estudió medicina en Alemania especializándose en Fisiología, adquiriendo cierta notoriedad. Se casó con María Mijailova perteneciente a una rica familia rusa. Tuvo tres hijos y se unió sentimentalmente con Feliciana López, asistente suya. Ya en Madrid, fue discípulo de Ramón y Cajal y maestro de Severo Ochoa y Grande Covián, entre otros. Obtuvo la catedra de Fisiología de la Universidad Central de Madrid.
Después de una brillante trayectoria científica, en 1929 se afilia al PSOE y entra de lleno en la política. Obtiene acta de diputado y comienza una andadura que culmina en el año 1937 cuando es nombrado Presidente del Gobierno, cargo que mantiene hasta el año 1945 en el que es invitado a dimitir. Al año siguiente es expulsado del PSOE por sus propios compañeros. Después de un deambular por México y Londres se traslada a vivir a París, donde fallece el año 1956.
Para definir su personalidad y dando por hecho que era una persona inteligente como lo demostró en la primera etapa de su vida, podemos decir que era bulímico, pues su obsesión por comer le hacía tomar aspirinas en abundancia para devolver y seguir comiendo. También eran sonadas sus frecuentes escapadas a París acompañado de señoritas con cargo a los fondos públicos, según ha relatado Largo Caballero en sus Recuerdos porque le tenía que cubrir estas ausencias.
Sus compañeros se han expresado de la forma siguiente:
Diego Abad de Santillán (anarquista) afirmó:
“Si el gobierno Negrín hubiese tenido que responder de su gestión política, económica y financiera, habría tenido que terminar ante un pelotón de fusilamiento”.
Luís Arasquistain (socialista) dijo:
“Es el hombre de gobierno más funesto e irresponsable que España ha tenido desde hace siglos”
Largo Caballero (socialista) manifestó:
“¿Qué va a hacer España con hombres como Negrín, sin escrúpulos, sin conciencia, guiados por el rencor, el odio, el espíritu de venganza, osado y sin ética?”
Jiménez de Asua (socialista) expuso:
“Cuando los refugiados sufren más de lo que sufrieron en España; cuando perecen de hambre y frío; cuando no tienen posibilidades de mantener a los suyos, el Sr. Negrín rodeado de un séquito de 40 personas emprende un viaje a México en el yate de lujo Normandie, en clase de lujo, con los fondos públicos que fueron robados a esos desgraciados que defendieron al Gobierno con el sacrificio de sus vidas”.
Manuel Azaña (republicano) dijo:
“No ha servido Ud. para ganar la guerra ni para perderla. En cuanto a su humanidad la pongo en duda”.
Su verdadera acción política comienza en el mes de septiembre de 1936 en el que es nombrado Ministro de Hacienda en el gobierno de Largo Caballero. Nada más llegar al cargo prepara la entrega de las reservas de oro del Banco de España a Stalin. Operación que lleva a cabo de forma totalmente ilegal, pues el Banco de España no era banco público y no se podía disponer de sus reservas. Lo hizo amparado en un decreto que le autorizaba a trasladar estas reservas si las condiciones bélicas lo aconsejaban, que no era el caso.
En marzo de 1937 y ante las presiones de Stalin, Azaña cesa a Largo Caballero como Presidente de Gobierno y nombra a Negrín que sí acepta acatar las órdenes del dictador.
La llegada de Negrín a la jefatura del Gobierno rodeado de incondicionales y nulidades políticas supone el principio de una época de poder personal a las órdenes de Stalin. Anuló todos los órganos constitucionales, degradó la vida pública y envileció las relaciones políticas. Acaparó el comercio exterior e interior a través de la sociedad Campsa-Gentibus que había creado para su beneficio personal.
Permitió que agentes soviéticos secuestrasen, torturasen y asesinasen a Andrés Nin, máximo dirigente del POUM, que era lo exigido por Stalin. Para mayor escarnio, divulgó y defendió ante los medios de comunicación que habían sido los agentes de la Gestapo los que habían llevado a cabo este crimen. Igualmente intentó que el resto de los líderes del POUM fuesen juzgados y condenados.
La firma del Pacto de Munich entre las potencias europeas, en el año 1938, supone que España deja de ser objetivo prioritario para la Unión Soviética que está más interesada en llegar a un acuerdo con Alemania, por lo que Negrín se ve abandonado a su suerte. Las derrotas militares se suceden una tras otra y comienza una desbandada republicana así como el intento de llegar a un acuerdo con los sublevados que evidentemente no aceptan.
A partir de ese momento y a pesar de que incita al pueblo a continuar la guerra, Negrín se dedica a preparar su exilio dorado. Abre cuentas bancarias en el extranjero con fondos del Estado a nombre de sus amigos. Sirvan como ejemplo las siguientes, en pesetas del año 1939:
Francisco Méndez Aspe……………………… 480 millones
Julio López Masegosa………………………….193 “
Juan Negrín (hijo)……………………………….370 “
Juan Simeón Vidarte…………………………..100 “
Rafael Méndez Aspe..………………………….398 “
Igualmente mandó cargar todas las joyas y bienes de valor, incautados en los registros y saqueos de los domicilios particulares, edificios públicos e instituciones católicas, valorados en más de 300 millones de dólares, en el yate Vita para su traslado a México. Cuando el buque llegó a Veracruz fue apresado por el ejército y confiscadas sus mercancías debido a una gestión de Indalecio Prieto ante el gobierno mexicano. Negrín se justificó alegando que era para la ayuda a los refugiados españoles. Después de un largo proceso jurídico, el dinero se fue diluyendo y sirvió para financiar los gastos de los políticos exilados y de sus fantasmagóricas instituciones pero nunca llegó al pueblo necesitado.
Sirva como resumen de esta situación la Declaración del Consejo de Defensa Nacional cuando decidió tomar el poder en marzo de 1939. Creo que habla por sí sola de la realidad:
«Trabajadores españoles! ¡Pueblo antifascista! Ha llegado el momento en que es necesario proclamar a los cuatro vientos la verdad escueta de la situación en que nos encontramos. Como revolucionarios, como proletarios, como españoles y como antifascistas no podemos continuar por más tiempo aceptando pasivamente la improvisación, la carencia de orientaciones, la falta de organización y la absurda inactividad de que da muestras el Gobierno del doctor Negrín. Han pasado muchas semanas desde que se liquidó, con una deserción general, la guerra de Cataluña. Todas las promesas que se hicieron al pueblo en los más solemnes momentos fueron olvidadas; todos los deberes, desconocidos; todos los compromisos, deliberadamente pisoteados. En tanto que el pueblo en armas sacrificaba en el área sangrienta de las batallas unos cuantos millares de sus mejores hijos, los hombres que se habían constituido en cabezas visibles de la resistencia abandonaron sus puestos. No puede tolerarse que en tanto se exige al pueblo una resistencia organizada, se hagan los preparativos de una cómoda y lucrativa fuga. No puede permitirse que, en tanto que el pueblo lucha, combate y muere, unos cuantos privilegiados preparen su vida en el extranjero. El Gobierno de Negrín carece de toda base legal en la cual apoyar su mandato.»
Creo que esta breve semblanza de estos tres nefastos personajes para la 2ª Republica puede facilitar al lector un mejor conocimiento de una realidad que muchos historiadores han intentado ocultar o manipular, pues no consideran procedente reconocer que el régimen fracasó por el comportamiento irresponsable y sectario de sus máximos dirigentes.
Madrid, 10 de mayo de 2011
sábado, 16 de abril de 2011
La 2ª República Española (3ª Parte)
Autor: Geromín
INTRODUCCIÓN
Dentro del planteamiento general que expuse en el primer artículo de esta serie, el tercer periodo de la existencia de la 2ª República comprende desde julio de 1936 hasta abril de 1939 que es el tiempo en el que tiene lugar la guerra civil. Se trata de uno de los episodios más interesantes y controvertidos de la historia universal contemporánea que ha dado lugar a una inmensa bibliografía.
Personalmente estoy convencido de que por tratarse de una guerra tan cercana, polémica y politizada, cada lector tendrá formadas sus propias ideas e interpretaciones al respecto, pero también creo que, en la mayoría de los casos, están deformadas por la propaganda que machaconamente ha intentado camuflar una dura y triste realidad, presentándola a los ciudadanos como una lucha heroica del pueblo frente al fascismo. A lo largo de este artículo se podrá comprobar, sin duda alguna, que la evolución de los acontecimientos no fue tan simple ya que estuvieron en juego otros intereses ajenos al pueblo e incluso a España.
A fin de ser lo más objetivo posible, aunque ello no sea tarea fácil, al relatar los acontecimientos me basaré en hechos contrastados y en las propias declaraciones o escritos de los protagonistas que en muchos casos hablan por sí solos.
No me voy a detener en los sucesos bélicos de la contienda que desviarían la finalidad de estas líneas y darían lugar a un extenso tratado. Solamente me centraré en las actuaciones políticas del gobierno de la República y en aclarar algunos hechos puntuales a la vista de la información de que se dispone en la actualidad.
LEVANTAMIENTO MILITAR
Como ya indiqué en el artículo anterior, el Gobierno conocía la existencia de contactos entre militares para poner fin al descontrol generalizado que vivía el país con la llegada al poder del Frente Popular. Su impresión era que se trataba de movimientos sin importancia que llegado el caso controlarían sin apenas dificultad, como había sucedido en el año 1932 con el intento del general Sanjurjo.
El asesinato de José Calvo Sotelo, alentado por miembros del propio Gobierno y del que se jactó públicamente Ángel Galarza, futuro Ministro de Gobernación, fue el detonante para que se incorporasen al movimiento militar algunos generales que hasta ese momento habían permanecido indecisos, como fue el caso del propio Franco.
Cuando en la tarde del 17 de julio se produce el levantamiento del ejército de África, seguido por el general Mola en la zona norte de España, el gobierno no le concede mucha importancia y no inicia actuaciones rápidas y eficaces para su control. Al día siguiente, y ante las presiones de los sindicatos y de los partidos políticos para que se entreguen armas al pueblo, Casares Quiroga se ve obligado a dimitir y Azaña encarga a Diego Martínez Barrio la formación de un nuevo gobierno que será el más corto de la historia pues apenas duró unas horas. Seguidamente, es José Giral el encargado de formar un gobierno que pudiese controlar una situación que se les iba de las manos por momentos. El propio Giral contribuyó al caos entregando armas a las milicias populares y sindicales.
El alzamiento militar, como tal golpe, fracasó pues no logró imponerse en toda España. Un golpe militar para que triunfe ha de ser de efecto inmediato, como sucedió posteriormente en Grecia o en Chile. En este caso, el gobierno de la República se quedó con el control de las zonas industriales; de las grandes ciudades, excepto Sevilla; de las minas y, fundamentalmente, las reservas del oro del Banco de España. Igualmente, gran parte del Ejército, la práctica totalidad de la Escuadra y de la Aviación permanecieron fieles a la República, con lo que “a priori” podía vaticinarse un triunfo rápido de las fuerzas republicanas.
Pero inmediatamente, el gobierno empezó su andadura errática. Una de las primeras medidas que, incomprensiblemente, había adoptado fue la liberación de los presos comunes que rápidamente se apuntaron a las milicias ciudadanas para dar rienda suelta a sus instintos criminales. En estas milicias hubo personajes siniestros como Agapito García Atadell que se designó Jefe de la Brigada de la Policía, y después de múltiples saqueos y asesinatos intentó fugarse a América con el botín de sus robos, pero fue denunciado por sus propios compañeros y apresado por las fuerzas de Franco en Las Palmas. Posteriormente fue juzgado y dada la brutalidad de sus asesinatos muerto a garrote vil en Sevilla donde, por cierto, murió confesado, comulgado y gritando “Viva Cristo Rey”. Otro individuo indeseable fue Felipe Emilio Sandoval, “Doctor Muñiz”, perteneciente a la brigada socialista “La Motorizada”, una de las más temidas por su ferocidad y responsable de la checa de Fomento. También participó activamente en las atrocidades antes mencionadas.
En Madrid se instaló el marxismo revolucionario y las milicias de los sindicatos, de los anarquistas, de los comunistas y de los socialistas radicales empezaron con los registros, detenciones, saqueos, asesinatos, etc.; es decir, una orgía indiscriminada de odio y sangre.
Ello dio lugar a un éxodo masivo de funcionarios, profesionales liberales, diplomáticos e intelectuales de izquierdas que abandonaron España por temor a ser víctimas de sus propios correligionarios.
Para definir crudamente esta situación voy a basarme en las manifestaciones de personajes nada sospechosos de defender las ideas fascistas.
El historiador comunista Tuñón de Lara escribe:
“En Madrid la represión popular fue degenerando. Surgieron las patrullas de control que se tomaban la justicia real por sus manos, asaltando casas, quemando, asesinando, desvalijando, etc. Se cometieron crímenes, se mató sin juicio, en descampados, en las cunetas de las carreteras… Era la explosión de una guerra de clases que impulsó a matar a muchos solamente por la posición social que tenían”.
El comandante Tagüeña, también comunista dice:
“La situación real que podía observarse el que mirase a la calle es que había terminado la 2ª República. Cada grupo tenía sus objetivos, sus programas, sus fines diferentes, sus unidades de milicias, sus policías y hasta sus finanzas. En cuanto a los republicanos habían sido barridos por los acontecimientos y muy poco iban a significar en el transcurso de la guerra”.
Ortega y Gasset denunció:
“En Madrid, los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores e intelectuales a firmar manifiestos y hablar por la radio en favor de la República”.
Todo ello ante la pasividad de un gobierno que no quería o no sabía tomar medidas para poner remedio a este caos, o en otros casos, como el de la Cárcel Modelo de Madrid, siendo cómplice de los 60 asesinatos que allí se cometieron. Entre las víctimas figuran personajes como: Melquíades Álvarez, Rico Avelló, Martínez de Velasco o Salazar Alonso que habían sido Ministros de la República.
Fue tal la magnitud del escándalo y las protestas diplomáticas que Manuel Azaña se vio obligado a cesar a José Giral y nombrar jefe del gobierno, en el mes de septiembre, a Francisco Largo Caballero que ya había puesto de manifiesto su “talante democrático”, dirigiendo la Revolución de Asturias contra la República. En mi opinión, este nombramiento no solucionó los problemas sino que los empeoró, pues, aparte de su conocida aversión al ejército regular lo que provocó más desunión y desmoralización en sus filas, fomentó la revolución marxista e incorporó a su gobierno, como Ministro de Hacienda, a Juan Negrín, otro personaje tenebroso y responsable del hundimiento de la República. La primera medida que tomó Negrín fue presentar un decreto para que le autorizaran a trasladar las reservas del Banco de España a lugar seguro si las circunstancias lo exigían. Este decreto fue aprobado por el gobierno y, con desconocimiento de sus miembros según ellos mismos han declarado posteriormente, fue puesto en marcha al día siguiente en que comenzó el embalaje en cajas de madera de todo el oro del Banco de España que salió hacia Cartagena y a continuación para Odesa en la Unión Soviética, según describo con más detalle en otro artículo titulado: “El Saqueo del Banco de España”. Ese hecho empobreció a la Republica, pues la peseta perdió su valor y no era aceptada en la compra de material bélico.
A partir de este gobierno, cada cargo importante del mismo, sobre todo en el área militar, tenía un “asesor” soviético que era el que realmente daba las órdenes. Así, Largo Caballero y los generales Miaja y Pozas gozaban de esta compañía. Lo mismo sucedía en todas las ramas del ejército. Esta circunstancia confirma el control que la Unión Soviética ejercía sobre el gobierno republicano para continuar con su proceso revolucionario.
Dentro de esa línea de ataque al ejército profesional merece ser destacada la actuación de Eleuterio Díaz Tendero, socialista y cofundador de la UMRA que clasificó a los militares republicanos en tres categorías: leales, indiferentes y fascistas. Los últimos acabaron en la cuneta o en la cárcel y los segundos apartados de los puestos de mando. Con esta purga indiscriminada se calcula que más de 2.000 oficiales sufrieron la represión, lo que al final repercutió en el desarrollo de la guerra al privar al Ejército de mandos profesionales y sustituirlos por aficionados incondicionales a los partidos políticos, sobre todo el comunista.
Las imágenes de lo que estaba sucediendo en Madrid circularon por Europa e hicieron ver a los países europeos una realidad diferente de lo que les estaban contando. Ante ello decidieron constituir el denominado “Comité de No Intervención” que no fue respetado por algunas naciones pero que posibilitó a otras no tener que manifestarse a favor de la República de la que ya dudaban. La Unión Soviética y en menor medida Francia y México ayudaron al gobierno con armamento y el reclutamiento en las oficinas del partido comunista de distintas ciudades europeas de las llamadas “Brigadas Internacionales” que fueron recibidas con gran alborozo pero que no aportaron nada positivo en el desarrollo de los acontecimientos militares.
Mientras el principal problema del gobierno seguía siendo el mantenimiento del orden en su zona ante la creciente aparición de milicias ciudadanas que no obedecían a nadie. El testimonio del comandante Menéndez del ejército republicano es muy esclarecedor. Dice:
“La moral de las milicias es pésima. En ellas hay dos grupos, uno llamado Pancho Villa que no obedece a nada ni a nadie y lo que dice es que lo mejor es matar oficiales. Hay otro grupo de gente que obedecen pero en cambo huyen con gran facilidad”.
En el mismo sentido se expresó Zugazagoitia, que llegó a ser Ministro en el primer gobierno de Negrín, al decir:
”El problema de la Escuadra tenía una importancia gravísima. Los anarquistas temían perder su control y culpaban a Prieto de estar a las órdenes de Moscú. La guerra en el mar fue una cadena de fracasos para la República. No había oficialidad pues la había asesinado la marinería y los que habían sobrevivido dependían de unos comités nombrados por la marinería que hacían y deshacían a su antojo”.
Mientras esto sucedía en la zona republicana, en el bando franquista pasaba lo contrario. Se unificaba el mando y las victorias militares puntuales les iban proporcionando moral para seguir en su empeño. Países como Alemania, Italia y Portugal empezaron a ayudar a Franco con medios materiales y humanos.
Estos éxitos militares y sobre todo la toma del Alcazar de Toledo provocaron el pánico en el gobierno que decidió, en noviembre de 1936, trasladarse a Valencia dejando Madrid en manos de una Junta de Defensa presidida por el general Miaja, y en la que se encontraba Santiago Carrillo como máximo responsable de Orden Público.
Al día siguiente se constituyó en Madrid el Comité Provincial de Investigación Pública encargado de las tareas de represión y coordinación de las checas, que comenzó a poner en práctica las siniestras sacas nocturnas que acabaron con la vida de 4.500 personas, enterradas en fosas comunes de Torrejón y Paracuellos, siguiendo las mismas pautas que posteriormente empleó la Unión Soviética en Katyn donde asesinó a más de 20.000 ciudadanos polacos mediante el tiro en la nuca. Durante muchos años, la Unión Soviética intentó culpar a las tropas alemanas de ese brutal crimen y así lo creyeron y defendieron los “papanatas” de siempre. Finalmente en noviembre de 2010, el Parlamento ruso ha asumido que fue Stalin el que dio la orden y sus tropas las que la ejecutaron.
Los asesinatos de Paracuellos, entre los que estaban escritores tan famosos como Pedro Muñoz Seca y Ramiro de Maeztu, así como muchos oficiales del Ejército, clérigos y personas anónimas, cuyo único delito era haber sido denunciados por el portero de su vivienda, provocaron una fuerte reacción diplomática, en especial del embajador de Noruega, cuyo cónsul Félix Schlayer descubrió las fosas comunes y elaboró un detallado Informe sobre los hechos que entregó al general Miaja y al Foreign Office inglés lo que provocó un impacto tremendo en los países europeos. Esta circunstancia agudizó aún más el descrédito de la República que, poco a poco y merced a sus propios errores, se fue quedando sin apoyos ni reconocimientos internacionales.
En poco más de seis meses, el gobierno republicano había dilapidado su supremacía militar y, lo que es más importante, su credibilidad internacional. A partir de entonces fue una lenta agonía que según algunos historiadores pudo haberse acortado si Franco hubiese decidido atacar Madrid con todas sus tropas, pero hay quien opina también, que prefirió sentar las bases sólidas de lo que iba a ser el nuevo Estado sin entrar en la aventura de Madrid que era bastante problemática y encima tenía que alimentar a toda su población. El tiempo dio la razón a este planteamiento. Los éxitos militares se iban sucediendo inexorablemente del lado franquista. La toma de la franja litoral del norte (Bilbao, Santander, Gijón, Oviedo, etc.), la partición en dos de la zona republicana con la llegada al Mar Mediterráneo de sus tropas y, finalmente, la Batalla del Ebro, decantaron definitivamente el conflicto a favor de las tropas de Franco.
Mientras tanto Azaña había entregado el Gobierno de la República, en mayo de 1937, a Juan Negrín, que era la persona elegida por la Unión Soviética para este cargo. Este personaje había pactado con Stalin la desaparición del sistema parlamentario y su sustitución por una dictadura comunista de partido único. Igualmente, favoreció la toma del Ejército por militares próximos al partido comunista. También tenía las instrucciones de aguantar la guerra hasta donde fuese posible a la espera de que se produjese la agresión de Alemania a otros países europeos lo que desembocaría en un conflicto internacional.
Entretanto, el caos seguía imperando en la zona republicana, en especial en Cataluña, donde no existía ninguna autoridad que pudiese dictar órdenes.
El propio Azaña escribió:
“Hay que escribir un libro con el espectáculo que ofrece Cataluña en plena disolución. Allí no queda nada: gobierno, partidos, fuerzas armadas, servicios públicos, nada existe. Nadie está obligado a nada. Histeria revolucionaria que pasa de las palabras a los hechos para asesinar y robar; ineptitud de los gobernantes, inmoralidad, cobardía y pistoletazos de una sindical contra otra, engreimiento de los advenedizos, insolvencia de los separatistas, deslealtad, explotación de la guerra para enriquecerse, negativa a la organización de un Ejército, gobiernos independientes en cada población (Puigcerdá, La Seo, Lérida, Hospitalet, Port de la Selva, etc.)”.
“En Valencia todos los pueblos armados montaban grandes guardias, entorpecían el tránsito, consumían paellas, pero los hombres con fusil no iban al frente que estaba a menos de quinientos kilómetros”.
Salvador de Madariaga apostilla:
“La zona de la República era una turba de mal avenidos. La verdadera causa de la derrota de la revolución fue la propia revolución”.
La propia Clara Campoamor, diputada en las Cortes Republicanas, defensora del sufragio universal y de la Ley del Divorcio que estaba en Madrid, viendo la situación se exilió a Suiza desde donde escribió:
“Solamente en la Casa de Campo me encontraba cada mañana al menos 70 cadáveres. Un día el gobierno me reconoció que eran 100 muertos los que hallaban de promedio todos los días. Esa no era la República por la que había luchado”.
Yo creo que no se puede expresar mejor, por personas afectas a la República, la dramática situación de la zona republicana y la ineptitud de un gobierno para asumir sus responsabilidades, salvo que estuviese de acuerdo con el rumbo que iban tomando los acontecimientos.
A la vista de esta situación es comprensible que la toma de Barcelona y de Cataluña por las tropas de Franco fuese un paseo militar en el que no se encontraron ni un franco tirador ni resistencia alguna: es más, fueron recibidos por el pueblo con gran alegría como expresión del final de una terrible pesadilla.
Más de 250.000 ciudadanos cruzaron la frontera temerosos de las represalias y engañados por el gobierno. Su vida en territorio francés fue penosa, hacinados en campos de concentración, vigilados por soldados africanos venidos expresamente para esta misión y desamparados por el gobierno de la República.
Ante la situación insostenible que se vivía en Madrid pues el gobierno de la Republica y las Cortes deambulaban de un lugar a otro, reuniéndose en Valencia, Montserrat, Figueras, etc. y a fin de evitar una masacre ante la llegada inminente de las tropas de Franco, el coronel Segismundo Casado, el 5 de marzo de 1939, dio un golpe de estado contra el gobierno de la República y proclamó el Consejo Nacional de Defensa, previa lucha feroz con los miembros del partido comunista que ocasionó varios muertos. Este Consejo pactó con Franco la entrega pacífica de Madrid y como contrapartida obtuvo los salvoconductos para abandonar España, beneficio al que no se acogió Julián Besteiro que decidió quedarse para hacer la entrega oficial de la ciudad, en una actitud que le honra, aunque ello le costó la cárcel donde falleció al poco tiempo.
La entrada en Madrid de las tropas de Franco fue parecida a lo que había sucedido en Barcelona. Una explosión de alegría popular al verse libres los ciudadanos de las tropelías y penurias que habían sufrido durante los últimos tres años.
ACONTECIMIENTOS PUNTUALES
Antes de finalizar este artículo y exponer mis conclusiones me gustaría desmontar algunos mitos creados en torno a la guerra civil. Uno de ellos fue el célebre bombardeo de Guernica. Durante muchos años hemos asistido a la presentación de este hecho bélico como la masacre de un pueblo inocente llevada a cabo por las tropas franquistas. Pues bien, con el paso de los años y de las investigaciones realizadas por las propias asociaciones vascas se ha podido clarificar y valorar, en su justa dimensión, este lamentable suceso. Lo voy a presentar de la forma más clara posible para que el lector pueda juzgar lo acontecido.
DATO ______________________VERSIÓN OFICIAL______________________ REALIDAD
Habitantes_______________________ 10.000____________________________5.000
Mercado semanal____________ Multitud de campesinos________________Suspendido
Interés bélico____________________ Ninguno ________________3 fábricas de armas
Muertos___________________________ 4.000______________________________126
Destrucción ciudad_________________ 100 % ___________________________17 %
Destrucción posterior_____________------- ___________________________70 % *
Casa de Juntas y Árbol___________Destruidos_________________________Intactos
Duración bombardeo_______________15 horas__________________________3 horas **
Ametrallamiento civiles_____________Sí________________________________No ***
Cuadro “Guernica” __________Pintado como homenaje ________Empezado para otro fin
* Se debió a una actitud negligente de los bomberos de Bilbao que llegaron muy tarde y abandonaron la ciudad sin haber apagado los incendios.
** La autonomía de esos aviones sólo les permitía 3 horas de vuelo.
*** La distribución y estrechez de las calles impedía a los aviones descender para poder ametrallar a los civiles.
Más perverso fue el bombardeo de Cabra llevado a cabo por la aviación republicana y que fue sido silenciado por todos los medios y negado durante un tiempo por el gobierno. Cabra era una población sin interés militar alguno, sin tropas y alejada del frente de batalla. Fue bombardeada y destruida el 7 de noviembre de 1938 y, como consecuencia de esta agresión injustificada, hubo 108 muertos y más de 200 heridos. Eso sí, como afirma Arcadi Espada:
“Pero no eran vascos, no tenían un Picasso que pintase sus gritos, ni sus lágrimas conmovieron a nadie. Hoy que se pretende reescribir el pasado y volver a dibujar las fronteras de buenos y malos, nadie se acordará de esta masacre y siempre nos quedará Guernica. Definitivamente, el bando franquista ganó una guerra, pero perdió la propaganda”.
Otro triste suceso ocurrido durante la contienda y que también se ha manipulado para tratar de ocultar los asesinatos de Paracuellos fueron los fusilamientos de Badajoz. La versión oficial explicaba que tomada la ciudad por las tropas franquistas, se encerró en la plaza de toros a todos los prisioneros y posteriormente se les fusiló indiscriminadamente, llegando a 4.000 el número de víctimas de esta masacre. Pues bien, al igual que en el caso anterior y después de estudios serios se ha podido cuantificar que el número de muertos ascendió a 400 y el método empleado para descubrir a los milicianos fue el de desnudarlos de cintura para arriba y todos aquellos que presentaban hematomas en las articulaciones de los hombros debido al uso de los fusiles permanecieron encerrados y posteriormente fueron fusilados. El resto quedó en libertad. Curiosamente, uno de los liberados fue el padre de Cristina Almeida que podía haber contado la verdad de lo acontecido, pero calló cobardemente para que prevaleciese la versión republicana.
En cuanto a la cifra de fallecidos también desearía aportar los datos que se conocen en la actualidad, fruto de laboriosas investigaciones de muchos historiadores.
Los muertos en combate se cifran en torno a los 100.000.
En las retaguardias se contabilizan los siguientes fallecidos:
Zona republicana 65.000, de los que 15.000 fueron en Madrid y de ellos 6.000 eran religiosos.
Zona franquista 70.000, de los que 45.000 fueron en época de guerra y 25.000 como consecuencia de la posterior represión.
Seguidamente, como en artículos anteriores expondré mis conclusiones personales de esta etapa que, por supuesto, son opinables y discutibles.
1ª.- El levantamiento militar fue el colofón inevitable de un proceso revolucionario iniciado al amparo y al margen del gobierno de la República por unas organizaciones obreras y políticas que perseguían otros objetivos totalmente diferentes.
2ª.- El golpe militar fracasó en su intención de controlar el país en pocos días, pues no consiguió sus fines. Las fuerzas armadas, en especial la Aviación, la Escuadra y gran parte del Ejército permanecieron fieles a la República. Igualmente, las fuentes de riqueza quedaron en la zona republicana.
3ª.- Los propios gobiernos de la República consintiendo la barbarie y el caos que se implantó en su zona fueron los únicos culpables de que los enfrentamientos militares se fueran decantando del bando contrario. Permitieron el asesinato, por parte de la marinería, de gran parte de la oficialidad de Marina e inició una “caza de brujas” entre los oficiales del Ejército dejándolo en manos del partido comunista, que era contrario a la República y seguía estrictamente las órdenes de Stalin.
4ª.- El comportamiento incalificable y sectario de sus principales protagonistas (Azaña, Largo Caballero y Negrín) contribuyó al fracaso del proyecto republicano, a pesar de que posteriormente han intentado eludir sus verdaderas responsabilidades a través de sus escritos y Memorias
5ª.- La actitud desleal con la República, que les había concedido Estatutos de Autonomía, de los nacionalistas vascos y catalanes también contribuyó a la derrota. Los primeros, pactaron con Franco la entrega de Bilbao para asegurar sus vidas y sus bienes económicos. Los segundos, aprobando declaraciones de independencia que en nada favorecían al gobierno central.
6ª.- El trascendental papel jugado por la Unión Soviética en el conflicto español contribuyó todavía más a desvirtuar y desacreditar el proyecto republicano al tratar de convertirlo en una dictadura del proletariado similar a la implantada en su país.
7ª.- La actitud pasiva de los distintos gobiernos de la República obligó a muchos de sus adeptos a emigrar para salvar sus vidas. En este sentido la frase de Azaña, que aunque un pésimo gobernante no era tonto, es muy clarificadora al respecto:
“Que triste va a ser la vida de los republicanos, ya que gane quien gane la guerra jamás podrán regresar a España para vivir tranquilos”.
Era consciente de que si la República hubiese ganado la guerra, en España se habría instalado una dictadura comunista.
8ª.- La época de la República, en especial el periodo aquí relatado, fue un verdadero drama para la inmensa mayoría de los españoles que se empobrecían y quedaron desamparados a merced de unos indeseables que practicaron todo tipo de barbaridades, ante la pasividad incomprensible del gobierno de turno.
9ª.- Como sucede siempre en estos casos, los responsables directos de la tragedia, salieron de España, unos con más dignidad que otros, con las maletas llenas y vivieron su exilio dorado manteniendo un “fantasmagórico” gobierno republicano que justificaba su penosa existencia. Otros vivieron a costa del presupuesto soviético en pago a sus servicios.
A la vista de lo relatado, considero que el partido socialista debería permanecer prudentemente callado y no intentar falsear una realidad que la tozudez de los hechos desmiente por sí solos, e incluso sus propios compañeros, protagonistas de la situación, denunciaron cuando terminó la tragedia.
Madrid, 14 de abril de 2011
INTRODUCCIÓN
Dentro del planteamiento general que expuse en el primer artículo de esta serie, el tercer periodo de la existencia de la 2ª República comprende desde julio de 1936 hasta abril de 1939 que es el tiempo en el que tiene lugar la guerra civil. Se trata de uno de los episodios más interesantes y controvertidos de la historia universal contemporánea que ha dado lugar a una inmensa bibliografía.
Personalmente estoy convencido de que por tratarse de una guerra tan cercana, polémica y politizada, cada lector tendrá formadas sus propias ideas e interpretaciones al respecto, pero también creo que, en la mayoría de los casos, están deformadas por la propaganda que machaconamente ha intentado camuflar una dura y triste realidad, presentándola a los ciudadanos como una lucha heroica del pueblo frente al fascismo. A lo largo de este artículo se podrá comprobar, sin duda alguna, que la evolución de los acontecimientos no fue tan simple ya que estuvieron en juego otros intereses ajenos al pueblo e incluso a España.
A fin de ser lo más objetivo posible, aunque ello no sea tarea fácil, al relatar los acontecimientos me basaré en hechos contrastados y en las propias declaraciones o escritos de los protagonistas que en muchos casos hablan por sí solos.
No me voy a detener en los sucesos bélicos de la contienda que desviarían la finalidad de estas líneas y darían lugar a un extenso tratado. Solamente me centraré en las actuaciones políticas del gobierno de la República y en aclarar algunos hechos puntuales a la vista de la información de que se dispone en la actualidad.
LEVANTAMIENTO MILITAR
Como ya indiqué en el artículo anterior, el Gobierno conocía la existencia de contactos entre militares para poner fin al descontrol generalizado que vivía el país con la llegada al poder del Frente Popular. Su impresión era que se trataba de movimientos sin importancia que llegado el caso controlarían sin apenas dificultad, como había sucedido en el año 1932 con el intento del general Sanjurjo.
El asesinato de José Calvo Sotelo, alentado por miembros del propio Gobierno y del que se jactó públicamente Ángel Galarza, futuro Ministro de Gobernación, fue el detonante para que se incorporasen al movimiento militar algunos generales que hasta ese momento habían permanecido indecisos, como fue el caso del propio Franco.
Cuando en la tarde del 17 de julio se produce el levantamiento del ejército de África, seguido por el general Mola en la zona norte de España, el gobierno no le concede mucha importancia y no inicia actuaciones rápidas y eficaces para su control. Al día siguiente, y ante las presiones de los sindicatos y de los partidos políticos para que se entreguen armas al pueblo, Casares Quiroga se ve obligado a dimitir y Azaña encarga a Diego Martínez Barrio la formación de un nuevo gobierno que será el más corto de la historia pues apenas duró unas horas. Seguidamente, es José Giral el encargado de formar un gobierno que pudiese controlar una situación que se les iba de las manos por momentos. El propio Giral contribuyó al caos entregando armas a las milicias populares y sindicales.
El alzamiento militar, como tal golpe, fracasó pues no logró imponerse en toda España. Un golpe militar para que triunfe ha de ser de efecto inmediato, como sucedió posteriormente en Grecia o en Chile. En este caso, el gobierno de la República se quedó con el control de las zonas industriales; de las grandes ciudades, excepto Sevilla; de las minas y, fundamentalmente, las reservas del oro del Banco de España. Igualmente, gran parte del Ejército, la práctica totalidad de la Escuadra y de la Aviación permanecieron fieles a la República, con lo que “a priori” podía vaticinarse un triunfo rápido de las fuerzas republicanas.
Pero inmediatamente, el gobierno empezó su andadura errática. Una de las primeras medidas que, incomprensiblemente, había adoptado fue la liberación de los presos comunes que rápidamente se apuntaron a las milicias ciudadanas para dar rienda suelta a sus instintos criminales. En estas milicias hubo personajes siniestros como Agapito García Atadell que se designó Jefe de la Brigada de la Policía, y después de múltiples saqueos y asesinatos intentó fugarse a América con el botín de sus robos, pero fue denunciado por sus propios compañeros y apresado por las fuerzas de Franco en Las Palmas. Posteriormente fue juzgado y dada la brutalidad de sus asesinatos muerto a garrote vil en Sevilla donde, por cierto, murió confesado, comulgado y gritando “Viva Cristo Rey”. Otro individuo indeseable fue Felipe Emilio Sandoval, “Doctor Muñiz”, perteneciente a la brigada socialista “La Motorizada”, una de las más temidas por su ferocidad y responsable de la checa de Fomento. También participó activamente en las atrocidades antes mencionadas.
En Madrid se instaló el marxismo revolucionario y las milicias de los sindicatos, de los anarquistas, de los comunistas y de los socialistas radicales empezaron con los registros, detenciones, saqueos, asesinatos, etc.; es decir, una orgía indiscriminada de odio y sangre.
Ello dio lugar a un éxodo masivo de funcionarios, profesionales liberales, diplomáticos e intelectuales de izquierdas que abandonaron España por temor a ser víctimas de sus propios correligionarios.
Para definir crudamente esta situación voy a basarme en las manifestaciones de personajes nada sospechosos de defender las ideas fascistas.
El historiador comunista Tuñón de Lara escribe:
“En Madrid la represión popular fue degenerando. Surgieron las patrullas de control que se tomaban la justicia real por sus manos, asaltando casas, quemando, asesinando, desvalijando, etc. Se cometieron crímenes, se mató sin juicio, en descampados, en las cunetas de las carreteras… Era la explosión de una guerra de clases que impulsó a matar a muchos solamente por la posición social que tenían”.
El comandante Tagüeña, también comunista dice:
“La situación real que podía observarse el que mirase a la calle es que había terminado la 2ª República. Cada grupo tenía sus objetivos, sus programas, sus fines diferentes, sus unidades de milicias, sus policías y hasta sus finanzas. En cuanto a los republicanos habían sido barridos por los acontecimientos y muy poco iban a significar en el transcurso de la guerra”.
Ortega y Gasset denunció:
“En Madrid, los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores e intelectuales a firmar manifiestos y hablar por la radio en favor de la República”.
Todo ello ante la pasividad de un gobierno que no quería o no sabía tomar medidas para poner remedio a este caos, o en otros casos, como el de la Cárcel Modelo de Madrid, siendo cómplice de los 60 asesinatos que allí se cometieron. Entre las víctimas figuran personajes como: Melquíades Álvarez, Rico Avelló, Martínez de Velasco o Salazar Alonso que habían sido Ministros de la República.
Fue tal la magnitud del escándalo y las protestas diplomáticas que Manuel Azaña se vio obligado a cesar a José Giral y nombrar jefe del gobierno, en el mes de septiembre, a Francisco Largo Caballero que ya había puesto de manifiesto su “talante democrático”, dirigiendo la Revolución de Asturias contra la República. En mi opinión, este nombramiento no solucionó los problemas sino que los empeoró, pues, aparte de su conocida aversión al ejército regular lo que provocó más desunión y desmoralización en sus filas, fomentó la revolución marxista e incorporó a su gobierno, como Ministro de Hacienda, a Juan Negrín, otro personaje tenebroso y responsable del hundimiento de la República. La primera medida que tomó Negrín fue presentar un decreto para que le autorizaran a trasladar las reservas del Banco de España a lugar seguro si las circunstancias lo exigían. Este decreto fue aprobado por el gobierno y, con desconocimiento de sus miembros según ellos mismos han declarado posteriormente, fue puesto en marcha al día siguiente en que comenzó el embalaje en cajas de madera de todo el oro del Banco de España que salió hacia Cartagena y a continuación para Odesa en la Unión Soviética, según describo con más detalle en otro artículo titulado: “El Saqueo del Banco de España”. Ese hecho empobreció a la Republica, pues la peseta perdió su valor y no era aceptada en la compra de material bélico.
A partir de este gobierno, cada cargo importante del mismo, sobre todo en el área militar, tenía un “asesor” soviético que era el que realmente daba las órdenes. Así, Largo Caballero y los generales Miaja y Pozas gozaban de esta compañía. Lo mismo sucedía en todas las ramas del ejército. Esta circunstancia confirma el control que la Unión Soviética ejercía sobre el gobierno republicano para continuar con su proceso revolucionario.
Dentro de esa línea de ataque al ejército profesional merece ser destacada la actuación de Eleuterio Díaz Tendero, socialista y cofundador de la UMRA que clasificó a los militares republicanos en tres categorías: leales, indiferentes y fascistas. Los últimos acabaron en la cuneta o en la cárcel y los segundos apartados de los puestos de mando. Con esta purga indiscriminada se calcula que más de 2.000 oficiales sufrieron la represión, lo que al final repercutió en el desarrollo de la guerra al privar al Ejército de mandos profesionales y sustituirlos por aficionados incondicionales a los partidos políticos, sobre todo el comunista.
Las imágenes de lo que estaba sucediendo en Madrid circularon por Europa e hicieron ver a los países europeos una realidad diferente de lo que les estaban contando. Ante ello decidieron constituir el denominado “Comité de No Intervención” que no fue respetado por algunas naciones pero que posibilitó a otras no tener que manifestarse a favor de la República de la que ya dudaban. La Unión Soviética y en menor medida Francia y México ayudaron al gobierno con armamento y el reclutamiento en las oficinas del partido comunista de distintas ciudades europeas de las llamadas “Brigadas Internacionales” que fueron recibidas con gran alborozo pero que no aportaron nada positivo en el desarrollo de los acontecimientos militares.
Mientras el principal problema del gobierno seguía siendo el mantenimiento del orden en su zona ante la creciente aparición de milicias ciudadanas que no obedecían a nadie. El testimonio del comandante Menéndez del ejército republicano es muy esclarecedor. Dice:
“La moral de las milicias es pésima. En ellas hay dos grupos, uno llamado Pancho Villa que no obedece a nada ni a nadie y lo que dice es que lo mejor es matar oficiales. Hay otro grupo de gente que obedecen pero en cambo huyen con gran facilidad”.
En el mismo sentido se expresó Zugazagoitia, que llegó a ser Ministro en el primer gobierno de Negrín, al decir:
”El problema de la Escuadra tenía una importancia gravísima. Los anarquistas temían perder su control y culpaban a Prieto de estar a las órdenes de Moscú. La guerra en el mar fue una cadena de fracasos para la República. No había oficialidad pues la había asesinado la marinería y los que habían sobrevivido dependían de unos comités nombrados por la marinería que hacían y deshacían a su antojo”.
Mientras esto sucedía en la zona republicana, en el bando franquista pasaba lo contrario. Se unificaba el mando y las victorias militares puntuales les iban proporcionando moral para seguir en su empeño. Países como Alemania, Italia y Portugal empezaron a ayudar a Franco con medios materiales y humanos.
Estos éxitos militares y sobre todo la toma del Alcazar de Toledo provocaron el pánico en el gobierno que decidió, en noviembre de 1936, trasladarse a Valencia dejando Madrid en manos de una Junta de Defensa presidida por el general Miaja, y en la que se encontraba Santiago Carrillo como máximo responsable de Orden Público.
Al día siguiente se constituyó en Madrid el Comité Provincial de Investigación Pública encargado de las tareas de represión y coordinación de las checas, que comenzó a poner en práctica las siniestras sacas nocturnas que acabaron con la vida de 4.500 personas, enterradas en fosas comunes de Torrejón y Paracuellos, siguiendo las mismas pautas que posteriormente empleó la Unión Soviética en Katyn donde asesinó a más de 20.000 ciudadanos polacos mediante el tiro en la nuca. Durante muchos años, la Unión Soviética intentó culpar a las tropas alemanas de ese brutal crimen y así lo creyeron y defendieron los “papanatas” de siempre. Finalmente en noviembre de 2010, el Parlamento ruso ha asumido que fue Stalin el que dio la orden y sus tropas las que la ejecutaron.
Los asesinatos de Paracuellos, entre los que estaban escritores tan famosos como Pedro Muñoz Seca y Ramiro de Maeztu, así como muchos oficiales del Ejército, clérigos y personas anónimas, cuyo único delito era haber sido denunciados por el portero de su vivienda, provocaron una fuerte reacción diplomática, en especial del embajador de Noruega, cuyo cónsul Félix Schlayer descubrió las fosas comunes y elaboró un detallado Informe sobre los hechos que entregó al general Miaja y al Foreign Office inglés lo que provocó un impacto tremendo en los países europeos. Esta circunstancia agudizó aún más el descrédito de la República que, poco a poco y merced a sus propios errores, se fue quedando sin apoyos ni reconocimientos internacionales.
En poco más de seis meses, el gobierno republicano había dilapidado su supremacía militar y, lo que es más importante, su credibilidad internacional. A partir de entonces fue una lenta agonía que según algunos historiadores pudo haberse acortado si Franco hubiese decidido atacar Madrid con todas sus tropas, pero hay quien opina también, que prefirió sentar las bases sólidas de lo que iba a ser el nuevo Estado sin entrar en la aventura de Madrid que era bastante problemática y encima tenía que alimentar a toda su población. El tiempo dio la razón a este planteamiento. Los éxitos militares se iban sucediendo inexorablemente del lado franquista. La toma de la franja litoral del norte (Bilbao, Santander, Gijón, Oviedo, etc.), la partición en dos de la zona republicana con la llegada al Mar Mediterráneo de sus tropas y, finalmente, la Batalla del Ebro, decantaron definitivamente el conflicto a favor de las tropas de Franco.
Mientras tanto Azaña había entregado el Gobierno de la República, en mayo de 1937, a Juan Negrín, que era la persona elegida por la Unión Soviética para este cargo. Este personaje había pactado con Stalin la desaparición del sistema parlamentario y su sustitución por una dictadura comunista de partido único. Igualmente, favoreció la toma del Ejército por militares próximos al partido comunista. También tenía las instrucciones de aguantar la guerra hasta donde fuese posible a la espera de que se produjese la agresión de Alemania a otros países europeos lo que desembocaría en un conflicto internacional.
Entretanto, el caos seguía imperando en la zona republicana, en especial en Cataluña, donde no existía ninguna autoridad que pudiese dictar órdenes.
El propio Azaña escribió:
“Hay que escribir un libro con el espectáculo que ofrece Cataluña en plena disolución. Allí no queda nada: gobierno, partidos, fuerzas armadas, servicios públicos, nada existe. Nadie está obligado a nada. Histeria revolucionaria que pasa de las palabras a los hechos para asesinar y robar; ineptitud de los gobernantes, inmoralidad, cobardía y pistoletazos de una sindical contra otra, engreimiento de los advenedizos, insolvencia de los separatistas, deslealtad, explotación de la guerra para enriquecerse, negativa a la organización de un Ejército, gobiernos independientes en cada población (Puigcerdá, La Seo, Lérida, Hospitalet, Port de la Selva, etc.)”.
“En Valencia todos los pueblos armados montaban grandes guardias, entorpecían el tránsito, consumían paellas, pero los hombres con fusil no iban al frente que estaba a menos de quinientos kilómetros”.
Salvador de Madariaga apostilla:
“La zona de la República era una turba de mal avenidos. La verdadera causa de la derrota de la revolución fue la propia revolución”.
La propia Clara Campoamor, diputada en las Cortes Republicanas, defensora del sufragio universal y de la Ley del Divorcio que estaba en Madrid, viendo la situación se exilió a Suiza desde donde escribió:
“Solamente en la Casa de Campo me encontraba cada mañana al menos 70 cadáveres. Un día el gobierno me reconoció que eran 100 muertos los que hallaban de promedio todos los días. Esa no era la República por la que había luchado”.
Yo creo que no se puede expresar mejor, por personas afectas a la República, la dramática situación de la zona republicana y la ineptitud de un gobierno para asumir sus responsabilidades, salvo que estuviese de acuerdo con el rumbo que iban tomando los acontecimientos.
A la vista de esta situación es comprensible que la toma de Barcelona y de Cataluña por las tropas de Franco fuese un paseo militar en el que no se encontraron ni un franco tirador ni resistencia alguna: es más, fueron recibidos por el pueblo con gran alegría como expresión del final de una terrible pesadilla.
Más de 250.000 ciudadanos cruzaron la frontera temerosos de las represalias y engañados por el gobierno. Su vida en territorio francés fue penosa, hacinados en campos de concentración, vigilados por soldados africanos venidos expresamente para esta misión y desamparados por el gobierno de la República.
Ante la situación insostenible que se vivía en Madrid pues el gobierno de la Republica y las Cortes deambulaban de un lugar a otro, reuniéndose en Valencia, Montserrat, Figueras, etc. y a fin de evitar una masacre ante la llegada inminente de las tropas de Franco, el coronel Segismundo Casado, el 5 de marzo de 1939, dio un golpe de estado contra el gobierno de la República y proclamó el Consejo Nacional de Defensa, previa lucha feroz con los miembros del partido comunista que ocasionó varios muertos. Este Consejo pactó con Franco la entrega pacífica de Madrid y como contrapartida obtuvo los salvoconductos para abandonar España, beneficio al que no se acogió Julián Besteiro que decidió quedarse para hacer la entrega oficial de la ciudad, en una actitud que le honra, aunque ello le costó la cárcel donde falleció al poco tiempo.
La entrada en Madrid de las tropas de Franco fue parecida a lo que había sucedido en Barcelona. Una explosión de alegría popular al verse libres los ciudadanos de las tropelías y penurias que habían sufrido durante los últimos tres años.
ACONTECIMIENTOS PUNTUALES
Antes de finalizar este artículo y exponer mis conclusiones me gustaría desmontar algunos mitos creados en torno a la guerra civil. Uno de ellos fue el célebre bombardeo de Guernica. Durante muchos años hemos asistido a la presentación de este hecho bélico como la masacre de un pueblo inocente llevada a cabo por las tropas franquistas. Pues bien, con el paso de los años y de las investigaciones realizadas por las propias asociaciones vascas se ha podido clarificar y valorar, en su justa dimensión, este lamentable suceso. Lo voy a presentar de la forma más clara posible para que el lector pueda juzgar lo acontecido.
DATO ______________________VERSIÓN OFICIAL______________________ REALIDAD
Habitantes_______________________ 10.000____________________________5.000
Mercado semanal____________ Multitud de campesinos________________Suspendido
Interés bélico____________________ Ninguno ________________3 fábricas de armas
Muertos___________________________ 4.000______________________________126
Destrucción ciudad_________________ 100 % ___________________________17 %
Destrucción posterior_____________------- ___________________________70 % *
Casa de Juntas y Árbol___________Destruidos_________________________Intactos
Duración bombardeo_______________15 horas__________________________3 horas **
Ametrallamiento civiles_____________Sí________________________________No ***
Cuadro “Guernica” __________Pintado como homenaje ________Empezado para otro fin
* Se debió a una actitud negligente de los bomberos de Bilbao que llegaron muy tarde y abandonaron la ciudad sin haber apagado los incendios.
** La autonomía de esos aviones sólo les permitía 3 horas de vuelo.
*** La distribución y estrechez de las calles impedía a los aviones descender para poder ametrallar a los civiles.
Más perverso fue el bombardeo de Cabra llevado a cabo por la aviación republicana y que fue sido silenciado por todos los medios y negado durante un tiempo por el gobierno. Cabra era una población sin interés militar alguno, sin tropas y alejada del frente de batalla. Fue bombardeada y destruida el 7 de noviembre de 1938 y, como consecuencia de esta agresión injustificada, hubo 108 muertos y más de 200 heridos. Eso sí, como afirma Arcadi Espada:
“Pero no eran vascos, no tenían un Picasso que pintase sus gritos, ni sus lágrimas conmovieron a nadie. Hoy que se pretende reescribir el pasado y volver a dibujar las fronteras de buenos y malos, nadie se acordará de esta masacre y siempre nos quedará Guernica. Definitivamente, el bando franquista ganó una guerra, pero perdió la propaganda”.
Otro triste suceso ocurrido durante la contienda y que también se ha manipulado para tratar de ocultar los asesinatos de Paracuellos fueron los fusilamientos de Badajoz. La versión oficial explicaba que tomada la ciudad por las tropas franquistas, se encerró en la plaza de toros a todos los prisioneros y posteriormente se les fusiló indiscriminadamente, llegando a 4.000 el número de víctimas de esta masacre. Pues bien, al igual que en el caso anterior y después de estudios serios se ha podido cuantificar que el número de muertos ascendió a 400 y el método empleado para descubrir a los milicianos fue el de desnudarlos de cintura para arriba y todos aquellos que presentaban hematomas en las articulaciones de los hombros debido al uso de los fusiles permanecieron encerrados y posteriormente fueron fusilados. El resto quedó en libertad. Curiosamente, uno de los liberados fue el padre de Cristina Almeida que podía haber contado la verdad de lo acontecido, pero calló cobardemente para que prevaleciese la versión republicana.
En cuanto a la cifra de fallecidos también desearía aportar los datos que se conocen en la actualidad, fruto de laboriosas investigaciones de muchos historiadores.
Los muertos en combate se cifran en torno a los 100.000.
En las retaguardias se contabilizan los siguientes fallecidos:
Zona republicana 65.000, de los que 15.000 fueron en Madrid y de ellos 6.000 eran religiosos.
Zona franquista 70.000, de los que 45.000 fueron en época de guerra y 25.000 como consecuencia de la posterior represión.
Seguidamente, como en artículos anteriores expondré mis conclusiones personales de esta etapa que, por supuesto, son opinables y discutibles.
1ª.- El levantamiento militar fue el colofón inevitable de un proceso revolucionario iniciado al amparo y al margen del gobierno de la República por unas organizaciones obreras y políticas que perseguían otros objetivos totalmente diferentes.
2ª.- El golpe militar fracasó en su intención de controlar el país en pocos días, pues no consiguió sus fines. Las fuerzas armadas, en especial la Aviación, la Escuadra y gran parte del Ejército permanecieron fieles a la República. Igualmente, las fuentes de riqueza quedaron en la zona republicana.
3ª.- Los propios gobiernos de la República consintiendo la barbarie y el caos que se implantó en su zona fueron los únicos culpables de que los enfrentamientos militares se fueran decantando del bando contrario. Permitieron el asesinato, por parte de la marinería, de gran parte de la oficialidad de Marina e inició una “caza de brujas” entre los oficiales del Ejército dejándolo en manos del partido comunista, que era contrario a la República y seguía estrictamente las órdenes de Stalin.
4ª.- El comportamiento incalificable y sectario de sus principales protagonistas (Azaña, Largo Caballero y Negrín) contribuyó al fracaso del proyecto republicano, a pesar de que posteriormente han intentado eludir sus verdaderas responsabilidades a través de sus escritos y Memorias
5ª.- La actitud desleal con la República, que les había concedido Estatutos de Autonomía, de los nacionalistas vascos y catalanes también contribuyó a la derrota. Los primeros, pactaron con Franco la entrega de Bilbao para asegurar sus vidas y sus bienes económicos. Los segundos, aprobando declaraciones de independencia que en nada favorecían al gobierno central.
6ª.- El trascendental papel jugado por la Unión Soviética en el conflicto español contribuyó todavía más a desvirtuar y desacreditar el proyecto republicano al tratar de convertirlo en una dictadura del proletariado similar a la implantada en su país.
7ª.- La actitud pasiva de los distintos gobiernos de la República obligó a muchos de sus adeptos a emigrar para salvar sus vidas. En este sentido la frase de Azaña, que aunque un pésimo gobernante no era tonto, es muy clarificadora al respecto:
“Que triste va a ser la vida de los republicanos, ya que gane quien gane la guerra jamás podrán regresar a España para vivir tranquilos”.
Era consciente de que si la República hubiese ganado la guerra, en España se habría instalado una dictadura comunista.
8ª.- La época de la República, en especial el periodo aquí relatado, fue un verdadero drama para la inmensa mayoría de los españoles que se empobrecían y quedaron desamparados a merced de unos indeseables que practicaron todo tipo de barbaridades, ante la pasividad incomprensible del gobierno de turno.
9ª.- Como sucede siempre en estos casos, los responsables directos de la tragedia, salieron de España, unos con más dignidad que otros, con las maletas llenas y vivieron su exilio dorado manteniendo un “fantasmagórico” gobierno republicano que justificaba su penosa existencia. Otros vivieron a costa del presupuesto soviético en pago a sus servicios.
A la vista de lo relatado, considero que el partido socialista debería permanecer prudentemente callado y no intentar falsear una realidad que la tozudez de los hechos desmiente por sí solos, e incluso sus propios compañeros, protagonistas de la situación, denunciaron cuando terminó la tragedia.
Madrid, 14 de abril de 2011
domingo, 6 de marzo de 2011
La 2ª República Española (2ª Parte)
Autor: Geromín
INTRODUCCIÓN
Proclamada la 2ª República de forma ilegal, como quedó expuesto en el artículo anterior, procede ahora describir los innumerables acontecimientos y sucesos que tuvieron lugar en España en el intervalo de tiempo que transcurre entre los años 1931 y 1936 en que estuvo vigente este régimen.
Para ello y con el fin de relatar con la mayor claridad posible esta etapa trágica de nuestra historia reciente, me ha parecido oportuno dividirla en tres periodos perfectamente definidos.
El primero, que comprende los años de 1931 a 1933 (Bienio Reformista) se caracteriza por el establecimiento del nuevo régimen republicano y también por la ilusión que había generado en el pueblo y en los ambientes intelectuales la llegada de la República como medio para modernizar unas estructuras arcaicas y depurar una clase política contaminada e inoperante. Lo que, en principio, podía pensarse que sería una etapa de paz social ante la expectativa creada, resultó ser todo lo contrario. Los anarquistas y comunistas empezaron de inmediato a provocar los primeros incidentes graves que se saldaron con numerosos muertos. También aparecieron los personalismos políticos y, lo que en mi opinión fue más repugnante, el espíritu de odio y revancha que se manifestó en algunos de los miembros del llamado “gobierno provisional”.
El segundo periodo, comprende los años 1934 y 1935 (Bienio Conservador) en el que dado el desorden y caos que había reinado en la etapa anterior se convocaron elecciones generales que fueron ganadas limpiamente por los partidos de derechas, pero el resultado no fue aceptado por los “demócratas” de izquierdas que comenzaron a desestabilizar la República, fomentando y apoyando todo tipo de actuaciones revolucionarias que culminaron con los lamentables sucesos de Asturias. Estos hechos generaron desconfianza entre los intelectuales y desilusión en el pueblo.
Y, finalmente, el tercero que transcurre entre los meses de febrero a julio de 1936 (Frente Popular) en el que, tras un periodo breve pero convulso, estalla la guerra civil como respuesta a un proceso revolucionario que, bien manejado por comunistas, anarquistas y socialistas, intentó implantar en España un régimen totalitario a imagen y semejanza del ruso.
Es curioso comprobar cómo los causantes de este desastre, constatando “a posteriori” la barbaridad que habían cometido, han intentado exculparse de sus responsabilidades a través de sus Memorias.
Al final, como siempre, el pueblo fue envenenado y empujado a implicarse en una feroz batalla, sin buenos ni malos, en la que se dio rienda suelta a los más bajos instintos del género humano. Los centenares de miles de muertos y exiliados fueron ciudadanos que, en su mayor parte, desconocían el motivo real de la contienda. Curiosamente, ninguno de los “padres” de esta desgracia sufrió sus consecuencias ya que al menor síntoma de peligro abandonaron el barco con las maletas repletas de “provisiones”. Para mejor comprensión de lo sucedido en cada periodo insertaré algunas declaraciones de sus protagonistas que hablan por sí solas del odio, del revanchismo y del sectarismo que anidaba en sus mentes.
1931-1933 (PERIODO REFORMISTA)
No había transcurrido un mes desde la constitución del llamado “gobierno provisional” cuando comenzaron las primeras algaradas callejeras. El 10 de mayo se inicia en Madrid una quema sistemática de conventos que posteriormente se extiende a otras regiones españolas. Solamente en Andalucía ardieron más de 100 con las consiguientes pérdidas de tesoros artísticos y expolio del patrimonio, ante la pasividad e incompetencia del Ministro de Gobernación, el conservador Miguel Maura y la grandilocuente frase de Manuel Azaña: “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”.
Alejandro Lerroux, más pragmático, afirmó: “La Iglesia no ha recibido con hostilidad a la República. Su influencia en un país tradicionalmente católico es evidente. Provocarla a luchar apenas nacido el nuevo régimen es impolítico e injusto y, por tanto, insensato”.
Evidentemente, primó el anticlericalismo de los masones (mayoría en el gobierno) sobre la sensatez. Seguidamente se produjo la expulsión del cardenal Segura, Primado de España, con lo que el enfrentamiento gratuito y provocado con la Iglesia estaba asegurado.
En el mismo mes de mayo, comenzaron las huelgas (pescadores, mineros, campesinos, metalúrgicos) y los levantamientos comunistas de Sevilla y Málaga que se saldaron con ocho obreros muertos. Igualmente, en Madrid, donde hubo que declarar el Estado de Guerra, se produjeron movilizaciones que acabaron con dos muertos. En San Sebastián, la ofensiva anarquista se hizo más violenta y fue reprimida por la guardia civil con otros ocho muertos.
A este “divertido panorama” se añadió la declaración, como buen masón, de Francisco Maciá instaurando el Estado catalán, para desestabilizar un poco más la República.
En esta situación convulsa se convocaron elecciones generales para Cortes Constituyentes que se celebraron el día 28 de junio con los partidos de derechas en plena descomposición por lo que el triunfo de las candidaturas de izquierda fue claro. De los 458 diputados elegidos, 149 estaban afiliados a alguna logia masónica, según se ha podido constatar en los archivos de Buenos Aires, lo que, en mi opinión, tiene un importante significado y explica, en parte, los acontecimientos futuros.
Recién constituidas las Cortes y para no dar tregua al gobierno, la CNT convoca una huelga general en Sevilla, en la que participa Ramón Franco, con graves disturbios callejeros que se salda con más de veinte muertos. Ortega publica en El Crisol un artículo titulado “El Aldabonazo” en el que termina diciendo: “Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron en el advenimiento de la República, dicen ahora, entre desasosegados y descontentos. ¡No es esto!, ¡No es esto!
En el Parlamento se debate la nueva Constitución que, dada la composición de la Cámara y los sectarismos antes mencionados, queda reflejada en un texto sectario y excluyente que constituiría otro punto de fricción en el futuro. Ésta se aprueba el día 9 de diciembre de 1931 y, a continuación, se elige a Niceto Alcalá Zamora como Presidente de la República y a Manuel Azaña como Jefe del Gobierno, a pesar de que su partido era minoritario en la Cámara. Ningún miembro del nuevo gobierno tenía experiencia de gestión y de mando, lo que podría explicar, en parte, su desorientación y el desorden que empezó a adueñarse de las calles.
Para “celebrar” este acontecimiento, la UGT y la CNT convocan, en el mes de diciembre, tres nuevas huelgas generales. La primera, en Badajoz, se salda con el asesinato salvaje, calificado así por el estado en que se encontraron los cadáveres, de los cuatro guardias civiles que había en Castilblanco; la segunda, en Arnedo, que termina con seis ciudadanos muertos a tiros; y la tercera, en el Alto Llobregat, que da lugar a una batalla campal que finaliza con más de treinta muertos.
Estos hechos llevaron a Pío Baroja a decir: “Los meses que llevamos de República han producido más muertos en las calles que los cuarenta años de Monarquía”.
Igualmente, en un mitin celebrado en el cine Ópera de Madrid, Ortega afirma: “Seis meses han bastado para que empiece a cundir en el país, desorden, descontento, desánimo, en suma, tristeza. ¿Por qué nos han hecho una República triste y agria? O mejor dicho ¿por qué nos han hecho una vida agria y triste, bajo la joven constelación de una República naciente?
Ante la incapacidad gubernamental de atajar los desordenes callejeros, se decide crear el Cuerpo de Seguridad y Asalto que sustituya a la Guardia Civil en las ciudades y refuerce la autoridad del gobierno frente a los continuos disturbios.
Mientras tanto, Manuel Azaña, que había ingresado en la logia masónica de la calle del Príncipe según reconoce en su propio diario, se reafirma en sus odios personales. Prosigue su persecución furibunda a la iglesia católica declarando que el único matrimonio válido es el civil y expulsando a los jesuitas, en enero de 1932, expropiándoles todas sus posesiones, alegando que obedecían a una autoridad distinta de la República.
Inicia, asimismo, una reforma drástica del ejército, pasando a la reserva a un gran número de jefes y oficiales, con lo que éste se queda sin mandos profesionales y lo que es peor, dividido en dos bandos irreconciliables: la UME (derechas) y la UMRA (izquierdas). Probablemente, esta reforma era necesaria, pero el procedimiento seguido de imposición sin diálogo, ni justo, fue el adecuado.
En poco menos de seis meses, la República se había granjeado, gratuitamente, la enemistad del Ejercito y de la Iglesia que, en principio, no habían rechazado la llegada del nuevo régimen, y mientras el pueblo pasando más hambre, pues el país se había empobrecido, la moneda fue devaluada y los salarios escasearon con motivo de las algaradas callejeras.
Muchos de los seis millones de obreros y jornaleros vieron cómo perdían el único ingreso familiar para subsistir.
Ortega volvió a afirmar: “La República ha dejado a los campesinos sin campo y a los jornaleros sin jornal en situación de hambre y desesperación, habiendo encendido sus esperanzas con promesas que luego ha incumplido”.
El gobierno pone en marcha una reforma educativa con el fin de elevar el nivel cultural de los campesinos que en su mayor parte, no sabían leer ni escribir. En algunas regiones el porcentaje de analfabetismo llegaba al 40%.
También elabora un plan de infraestructuras para mejorar las comunicaciones y solucionar el problema del agua en muchas zonas de España.
Asimismo se inicia una reforma agraria que distribuyese mejor las tierras terminando con los extensos y no bien explotados latifundios existentes sobre todo en Andalucía.
En agosto de 1932 se produce lo que se conoce como “la sanjurjada”. Un intento absurdo de golpe de estado protagonizado por el general Sanjurjo que fracasa por el poco seguimiento del estamento militar y el pésimo planteamiento de sus cabecillas. Curiosamente, este general era uno de los que había apoyado la proclamación de la República desde su puesto de Director General de la Guardia Civil.
Como respuesta incoherente del gobierno a este suceso, las Cortes aprueban el Estatuto de Cataluña que genera mayor inquietud y división en el resto de España.
Para empezar bien el año 1933 los anarquistas tenían preparada una insurrección a nivel nacional. Hubo brotes de violencia en distintas capitales españolas pero fundamentalmente en Andalucía, donde destacaron los sucesos de Casas Viejas, una pequeña población andaluza de 2.000 habitantes que se levantó en armas y tomó el pueblo. Después de una dura batalla con la guardia civil, solo quedó un reducto en el que se refugiaron una docena de campesinos que decidieron no rendirse. Los refuerzos llegados de Sevilla con la orden de disparar a matar cumplieron con su misión. Se produjo una masacre y el fusilamiento público de los apresados, con un total de veintitrés muertos. Este suceso tuvo una gran repercusión nacional y produjo un gran desgaste del gobierno de Azaña, al que se le atribuye la orden que dio al jefe militar, según se declaró en la Comisión parlamentaria: “Nada de prisioneros, tiros a la barriga”.
La pregunta que puede hacerse el lector es: ¿Cómo un pueblo en el que reinaba la miseria, los ciudadanos estaban en posesión de armas de fuego? La respuesta es clara, habían sido armados, previamente, por los anarquistas.
El propio Martínez Barrio que, posteriormente sería presidente del gobierno, afirmó: “Realizar un acto de esta crueldad deshonra el Poder público. Porque creo que hay algo peor que un régimen se pierda, y es que ese régimen caiga, enlodado, maldecido por la Historia, entre sangre, fango y lágrimas”.
En este año se calcula que hubo en España más de 1.000 huelgas, con la participación de 1.000.000 de huelguistas, lo que provocó un alza en los precios de los alimentos básicos, que como el pan afectaba fundamentalmente a la clase humilde, generando más hambre y desesperación.
Siguiendo en su línea, Azaña, so pretexto de la excesiva presencia de la Iglesia en la educación, presentó en el Parlamento la Ley de Confesiones y Congregaciones que impedía a esta institución dedicarse a la enseñanza y por tanto, dejar a más de 400.000 alumnos sin escuela, muchos de ellos hijos de trabajadores que acudían a centros religiosos gratuitos, circunstancia que produjo fuertes reacciones en la sociedad civil. Ante las constantes derrotas que venía sufriendo, el gobierno no tuvo más remedio que presentar la dimisión, lo que dio lugar a la convocatoria de elecciones generales a celebrar el 19 de noviembre, poniendo punto y final a este primer periodo que se caracterizó por el revanchismo y el odio por parte del gobierno hacia las instituciones tradicionales españolas.
Como resultado de esta situación inoperante, los intelectuales se distanciaron del nuevo régimen criticándolo abiertamente y el pueblo se sintió engañado por un sistema que, después de muchas promesas, no resolvía sus verdaderos problemas.
En el mes de octubre, José Antonio Primo de Rivera presentó Falange Española como nuevo partido político que aunque minoritario estaba dirigido por personas muy cualificadas y sus juventudes iban a ser tan activas y violentas como los comunistas pero en el extremo opuesto del espectro político.
1934-1935 (PERIODO CONSERVADOR)
La campaña electoral se desarrolló sin graves incidentes pero con discursos incendiarios que estimulaban el uso de la violencia. Los socialistas, con Prieto a la cabeza, utilizaron el lema: “A vencer el día 19 en las urnas y si somos derrotados, a vencer el día 20 en las calles”. El resultado fue un triunfo de los partidos de derechas que obtuvieron 5.400.000 votos, por 3.120.000 de las izquierdas.
Alcalá Zamora, después de muchas maquinaciones para que no gobernase Gil Robles, encargó a Lerroux la formación de un nuevo gobierno que lo conformó con miembros de su partido apoyado en el Parlamento por la CEDA. Este gobierno, como es clásico en nuestro país, dio un giro radical a su política y paralizó las reformas que, con mayor o menor fortuna, había iniciado el gobierno anterior. Esta circunstancia unida al triunfo de los extremismos en Europa (fascismo y comunismo) radicalizó todavía más la vida política en España. Se definieron dos grandes bloques irreconciliables: la derecha, formada por la CEDA, Renovación Española y Falange Española y la izquierda constituida por el PSOE, PCE, IR, CNT y ERC.
La izquierda como buenos “demócratas” y respetuosos con la voluntad popular no aceptó el dictamen de las urnas y según rezaba el lema electoral antes mencionado, se dedicó desde el primer momento a desestabilizar el gobierno promoviendo graves disturbios callejeros. El día 3 de febrero constituyeron el Comité Revolucionario, presidido por Largo Caballero, y en el que estaban, entre otros: Prieto y Santiago Carrillo. Este Comité empezó a armar a las clases obreras y a asaltar a la República para implantar la dictadura de partido, llamada del “proletariado”. Mientras en Cataluña, Esquerra Republicana preparaba la secesión de España.
Se produjeron permanentes altercados y huelgas en toda España, pero fue la entrada en el gobierno de tres ministros de la CEDA, en el mes de octubre, el detonante que aprovecharon para declarar una huelga general que no tuvo éxito, pues en gran parte del país fue reprimida por las fuerzas del orden con mayor o menor esfuerzo.
Lo más grave ocurrió en Asturias. Aquí la huelga general triunfó y degeneró en una verdadera revolución organizada y dirigida por la UGT y la CNT. Se asesinó a guardias civiles, ingenieros, técnicos, civiles, etc. Se quemó el Banco de España así como varios edificios oficiales y civiles. Ante esta situación revolucionaria, el gobierno envió a la Legión al mando del general Franco y se produjo una represión brutal que se zanjó con más de 4.000 muertos, miles de heridos, 30.000 encarcelados y muchos represaliados y exilados. Por cierto, el capitán Rodríguez Lozano, abuelo de Zapatero, participó activamente en esta limpieza de “rojos”
Esta situación llevó a Madariaga a afirmar: “La izquierda ha perdido toda la autoridad moral y la derecha se ha ganado al ejército”.
Los sucesos de Asturias dieron lugar a una campaña internacional en contra del gobierno que inundó de propaganda todo el continente, desvirtuando la realidad y presentándola como una lucha heroica del pueblo contra el fascismo, cuando lo sucedido era todo lo contrario, la defensa del estado de derecho por un gobierno legalmente establecido para hacer frente a una revolución marxista.
Sofocados estos levantamientos, se debería haber entrado en un periodo de relativa calma que permitiese solucionar los problemas de los ciudadanos, que era lo que realmente debía importar, pero los políticos, una vez más, se encargaron de que no fuera así. Se enzarzaron en sus luchas particulares provocando numerosas crisis de gobierno, en las que Alcalá Zamora se extralimitaba en sus funciones e intentaba imponer a personas de su entorno. Esta inestabilidad política se prolongó hasta finales del año 1935 en que estalló el “Escándalo del estraperlo” que afectó a numerosos altos cargos, sobre todo del partido republicano de Lerroux que se vio obligado a dimitir lo que, posteriormente, y ante la incapacidad de Alcalá Zamora para formar nuevo gobierno, desembocó en la disolución del Parlamento y convocatoria de nuevas elecciones generales para febrero de 1936, dos años antes de finalizar su mandato, cuando los partidos de derechas gozaban de una cómoda mayoría en la Cámara que podían haber aprovechado para gobernar sin sobresaltos y reconducir al país a una situación de normalidad.
FEBRERO 1936-JULIO 1936 (FRENTE POPULAR)
Para presentarse a las elecciones, los partidos de izquierda formaron una coalición antinatural pues se unieron partidos y organizaciones que se habían enfrentado violentamente en los años anteriores y perseguían objetivos diferentes como eran: PSOE, PCE, IR, POUM, ERC y CNT, que denominaron “Frente Popular”. Stanley Payne lo definió como “Tercera República” ya que esta sopa de letras promulgaba un sistema distinto al de la 2ª República y al final resultó ser la “puntilla” del régimen.
La coalición de la derecha estaba formada por: la CEDA, Renovación Española y Falange Española.
La campaña electoral se desarrolló dentro de una violencia extrema, como lo prueba el hecho de que veinticuatro jóvenes de los partidos de derechas fueron asesinados. Largo Caballero llegó a afirmar en un mitin: “Si la situación da la vuelta no respetaremos la vida de nuestros enemigos y si las derechas no son derrotadas, emplearemos otros medios para su aniquilamiento”.
Las elecciones se celebraron el día 16 de febrero, como es de suponer en un clima bastante alterado y aunque los resultados oficiales no se publicaron nunca, los resultados fueron los siguientes:
Derecha 4.510.000 votos
Izquierda 4.430.000 “
Centro 680.000 “
Se denunciaron muchas irregularidades en el recuento de los votos y en la anulación de votaciones en poblaciones donde había ganado la derecha.
Una ley electoral injusta dio lugar al siguiente reparto de escaños en la Cámara:
153 escaños a la derecha
265 escaños a la izquierda
54 escaños al centro
Al igual que cuando se proclamó la República, en esta ocasión también se vulneró la legalidad vigente, pues sin respetar los trámites y plazos establecidos en la Constitución y en la ley electoral, el día 19 de febrero, Manuel Azaña proclamó el nuevo gobierno y empezó a actuar como tal. Una vez más se cometía otra ilegalidad ante la pasividad y complicidad del presidente de la República y de los partidos de la oposición que permitieron esta tropelía.
Este mismo día empezaron los desórdenes callejeros, la quema de iglesias, las huelgas salvajes, los altercados, atentados, etc.; es decir, la violencia se adueñó de las calles.
Las Cortes se constituyeron el 3 de abril y en la sesión de apertura ya se planteó el cese de Alcalá Zamora como Presidente de la República, alegando que ya había disuelto las Cortes en dos ocasiones que era el número máximo que permitía la Constitución. Después de un debate intranscendente, se consumó el plan diseñado por Azaña y Prieto en su primera fase, que consistía en nombrar a Manuel Azaña, Presidente de la República. La segunda fase, que era designar a Prieto como Jefe del Gobierno, topó con la oposición frontal de Largo Caballero, que veía como su rival dentro del partido le sacaba ventaja. Así es que hubo que recurrir a un sustituto que fue Santiago Casares Quiroga, un político de segunda fila pero fiel a Azaña.
Como todos los “buenos servidores del pueblo”, la ceremonia de toma de posesión del Presidente fue un verdadero espectáculo de luz y sonido, similar a los que protagonizaba el Rey huido. Asimismo, se trasladó a vivir, temporalmente, al Palacio de El Pardo hasta que le preparasen el Palacio Real, que según él era el adecuado para su categoría.
Para exacerbar a las masas contra la Iglesia, los comunistas difundieron entre el pueblo el bulo de que los caramelos que se distribuían en los centros religiosos estaban envenenados y ya habían fallecido varios niños. El gobierno se vio obligado a desmentir esta calumnia informando que en ningún centro hospitalario se había producido un solo fallecimiento por esta causa, pero el daño y el objetivo fijado se había conseguido.
En los cuatro primeros meses del nuevo gobierno se produjeron los siguientes sucesos, debidamente contrastados:
270 asesinatos
1.300 heridos en las calles
150 atracos
375 iglesias quemadas total o parcialmente
390 centros cívicos o educativos destrozados
45 periódicos atacados o destruidos
115 huelgas generales
230 huelgas parciales
150 bombas explotadas
300.000 ha. ocupadas y sin cultivar por falta de medios
Este cúmulo de barbaridades dejó 800.000 parados y más hambre en el pueblo.
Azaña reconoció en sus Memorias que fue un periodo de impotencia y barullo. Pero la realidad es que no se actuó contra los autores de estos atropellos, solamente se encarceló a dirigentes y miembros de Falange Española.
Gregorio Marañón, otro de los padres espirituales de la República afirmo: “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez. Bestial infamia de esta gentuza inmunda. Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales y aún no habremos acabado. Y aún es mayor mi dolor por haber sido amigo de estos escarabajos”.
Esta situación prerrevolucionaria culminó con el “crimen de Estado” que le costó la vida al líder del Bloque Nacional, José Calvo Sotelo. Como siempre que sucede en estos casos, la versión oficial es que se trató de un acto aislado llevado a cabo por unos incontrolados en venganza por el asesinato del teniente Castillo.
El relato de lo acontecido, debidamente contrastado, es el siguiente:
El día 1 de julio, el diputado socialista Ángel Galarza afirmó en el Parlamento dirigiéndose a Calvo Sotelo, como anuncio premonitorio, y así consta en el diario de sesiones: “La violencia puede ser legítima en algún momento. Pensando en Su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida”.
A principios de julio, siguiendo órdenes del Ministerio cambiaron la escolta de Gil Robles y de Calvo Sotelo asignándoles personas desconocidas. La noche del día 12 salió del cuartel de Pontejos, la camioneta nº 17 al mando del capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, en la que iban siete guardias de asalto de la escolta personal de Prieto y cuatro pistoleros, entre ellos, Victoriano (Luís) Cuenca, persona de su absoluta confianza. Se dirigieron al domicilio de José María Gil Robles al que no encontraron pues se había ido a Biarritz con su familia. Parece ser que también intentaron localizar a Alejandro Lerroux y no lo consiguieron. A continuación fueron al de José Calvo Sotelo al que sacaron de casa con embustes. En el trayecto, Victoriano Cuenca le dio dos tiros en la nuca y le arrojaron al suelo en el cementerio del Este. Hay que apostillar que no se detuvo a ninguna persona ni se abrió comisión de investigación en el Parlamento, es más, el día 25 de julio, en la Sala en que se celebraba el juicio por este asesinato entraron milicianos socialistas y robaron el sumario oficial de la causa.
Entre tanto, la conspiración militar seguía con sus preparativos y organización. Cada salvajada que se producía como la relatada, aportaba nuevas adhesiones al golpe. Azaña presumía de conocer y controlar la situación y se jactaba diciendo que les dejaría actuar para que fracasaran como Sanjurjo y luego actuaría contra ellos. La única medida que tomó el gobierno fue alejar de Madrid a los generales más sospechosos. Así trasladó a Mola a Pamplona, a Franco a Canarias, a Goded a Baleares y a Varela a Cádiz, con lo que, en realidad, gozaron de mayor libertad de movimientos. Era tan soberbio que no captaba que la situación era totalmente diferente. Es más, generales como Queipo de Llano o Cabanellas, afectos a la República, se habían adherido a la sublevación. El mismo general Franco, indeciso hasta ese momento, se incorporó al alzamiento.
En este estado de cosas, la tarde del 17 de julio de 1936 se consumó el levantamiento del ejército de África que dio lugar al comienzo de la guerra civil, iniciándose un nuevo periodo en la vida de la República que se analizará en un artículo posterior.
Hasta aquí el relato verídico y debidamente contrastado de lo ocurrido en estos años aunque su lectura pueda resultar incómoda para algunas sensibilidades.
Seguidamente expondré mis conclusiones personales de esta etapa que, por supuesto, son opinables y rebatibles.
1ª.- La República, como nuevo régimen político, nació herida de muerte, pues colectivos tan importantes y activos, como los anarquistas de la CNT, los comunistas del PCE y gran parte de los socialistas de la UGT no la aceptaron desde el principio y la utilizaron como plataforma para la implantación en España de una revolución bolchevique. Para ello, contaban con la inestimable colaboración y apoyo económico de la “Komintern” (Tercera Internacional Comunista), controlada por Stalin.
2ª.- Los principales dirigentes políticos de la República sin experiencia alguna de gobierno, en especial, Manuel Azaña, dieron continuas muestras de su ineptitud para gobernar y se dejaron llevar por los odios y sectarismos personales, despreocupándose de los problemas reales de los ciudadanos que no eran la Iglesia ni el Ejército, sino el hambre y la miseria.
3ª.- Ninguna de las reformas planteadas por la República, en particular, la agraria llegaron a buen término, bien porque la corta duración de los gobiernos no lo permitía, o bien, porque, en realidad, estaban en un segundo plano de la batalla política. La República empobreció todavía más el país extendiendo el hambre y la miseria a un mayor número de ciudadanos que se encontraron sin jornal por causa de los disturbios.
4ª.- Los intelectuales y el pueblo que habían apoyado sin fisuras la llegada del nuevo régimen pronto se vieron desilusionados por el devenir de los acontecimientos, se alejaron de este proyecto e incluso algunos llegaron a temer por sus vidas y se fueron de España.
5ª.- El comportamiento execrable del partido socialista que de la mano de Largo Caballero, fue radicalizando su postura alejándose del espíritu de la República. No aceptó el resultado de las urnas, organizó la revolución de Asturias y terminó siendo una marioneta del partido comunista que le llevó a su planteamiento revolucionario.
6ª.- Los partidos de derechas con Gil Robles a la cabeza, tampoco supieron ejercer el poder cuando las urnas les habían otorgado la posibilidad de reconducir una situación caótica. Se enzarzaron en batallas cainitas que les impidió dedicarse a lo que el pueblo demandaba que era comer y trabajar.
7ª.- La llegada al poder del Frente Popular radicalizó aún más, si cabe, la situación en España. Los bloques que se habían ido perfilando a lo largo de estos años, se enrocaron en sus posturas e hicieron inviable cualquier salida pacífica del problema. Se produjo una verdadera orgía de asesinatos, incendios, vandalismos, saqueos, invasiones de fincas, etc. Es decir, un doble movimiento de destrucción de la legalidad republicana desde el gobierno y de avances revolucionarios desde la calle.
8ª.- La República liberal estaba muerta antes de que se produjese el alzamiento militar, como afirmó Gregorio Marañón desde su exilio en París. Se habían anulado las instituciones y la revolución bolchevique tan admirada por los “demócratas” de la época estaba en marcha. Sirva como ejemplo lo que sucedía en Cataluña, donde el gobierno central y el de la Generalidad eran incapaces de controlar los desmanes de los anarquistas y de los comunistas que actuaban sin acatar orden alguna para cometer todo tipo de actos vandálicos.
Madrid, 7 de marzo de 2011
INTRODUCCIÓN
Proclamada la 2ª República de forma ilegal, como quedó expuesto en el artículo anterior, procede ahora describir los innumerables acontecimientos y sucesos que tuvieron lugar en España en el intervalo de tiempo que transcurre entre los años 1931 y 1936 en que estuvo vigente este régimen.
Para ello y con el fin de relatar con la mayor claridad posible esta etapa trágica de nuestra historia reciente, me ha parecido oportuno dividirla en tres periodos perfectamente definidos.
El primero, que comprende los años de 1931 a 1933 (Bienio Reformista) se caracteriza por el establecimiento del nuevo régimen republicano y también por la ilusión que había generado en el pueblo y en los ambientes intelectuales la llegada de la República como medio para modernizar unas estructuras arcaicas y depurar una clase política contaminada e inoperante. Lo que, en principio, podía pensarse que sería una etapa de paz social ante la expectativa creada, resultó ser todo lo contrario. Los anarquistas y comunistas empezaron de inmediato a provocar los primeros incidentes graves que se saldaron con numerosos muertos. También aparecieron los personalismos políticos y, lo que en mi opinión fue más repugnante, el espíritu de odio y revancha que se manifestó en algunos de los miembros del llamado “gobierno provisional”.
El segundo periodo, comprende los años 1934 y 1935 (Bienio Conservador) en el que dado el desorden y caos que había reinado en la etapa anterior se convocaron elecciones generales que fueron ganadas limpiamente por los partidos de derechas, pero el resultado no fue aceptado por los “demócratas” de izquierdas que comenzaron a desestabilizar la República, fomentando y apoyando todo tipo de actuaciones revolucionarias que culminaron con los lamentables sucesos de Asturias. Estos hechos generaron desconfianza entre los intelectuales y desilusión en el pueblo.
Y, finalmente, el tercero que transcurre entre los meses de febrero a julio de 1936 (Frente Popular) en el que, tras un periodo breve pero convulso, estalla la guerra civil como respuesta a un proceso revolucionario que, bien manejado por comunistas, anarquistas y socialistas, intentó implantar en España un régimen totalitario a imagen y semejanza del ruso.
Es curioso comprobar cómo los causantes de este desastre, constatando “a posteriori” la barbaridad que habían cometido, han intentado exculparse de sus responsabilidades a través de sus Memorias.
Al final, como siempre, el pueblo fue envenenado y empujado a implicarse en una feroz batalla, sin buenos ni malos, en la que se dio rienda suelta a los más bajos instintos del género humano. Los centenares de miles de muertos y exiliados fueron ciudadanos que, en su mayor parte, desconocían el motivo real de la contienda. Curiosamente, ninguno de los “padres” de esta desgracia sufrió sus consecuencias ya que al menor síntoma de peligro abandonaron el barco con las maletas repletas de “provisiones”. Para mejor comprensión de lo sucedido en cada periodo insertaré algunas declaraciones de sus protagonistas que hablan por sí solas del odio, del revanchismo y del sectarismo que anidaba en sus mentes.
1931-1933 (PERIODO REFORMISTA)
No había transcurrido un mes desde la constitución del llamado “gobierno provisional” cuando comenzaron las primeras algaradas callejeras. El 10 de mayo se inicia en Madrid una quema sistemática de conventos que posteriormente se extiende a otras regiones españolas. Solamente en Andalucía ardieron más de 100 con las consiguientes pérdidas de tesoros artísticos y expolio del patrimonio, ante la pasividad e incompetencia del Ministro de Gobernación, el conservador Miguel Maura y la grandilocuente frase de Manuel Azaña: “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”.
Alejandro Lerroux, más pragmático, afirmó: “La Iglesia no ha recibido con hostilidad a la República. Su influencia en un país tradicionalmente católico es evidente. Provocarla a luchar apenas nacido el nuevo régimen es impolítico e injusto y, por tanto, insensato”.
Evidentemente, primó el anticlericalismo de los masones (mayoría en el gobierno) sobre la sensatez. Seguidamente se produjo la expulsión del cardenal Segura, Primado de España, con lo que el enfrentamiento gratuito y provocado con la Iglesia estaba asegurado.
En el mismo mes de mayo, comenzaron las huelgas (pescadores, mineros, campesinos, metalúrgicos) y los levantamientos comunistas de Sevilla y Málaga que se saldaron con ocho obreros muertos. Igualmente, en Madrid, donde hubo que declarar el Estado de Guerra, se produjeron movilizaciones que acabaron con dos muertos. En San Sebastián, la ofensiva anarquista se hizo más violenta y fue reprimida por la guardia civil con otros ocho muertos.
A este “divertido panorama” se añadió la declaración, como buen masón, de Francisco Maciá instaurando el Estado catalán, para desestabilizar un poco más la República.
En esta situación convulsa se convocaron elecciones generales para Cortes Constituyentes que se celebraron el día 28 de junio con los partidos de derechas en plena descomposición por lo que el triunfo de las candidaturas de izquierda fue claro. De los 458 diputados elegidos, 149 estaban afiliados a alguna logia masónica, según se ha podido constatar en los archivos de Buenos Aires, lo que, en mi opinión, tiene un importante significado y explica, en parte, los acontecimientos futuros.
Recién constituidas las Cortes y para no dar tregua al gobierno, la CNT convoca una huelga general en Sevilla, en la que participa Ramón Franco, con graves disturbios callejeros que se salda con más de veinte muertos. Ortega publica en El Crisol un artículo titulado “El Aldabonazo” en el que termina diciendo: “Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron en el advenimiento de la República, dicen ahora, entre desasosegados y descontentos. ¡No es esto!, ¡No es esto!
En el Parlamento se debate la nueva Constitución que, dada la composición de la Cámara y los sectarismos antes mencionados, queda reflejada en un texto sectario y excluyente que constituiría otro punto de fricción en el futuro. Ésta se aprueba el día 9 de diciembre de 1931 y, a continuación, se elige a Niceto Alcalá Zamora como Presidente de la República y a Manuel Azaña como Jefe del Gobierno, a pesar de que su partido era minoritario en la Cámara. Ningún miembro del nuevo gobierno tenía experiencia de gestión y de mando, lo que podría explicar, en parte, su desorientación y el desorden que empezó a adueñarse de las calles.
Para “celebrar” este acontecimiento, la UGT y la CNT convocan, en el mes de diciembre, tres nuevas huelgas generales. La primera, en Badajoz, se salda con el asesinato salvaje, calificado así por el estado en que se encontraron los cadáveres, de los cuatro guardias civiles que había en Castilblanco; la segunda, en Arnedo, que termina con seis ciudadanos muertos a tiros; y la tercera, en el Alto Llobregat, que da lugar a una batalla campal que finaliza con más de treinta muertos.
Estos hechos llevaron a Pío Baroja a decir: “Los meses que llevamos de República han producido más muertos en las calles que los cuarenta años de Monarquía”.
Igualmente, en un mitin celebrado en el cine Ópera de Madrid, Ortega afirma: “Seis meses han bastado para que empiece a cundir en el país, desorden, descontento, desánimo, en suma, tristeza. ¿Por qué nos han hecho una República triste y agria? O mejor dicho ¿por qué nos han hecho una vida agria y triste, bajo la joven constelación de una República naciente?
Ante la incapacidad gubernamental de atajar los desordenes callejeros, se decide crear el Cuerpo de Seguridad y Asalto que sustituya a la Guardia Civil en las ciudades y refuerce la autoridad del gobierno frente a los continuos disturbios.
Mientras tanto, Manuel Azaña, que había ingresado en la logia masónica de la calle del Príncipe según reconoce en su propio diario, se reafirma en sus odios personales. Prosigue su persecución furibunda a la iglesia católica declarando que el único matrimonio válido es el civil y expulsando a los jesuitas, en enero de 1932, expropiándoles todas sus posesiones, alegando que obedecían a una autoridad distinta de la República.
Inicia, asimismo, una reforma drástica del ejército, pasando a la reserva a un gran número de jefes y oficiales, con lo que éste se queda sin mandos profesionales y lo que es peor, dividido en dos bandos irreconciliables: la UME (derechas) y la UMRA (izquierdas). Probablemente, esta reforma era necesaria, pero el procedimiento seguido de imposición sin diálogo, ni justo, fue el adecuado.
En poco menos de seis meses, la República se había granjeado, gratuitamente, la enemistad del Ejercito y de la Iglesia que, en principio, no habían rechazado la llegada del nuevo régimen, y mientras el pueblo pasando más hambre, pues el país se había empobrecido, la moneda fue devaluada y los salarios escasearon con motivo de las algaradas callejeras.
Muchos de los seis millones de obreros y jornaleros vieron cómo perdían el único ingreso familiar para subsistir.
Ortega volvió a afirmar: “La República ha dejado a los campesinos sin campo y a los jornaleros sin jornal en situación de hambre y desesperación, habiendo encendido sus esperanzas con promesas que luego ha incumplido”.
El gobierno pone en marcha una reforma educativa con el fin de elevar el nivel cultural de los campesinos que en su mayor parte, no sabían leer ni escribir. En algunas regiones el porcentaje de analfabetismo llegaba al 40%.
También elabora un plan de infraestructuras para mejorar las comunicaciones y solucionar el problema del agua en muchas zonas de España.
Asimismo se inicia una reforma agraria que distribuyese mejor las tierras terminando con los extensos y no bien explotados latifundios existentes sobre todo en Andalucía.
En agosto de 1932 se produce lo que se conoce como “la sanjurjada”. Un intento absurdo de golpe de estado protagonizado por el general Sanjurjo que fracasa por el poco seguimiento del estamento militar y el pésimo planteamiento de sus cabecillas. Curiosamente, este general era uno de los que había apoyado la proclamación de la República desde su puesto de Director General de la Guardia Civil.
Como respuesta incoherente del gobierno a este suceso, las Cortes aprueban el Estatuto de Cataluña que genera mayor inquietud y división en el resto de España.
Para empezar bien el año 1933 los anarquistas tenían preparada una insurrección a nivel nacional. Hubo brotes de violencia en distintas capitales españolas pero fundamentalmente en Andalucía, donde destacaron los sucesos de Casas Viejas, una pequeña población andaluza de 2.000 habitantes que se levantó en armas y tomó el pueblo. Después de una dura batalla con la guardia civil, solo quedó un reducto en el que se refugiaron una docena de campesinos que decidieron no rendirse. Los refuerzos llegados de Sevilla con la orden de disparar a matar cumplieron con su misión. Se produjo una masacre y el fusilamiento público de los apresados, con un total de veintitrés muertos. Este suceso tuvo una gran repercusión nacional y produjo un gran desgaste del gobierno de Azaña, al que se le atribuye la orden que dio al jefe militar, según se declaró en la Comisión parlamentaria: “Nada de prisioneros, tiros a la barriga”.
La pregunta que puede hacerse el lector es: ¿Cómo un pueblo en el que reinaba la miseria, los ciudadanos estaban en posesión de armas de fuego? La respuesta es clara, habían sido armados, previamente, por los anarquistas.
El propio Martínez Barrio que, posteriormente sería presidente del gobierno, afirmó: “Realizar un acto de esta crueldad deshonra el Poder público. Porque creo que hay algo peor que un régimen se pierda, y es que ese régimen caiga, enlodado, maldecido por la Historia, entre sangre, fango y lágrimas”.
En este año se calcula que hubo en España más de 1.000 huelgas, con la participación de 1.000.000 de huelguistas, lo que provocó un alza en los precios de los alimentos básicos, que como el pan afectaba fundamentalmente a la clase humilde, generando más hambre y desesperación.
Siguiendo en su línea, Azaña, so pretexto de la excesiva presencia de la Iglesia en la educación, presentó en el Parlamento la Ley de Confesiones y Congregaciones que impedía a esta institución dedicarse a la enseñanza y por tanto, dejar a más de 400.000 alumnos sin escuela, muchos de ellos hijos de trabajadores que acudían a centros religiosos gratuitos, circunstancia que produjo fuertes reacciones en la sociedad civil. Ante las constantes derrotas que venía sufriendo, el gobierno no tuvo más remedio que presentar la dimisión, lo que dio lugar a la convocatoria de elecciones generales a celebrar el 19 de noviembre, poniendo punto y final a este primer periodo que se caracterizó por el revanchismo y el odio por parte del gobierno hacia las instituciones tradicionales españolas.
Como resultado de esta situación inoperante, los intelectuales se distanciaron del nuevo régimen criticándolo abiertamente y el pueblo se sintió engañado por un sistema que, después de muchas promesas, no resolvía sus verdaderos problemas.
En el mes de octubre, José Antonio Primo de Rivera presentó Falange Española como nuevo partido político que aunque minoritario estaba dirigido por personas muy cualificadas y sus juventudes iban a ser tan activas y violentas como los comunistas pero en el extremo opuesto del espectro político.
1934-1935 (PERIODO CONSERVADOR)
La campaña electoral se desarrolló sin graves incidentes pero con discursos incendiarios que estimulaban el uso de la violencia. Los socialistas, con Prieto a la cabeza, utilizaron el lema: “A vencer el día 19 en las urnas y si somos derrotados, a vencer el día 20 en las calles”. El resultado fue un triunfo de los partidos de derechas que obtuvieron 5.400.000 votos, por 3.120.000 de las izquierdas.
Alcalá Zamora, después de muchas maquinaciones para que no gobernase Gil Robles, encargó a Lerroux la formación de un nuevo gobierno que lo conformó con miembros de su partido apoyado en el Parlamento por la CEDA. Este gobierno, como es clásico en nuestro país, dio un giro radical a su política y paralizó las reformas que, con mayor o menor fortuna, había iniciado el gobierno anterior. Esta circunstancia unida al triunfo de los extremismos en Europa (fascismo y comunismo) radicalizó todavía más la vida política en España. Se definieron dos grandes bloques irreconciliables: la derecha, formada por la CEDA, Renovación Española y Falange Española y la izquierda constituida por el PSOE, PCE, IR, CNT y ERC.
La izquierda como buenos “demócratas” y respetuosos con la voluntad popular no aceptó el dictamen de las urnas y según rezaba el lema electoral antes mencionado, se dedicó desde el primer momento a desestabilizar el gobierno promoviendo graves disturbios callejeros. El día 3 de febrero constituyeron el Comité Revolucionario, presidido por Largo Caballero, y en el que estaban, entre otros: Prieto y Santiago Carrillo. Este Comité empezó a armar a las clases obreras y a asaltar a la República para implantar la dictadura de partido, llamada del “proletariado”. Mientras en Cataluña, Esquerra Republicana preparaba la secesión de España.
Se produjeron permanentes altercados y huelgas en toda España, pero fue la entrada en el gobierno de tres ministros de la CEDA, en el mes de octubre, el detonante que aprovecharon para declarar una huelga general que no tuvo éxito, pues en gran parte del país fue reprimida por las fuerzas del orden con mayor o menor esfuerzo.
Lo más grave ocurrió en Asturias. Aquí la huelga general triunfó y degeneró en una verdadera revolución organizada y dirigida por la UGT y la CNT. Se asesinó a guardias civiles, ingenieros, técnicos, civiles, etc. Se quemó el Banco de España así como varios edificios oficiales y civiles. Ante esta situación revolucionaria, el gobierno envió a la Legión al mando del general Franco y se produjo una represión brutal que se zanjó con más de 4.000 muertos, miles de heridos, 30.000 encarcelados y muchos represaliados y exilados. Por cierto, el capitán Rodríguez Lozano, abuelo de Zapatero, participó activamente en esta limpieza de “rojos”
Esta situación llevó a Madariaga a afirmar: “La izquierda ha perdido toda la autoridad moral y la derecha se ha ganado al ejército”.
Los sucesos de Asturias dieron lugar a una campaña internacional en contra del gobierno que inundó de propaganda todo el continente, desvirtuando la realidad y presentándola como una lucha heroica del pueblo contra el fascismo, cuando lo sucedido era todo lo contrario, la defensa del estado de derecho por un gobierno legalmente establecido para hacer frente a una revolución marxista.
Sofocados estos levantamientos, se debería haber entrado en un periodo de relativa calma que permitiese solucionar los problemas de los ciudadanos, que era lo que realmente debía importar, pero los políticos, una vez más, se encargaron de que no fuera así. Se enzarzaron en sus luchas particulares provocando numerosas crisis de gobierno, en las que Alcalá Zamora se extralimitaba en sus funciones e intentaba imponer a personas de su entorno. Esta inestabilidad política se prolongó hasta finales del año 1935 en que estalló el “Escándalo del estraperlo” que afectó a numerosos altos cargos, sobre todo del partido republicano de Lerroux que se vio obligado a dimitir lo que, posteriormente, y ante la incapacidad de Alcalá Zamora para formar nuevo gobierno, desembocó en la disolución del Parlamento y convocatoria de nuevas elecciones generales para febrero de 1936, dos años antes de finalizar su mandato, cuando los partidos de derechas gozaban de una cómoda mayoría en la Cámara que podían haber aprovechado para gobernar sin sobresaltos y reconducir al país a una situación de normalidad.
FEBRERO 1936-JULIO 1936 (FRENTE POPULAR)
Para presentarse a las elecciones, los partidos de izquierda formaron una coalición antinatural pues se unieron partidos y organizaciones que se habían enfrentado violentamente en los años anteriores y perseguían objetivos diferentes como eran: PSOE, PCE, IR, POUM, ERC y CNT, que denominaron “Frente Popular”. Stanley Payne lo definió como “Tercera República” ya que esta sopa de letras promulgaba un sistema distinto al de la 2ª República y al final resultó ser la “puntilla” del régimen.
La coalición de la derecha estaba formada por: la CEDA, Renovación Española y Falange Española.
La campaña electoral se desarrolló dentro de una violencia extrema, como lo prueba el hecho de que veinticuatro jóvenes de los partidos de derechas fueron asesinados. Largo Caballero llegó a afirmar en un mitin: “Si la situación da la vuelta no respetaremos la vida de nuestros enemigos y si las derechas no son derrotadas, emplearemos otros medios para su aniquilamiento”.
Las elecciones se celebraron el día 16 de febrero, como es de suponer en un clima bastante alterado y aunque los resultados oficiales no se publicaron nunca, los resultados fueron los siguientes:
Derecha 4.510.000 votos
Izquierda 4.430.000 “
Centro 680.000 “
Se denunciaron muchas irregularidades en el recuento de los votos y en la anulación de votaciones en poblaciones donde había ganado la derecha.
Una ley electoral injusta dio lugar al siguiente reparto de escaños en la Cámara:
153 escaños a la derecha
265 escaños a la izquierda
54 escaños al centro
Al igual que cuando se proclamó la República, en esta ocasión también se vulneró la legalidad vigente, pues sin respetar los trámites y plazos establecidos en la Constitución y en la ley electoral, el día 19 de febrero, Manuel Azaña proclamó el nuevo gobierno y empezó a actuar como tal. Una vez más se cometía otra ilegalidad ante la pasividad y complicidad del presidente de la República y de los partidos de la oposición que permitieron esta tropelía.
Este mismo día empezaron los desórdenes callejeros, la quema de iglesias, las huelgas salvajes, los altercados, atentados, etc.; es decir, la violencia se adueñó de las calles.
Las Cortes se constituyeron el 3 de abril y en la sesión de apertura ya se planteó el cese de Alcalá Zamora como Presidente de la República, alegando que ya había disuelto las Cortes en dos ocasiones que era el número máximo que permitía la Constitución. Después de un debate intranscendente, se consumó el plan diseñado por Azaña y Prieto en su primera fase, que consistía en nombrar a Manuel Azaña, Presidente de la República. La segunda fase, que era designar a Prieto como Jefe del Gobierno, topó con la oposición frontal de Largo Caballero, que veía como su rival dentro del partido le sacaba ventaja. Así es que hubo que recurrir a un sustituto que fue Santiago Casares Quiroga, un político de segunda fila pero fiel a Azaña.
Como todos los “buenos servidores del pueblo”, la ceremonia de toma de posesión del Presidente fue un verdadero espectáculo de luz y sonido, similar a los que protagonizaba el Rey huido. Asimismo, se trasladó a vivir, temporalmente, al Palacio de El Pardo hasta que le preparasen el Palacio Real, que según él era el adecuado para su categoría.
Para exacerbar a las masas contra la Iglesia, los comunistas difundieron entre el pueblo el bulo de que los caramelos que se distribuían en los centros religiosos estaban envenenados y ya habían fallecido varios niños. El gobierno se vio obligado a desmentir esta calumnia informando que en ningún centro hospitalario se había producido un solo fallecimiento por esta causa, pero el daño y el objetivo fijado se había conseguido.
En los cuatro primeros meses del nuevo gobierno se produjeron los siguientes sucesos, debidamente contrastados:
270 asesinatos
1.300 heridos en las calles
150 atracos
375 iglesias quemadas total o parcialmente
390 centros cívicos o educativos destrozados
45 periódicos atacados o destruidos
115 huelgas generales
230 huelgas parciales
150 bombas explotadas
300.000 ha. ocupadas y sin cultivar por falta de medios
Este cúmulo de barbaridades dejó 800.000 parados y más hambre en el pueblo.
Azaña reconoció en sus Memorias que fue un periodo de impotencia y barullo. Pero la realidad es que no se actuó contra los autores de estos atropellos, solamente se encarceló a dirigentes y miembros de Falange Española.
Gregorio Marañón, otro de los padres espirituales de la República afirmo: “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez. Bestial infamia de esta gentuza inmunda. Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales y aún no habremos acabado. Y aún es mayor mi dolor por haber sido amigo de estos escarabajos”.
Esta situación prerrevolucionaria culminó con el “crimen de Estado” que le costó la vida al líder del Bloque Nacional, José Calvo Sotelo. Como siempre que sucede en estos casos, la versión oficial es que se trató de un acto aislado llevado a cabo por unos incontrolados en venganza por el asesinato del teniente Castillo.
El relato de lo acontecido, debidamente contrastado, es el siguiente:
El día 1 de julio, el diputado socialista Ángel Galarza afirmó en el Parlamento dirigiéndose a Calvo Sotelo, como anuncio premonitorio, y así consta en el diario de sesiones: “La violencia puede ser legítima en algún momento. Pensando en Su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida”.
A principios de julio, siguiendo órdenes del Ministerio cambiaron la escolta de Gil Robles y de Calvo Sotelo asignándoles personas desconocidas. La noche del día 12 salió del cuartel de Pontejos, la camioneta nº 17 al mando del capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, en la que iban siete guardias de asalto de la escolta personal de Prieto y cuatro pistoleros, entre ellos, Victoriano (Luís) Cuenca, persona de su absoluta confianza. Se dirigieron al domicilio de José María Gil Robles al que no encontraron pues se había ido a Biarritz con su familia. Parece ser que también intentaron localizar a Alejandro Lerroux y no lo consiguieron. A continuación fueron al de José Calvo Sotelo al que sacaron de casa con embustes. En el trayecto, Victoriano Cuenca le dio dos tiros en la nuca y le arrojaron al suelo en el cementerio del Este. Hay que apostillar que no se detuvo a ninguna persona ni se abrió comisión de investigación en el Parlamento, es más, el día 25 de julio, en la Sala en que se celebraba el juicio por este asesinato entraron milicianos socialistas y robaron el sumario oficial de la causa.
Entre tanto, la conspiración militar seguía con sus preparativos y organización. Cada salvajada que se producía como la relatada, aportaba nuevas adhesiones al golpe. Azaña presumía de conocer y controlar la situación y se jactaba diciendo que les dejaría actuar para que fracasaran como Sanjurjo y luego actuaría contra ellos. La única medida que tomó el gobierno fue alejar de Madrid a los generales más sospechosos. Así trasladó a Mola a Pamplona, a Franco a Canarias, a Goded a Baleares y a Varela a Cádiz, con lo que, en realidad, gozaron de mayor libertad de movimientos. Era tan soberbio que no captaba que la situación era totalmente diferente. Es más, generales como Queipo de Llano o Cabanellas, afectos a la República, se habían adherido a la sublevación. El mismo general Franco, indeciso hasta ese momento, se incorporó al alzamiento.
En este estado de cosas, la tarde del 17 de julio de 1936 se consumó el levantamiento del ejército de África que dio lugar al comienzo de la guerra civil, iniciándose un nuevo periodo en la vida de la República que se analizará en un artículo posterior.
Hasta aquí el relato verídico y debidamente contrastado de lo ocurrido en estos años aunque su lectura pueda resultar incómoda para algunas sensibilidades.
Seguidamente expondré mis conclusiones personales de esta etapa que, por supuesto, son opinables y rebatibles.
1ª.- La República, como nuevo régimen político, nació herida de muerte, pues colectivos tan importantes y activos, como los anarquistas de la CNT, los comunistas del PCE y gran parte de los socialistas de la UGT no la aceptaron desde el principio y la utilizaron como plataforma para la implantación en España de una revolución bolchevique. Para ello, contaban con la inestimable colaboración y apoyo económico de la “Komintern” (Tercera Internacional Comunista), controlada por Stalin.
2ª.- Los principales dirigentes políticos de la República sin experiencia alguna de gobierno, en especial, Manuel Azaña, dieron continuas muestras de su ineptitud para gobernar y se dejaron llevar por los odios y sectarismos personales, despreocupándose de los problemas reales de los ciudadanos que no eran la Iglesia ni el Ejército, sino el hambre y la miseria.
3ª.- Ninguna de las reformas planteadas por la República, en particular, la agraria llegaron a buen término, bien porque la corta duración de los gobiernos no lo permitía, o bien, porque, en realidad, estaban en un segundo plano de la batalla política. La República empobreció todavía más el país extendiendo el hambre y la miseria a un mayor número de ciudadanos que se encontraron sin jornal por causa de los disturbios.
4ª.- Los intelectuales y el pueblo que habían apoyado sin fisuras la llegada del nuevo régimen pronto se vieron desilusionados por el devenir de los acontecimientos, se alejaron de este proyecto e incluso algunos llegaron a temer por sus vidas y se fueron de España.
5ª.- El comportamiento execrable del partido socialista que de la mano de Largo Caballero, fue radicalizando su postura alejándose del espíritu de la República. No aceptó el resultado de las urnas, organizó la revolución de Asturias y terminó siendo una marioneta del partido comunista que le llevó a su planteamiento revolucionario.
6ª.- Los partidos de derechas con Gil Robles a la cabeza, tampoco supieron ejercer el poder cuando las urnas les habían otorgado la posibilidad de reconducir una situación caótica. Se enzarzaron en batallas cainitas que les impidió dedicarse a lo que el pueblo demandaba que era comer y trabajar.
7ª.- La llegada al poder del Frente Popular radicalizó aún más, si cabe, la situación en España. Los bloques que se habían ido perfilando a lo largo de estos años, se enrocaron en sus posturas e hicieron inviable cualquier salida pacífica del problema. Se produjo una verdadera orgía de asesinatos, incendios, vandalismos, saqueos, invasiones de fincas, etc. Es decir, un doble movimiento de destrucción de la legalidad republicana desde el gobierno y de avances revolucionarios desde la calle.
8ª.- La República liberal estaba muerta antes de que se produjese el alzamiento militar, como afirmó Gregorio Marañón desde su exilio en París. Se habían anulado las instituciones y la revolución bolchevique tan admirada por los “demócratas” de la época estaba en marcha. Sirva como ejemplo lo que sucedía en Cataluña, donde el gobierno central y el de la Generalidad eran incapaces de controlar los desmanes de los anarquistas y de los comunistas que actuaban sin acatar orden alguna para cometer todo tipo de actos vandálicos.
Madrid, 7 de marzo de 2011
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