sábado, 16 de abril de 2011

La 2ª República Española (3ª Parte)

Autor: Geromín
INTRODUCCIÓN
Dentro del planteamiento general que expuse en el primer artículo de esta serie, el tercer periodo de la existencia de la 2ª República comprende desde julio de 1936 hasta abril de 1939 que es el tiempo en el que tiene lugar la guerra civil. Se trata de uno de los episodios más interesantes y controvertidos de la historia universal contemporánea que ha dado lugar a una inmensa bibliografía.
Personalmente estoy convencido de que por tratarse de una guerra tan cercana, polémica y politizada, cada lector tendrá formadas sus propias ideas e interpretaciones al respecto, pero también creo que, en la mayoría de los casos, están deformadas por la propaganda que machaconamente ha intentado camuflar una dura y triste realidad, presentándola a los ciudadanos como una lucha heroica del pueblo frente al fascismo. A lo largo de este artículo se podrá comprobar, sin duda alguna, que la evolución de los acontecimientos no fue tan simple ya que estuvieron en juego otros intereses ajenos al pueblo e incluso a España.
A fin de ser lo más objetivo posible, aunque ello no sea tarea fácil, al relatar los acontecimientos me basaré en hechos contrastados y en las propias declaraciones o escritos de los protagonistas que en muchos casos hablan por sí solos.
No me voy a detener en los sucesos bélicos de la contienda que desviarían la finalidad de estas líneas y darían lugar a un extenso tratado. Solamente me centraré en las actuaciones políticas del gobierno de la República y en aclarar algunos hechos puntuales a la vista de la información de que se dispone en la actualidad.

LEVANTAMIENTO MILITAR

Como ya indiqué en el artículo anterior, el Gobierno conocía la existencia de contactos entre militares para poner fin al descontrol generalizado que vivía el país con la llegada al poder del Frente Popular. Su impresión era que se trataba de movimientos sin importancia que llegado el caso controlarían sin apenas dificultad, como había sucedido en el año 1932 con el intento del general Sanjurjo.
El asesinato de José Calvo Sotelo, alentado por miembros del propio Gobierno y del que se jactó públicamente Ángel Galarza, futuro Ministro de Gobernación, fue el detonante para que se incorporasen al movimiento militar algunos generales que hasta ese momento habían permanecido indecisos, como fue el caso del propio Franco.
Cuando en la tarde del 17 de julio se produce el levantamiento del ejército de África, seguido por el general Mola en la zona norte de España, el gobierno no le concede mucha importancia y no inicia actuaciones rápidas y eficaces para su control. Al día siguiente, y ante las presiones de los sindicatos y de los partidos políticos para que se entreguen armas al pueblo, Casares Quiroga se ve obligado a dimitir y Azaña encarga a Diego Martínez Barrio la formación de un nuevo gobierno que será el más corto de la historia pues apenas duró unas horas. Seguidamente, es José Giral el encargado de formar un gobierno que pudiese controlar una situación que se les iba de las manos por momentos. El propio Giral contribuyó al caos entregando armas a las milicias populares y sindicales.
El alzamiento militar, como tal golpe, fracasó pues no logró imponerse en toda España. Un golpe militar para que triunfe ha de ser de efecto inmediato, como sucedió posteriormente en Grecia o en Chile. En este caso, el gobierno de la República se quedó con el control de las zonas industriales; de las grandes ciudades, excepto Sevilla; de las minas y, fundamentalmente, las reservas del oro del Banco de España. Igualmente, gran parte del Ejército, la práctica totalidad de la Escuadra y de la Aviación permanecieron fieles a la República, con lo que “a priori” podía vaticinarse un triunfo rápido de las fuerzas republicanas.
Pero inmediatamente, el gobierno empezó su andadura errática. Una de las primeras medidas que, incomprensiblemente, había adoptado fue la liberación de los presos comunes que rápidamente se apuntaron a las milicias ciudadanas para dar rienda suelta a sus instintos criminales. En estas milicias hubo personajes siniestros como Agapito García Atadell que se designó Jefe de la Brigada de la Policía, y después de múltiples saqueos y asesinatos intentó fugarse a América con el botín de sus robos, pero fue denunciado por sus propios compañeros y apresado por las fuerzas de Franco en Las Palmas. Posteriormente fue juzgado y dada la brutalidad de sus asesinatos muerto a garrote vil en Sevilla donde, por cierto, murió confesado, comulgado y gritando “Viva Cristo Rey”. Otro individuo indeseable fue Felipe Emilio Sandoval, “Doctor Muñiz”, perteneciente a la brigada socialista “La Motorizada”, una de las más temidas por su ferocidad y responsable de la checa de Fomento. También participó activamente en las atrocidades antes mencionadas.
En Madrid se instaló el marxismo revolucionario y las milicias de los sindicatos, de los anarquistas, de los comunistas y de los socialistas radicales empezaron con los registros, detenciones, saqueos, asesinatos, etc.; es decir, una orgía indiscriminada de odio y sangre.
Ello dio lugar a un éxodo masivo de funcionarios, profesionales liberales, diplomáticos e intelectuales de izquierdas que abandonaron España por temor a ser víctimas de sus propios correligionarios.
Para definir crudamente esta situación voy a basarme en las manifestaciones de personajes nada sospechosos de defender las ideas fascistas.
El historiador comunista Tuñón de Lara escribe:
“En Madrid la represión popular fue degenerando. Surgieron las patrullas de control que se tomaban la justicia real por sus manos, asaltando casas, quemando, asesinando, desvalijando, etc. Se cometieron crímenes, se mató sin juicio, en descampados, en las cunetas de las carreteras… Era la explosión de una guerra de clases que impulsó a matar a muchos solamente por la posición social que tenían”.
El comandante Tagüeña, también comunista dice:
“La situación real que podía observarse el que mirase a la calle es que había terminado la 2ª República. Cada grupo tenía sus objetivos, sus programas, sus fines diferentes, sus unidades de milicias, sus policías y hasta sus finanzas. En cuanto a los republicanos habían sido barridos por los acontecimientos y muy poco iban a significar en el transcurso de la guerra”.
Ortega y Gasset denunció:
“En Madrid, los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores e intelectuales a firmar manifiestos y hablar por la radio en favor de la República”.
Todo ello ante la pasividad de un gobierno que no quería o no sabía tomar medidas para poner remedio a este caos, o en otros casos, como el de la Cárcel Modelo de Madrid, siendo cómplice de los 60 asesinatos que allí se cometieron. Entre las víctimas figuran personajes como: Melquíades Álvarez, Rico Avelló, Martínez de Velasco o Salazar Alonso que habían sido Ministros de la República.
Fue tal la magnitud del escándalo y las protestas diplomáticas que Manuel Azaña se vio obligado a cesar a José Giral y nombrar jefe del gobierno, en el mes de septiembre, a Francisco Largo Caballero que ya había puesto de manifiesto su “talante democrático”, dirigiendo la Revolución de Asturias contra la República. En mi opinión, este nombramiento no solucionó los problemas sino que los empeoró, pues, aparte de su conocida aversión al ejército regular lo que provocó más desunión y desmoralización en sus filas, fomentó la revolución marxista e incorporó a su gobierno, como Ministro de Hacienda, a Juan Negrín, otro personaje tenebroso y responsable del hundimiento de la República. La primera medida que tomó Negrín fue presentar un decreto para que le autorizaran a trasladar las reservas del Banco de España a lugar seguro si las circunstancias lo exigían. Este decreto fue aprobado por el gobierno y, con desconocimiento de sus miembros según ellos mismos han declarado posteriormente, fue puesto en marcha al día siguiente en que comenzó el embalaje en cajas de madera de todo el oro del Banco de España que salió hacia Cartagena y a continuación para Odesa en la Unión Soviética, según describo con más detalle en otro artículo titulado: “El Saqueo del Banco de España”. Ese hecho empobreció a la Republica, pues la peseta perdió su valor y no era aceptada en la compra de material bélico.
A partir de este gobierno, cada cargo importante del mismo, sobre todo en el área militar, tenía un “asesor” soviético que era el que realmente daba las órdenes. Así, Largo Caballero y los generales Miaja y Pozas gozaban de esta compañía. Lo mismo sucedía en todas las ramas del ejército. Esta circunstancia confirma el control que la Unión Soviética ejercía sobre el gobierno republicano para continuar con su proceso revolucionario.
Dentro de esa línea de ataque al ejército profesional merece ser destacada la actuación de Eleuterio Díaz Tendero, socialista y cofundador de la UMRA que clasificó a los militares republicanos en tres categorías: leales, indiferentes y fascistas. Los últimos acabaron en la cuneta o en la cárcel y los segundos apartados de los puestos de mando. Con esta purga indiscriminada se calcula que más de 2.000 oficiales sufrieron la represión, lo que al final repercutió en el desarrollo de la guerra al privar al Ejército de mandos profesionales y sustituirlos por aficionados incondicionales a los partidos políticos, sobre todo el comunista.
Las imágenes de lo que estaba sucediendo en Madrid circularon por Europa e hicieron ver a los países europeos una realidad diferente de lo que les estaban contando. Ante ello decidieron constituir el denominado “Comité de No Intervención” que no fue respetado por algunas naciones pero que posibilitó a otras no tener que manifestarse a favor de la República de la que ya dudaban. La Unión Soviética y en menor medida Francia y México ayudaron al gobierno con armamento y el reclutamiento en las oficinas del partido comunista de distintas ciudades europeas de las llamadas “Brigadas Internacionales” que fueron recibidas con gran alborozo pero que no aportaron nada positivo en el desarrollo de los acontecimientos militares.
Mientras el principal problema del gobierno seguía siendo el mantenimiento del orden en su zona ante la creciente aparición de milicias ciudadanas que no obedecían a nadie. El testimonio del comandante Menéndez del ejército republicano es muy esclarecedor. Dice:
“La moral de las milicias es pésima. En ellas hay dos grupos, uno llamado Pancho Villa que no obedece a nada ni a nadie y lo que dice es que lo mejor es matar oficiales. Hay otro grupo de gente que obedecen pero en cambo huyen con gran facilidad”.
En el mismo sentido se expresó Zugazagoitia, que llegó a ser Ministro en el primer gobierno de Negrín, al decir:
”El problema de la Escuadra tenía una importancia gravísima. Los anarquistas temían perder su control y culpaban a Prieto de estar a las órdenes de Moscú. La guerra en el mar fue una cadena de fracasos para la República. No había oficialidad pues la había asesinado la marinería y los que habían sobrevivido dependían de unos comités nombrados por la marinería que hacían y deshacían a su antojo”.
Mientras esto sucedía en la zona republicana, en el bando franquista pasaba lo contrario. Se unificaba el mando y las victorias militares puntuales les iban proporcionando moral para seguir en su empeño. Países como Alemania, Italia y Portugal empezaron a ayudar a Franco con medios materiales y humanos.
Estos éxitos militares y sobre todo la toma del Alcazar de Toledo provocaron el pánico en el gobierno que decidió, en noviembre de 1936, trasladarse a Valencia dejando Madrid en manos de una Junta de Defensa presidida por el general Miaja, y en la que se encontraba Santiago Carrillo como máximo responsable de Orden Público.
Al día siguiente se constituyó en Madrid el Comité Provincial de Investigación Pública encargado de las tareas de represión y coordinación de las checas, que comenzó a poner en práctica las siniestras sacas nocturnas que acabaron con la vida de 4.500 personas, enterradas en fosas comunes de Torrejón y Paracuellos, siguiendo las mismas pautas que posteriormente empleó la Unión Soviética en Katyn donde asesinó a más de 20.000 ciudadanos polacos mediante el tiro en la nuca. Durante muchos años, la Unión Soviética intentó culpar a las tropas alemanas de ese brutal crimen y así lo creyeron y defendieron los “papanatas” de siempre. Finalmente en noviembre de 2010, el Parlamento ruso ha asumido que fue Stalin el que dio la orden y sus tropas las que la ejecutaron.
Los asesinatos de Paracuellos, entre los que estaban escritores tan famosos como Pedro Muñoz Seca y Ramiro de Maeztu, así como muchos oficiales del Ejército, clérigos y personas anónimas, cuyo único delito era haber sido denunciados por el portero de su vivienda, provocaron una fuerte reacción diplomática, en especial del embajador de Noruega, cuyo cónsul Félix Schlayer descubrió las fosas comunes y elaboró un detallado Informe sobre los hechos que entregó al general Miaja y al Foreign Office inglés lo que provocó un impacto tremendo en los países europeos. Esta circunstancia agudizó aún más el descrédito de la República que, poco a poco y merced a sus propios errores, se fue quedando sin apoyos ni reconocimientos internacionales.
En poco más de seis meses, el gobierno republicano había dilapidado su supremacía militar y, lo que es más importante, su credibilidad internacional. A partir de entonces fue una lenta agonía que según algunos historiadores pudo haberse acortado si Franco hubiese decidido atacar Madrid con todas sus tropas, pero hay quien opina también, que prefirió sentar las bases sólidas de lo que iba a ser el nuevo Estado sin entrar en la aventura de Madrid que era bastante problemática y encima tenía que alimentar a toda su población. El tiempo dio la razón a este planteamiento. Los éxitos militares se iban sucediendo inexorablemente del lado franquista. La toma de la franja litoral del norte (Bilbao, Santander, Gijón, Oviedo, etc.), la partición en dos de la zona republicana con la llegada al Mar Mediterráneo de sus tropas y, finalmente, la Batalla del Ebro, decantaron definitivamente el conflicto a favor de las tropas de Franco.
Mientras tanto Azaña había entregado el Gobierno de la República, en mayo de 1937, a Juan Negrín, que era la persona elegida por la Unión Soviética para este cargo. Este personaje había pactado con Stalin la desaparición del sistema parlamentario y su sustitución por una dictadura comunista de partido único. Igualmente, favoreció la toma del Ejército por militares próximos al partido comunista. También tenía las instrucciones de aguantar la guerra hasta donde fuese posible a la espera de que se produjese la agresión de Alemania a otros países europeos lo que desembocaría en un conflicto internacional.
Entretanto, el caos seguía imperando en la zona republicana, en especial en Cataluña, donde no existía ninguna autoridad que pudiese dictar órdenes.
El propio Azaña escribió:
“Hay que escribir un libro con el espectáculo que ofrece Cataluña en plena disolución. Allí no queda nada: gobierno, partidos, fuerzas armadas, servicios públicos, nada existe. Nadie está obligado a nada. Histeria revolucionaria que pasa de las palabras a los hechos para asesinar y robar; ineptitud de los gobernantes, inmoralidad, cobardía y pistoletazos de una sindical contra otra, engreimiento de los advenedizos, insolvencia de los separatistas, deslealtad, explotación de la guerra para enriquecerse, negativa a la organización de un Ejército, gobiernos independientes en cada población (Puigcerdá, La Seo, Lérida, Hospitalet, Port de la Selva, etc.)”.
“En Valencia todos los pueblos armados montaban grandes guardias, entorpecían el tránsito, consumían paellas, pero los hombres con fusil no iban al frente que estaba a menos de quinientos kilómetros”.
Salvador de Madariaga apostilla:
“La zona de la República era una turba de mal avenidos. La verdadera causa de la derrota de la revolución fue la propia revolución”.
La propia Clara Campoamor, diputada en las Cortes Republicanas, defensora del sufragio universal y de la Ley del Divorcio que estaba en Madrid, viendo la situación se exilió a Suiza desde donde escribió:
“Solamente en la Casa de Campo me encontraba cada mañana al menos 70 cadáveres. Un día el gobierno me reconoció que eran 100 muertos los que hallaban de promedio todos los días. Esa no era la República por la que había luchado”.
Yo creo que no se puede expresar mejor, por personas afectas a la República, la dramática situación de la zona republicana y la ineptitud de un gobierno para asumir sus responsabilidades, salvo que estuviese de acuerdo con el rumbo que iban tomando los acontecimientos.
A la vista de esta situación es comprensible que la toma de Barcelona y de Cataluña por las tropas de Franco fuese un paseo militar en el que no se encontraron ni un franco tirador ni resistencia alguna: es más, fueron recibidos por el pueblo con gran alegría como expresión del final de una terrible pesadilla.
Más de 250.000 ciudadanos cruzaron la frontera temerosos de las represalias y engañados por el gobierno. Su vida en territorio francés fue penosa, hacinados en campos de concentración, vigilados por soldados africanos venidos expresamente para esta misión y desamparados por el gobierno de la República.
Ante la situación insostenible que se vivía en Madrid pues el gobierno de la Republica y las Cortes deambulaban de un lugar a otro, reuniéndose en Valencia, Montserrat, Figueras, etc. y a fin de evitar una masacre ante la llegada inminente de las tropas de Franco, el coronel Segismundo Casado, el 5 de marzo de 1939, dio un golpe de estado contra el gobierno de la República y proclamó el Consejo Nacional de Defensa, previa lucha feroz con los miembros del partido comunista que ocasionó varios muertos. Este Consejo pactó con Franco la entrega pacífica de Madrid y como contrapartida obtuvo los salvoconductos para abandonar España, beneficio al que no se acogió Julián Besteiro que decidió quedarse para hacer la entrega oficial de la ciudad, en una actitud que le honra, aunque ello le costó la cárcel donde falleció al poco tiempo.
La entrada en Madrid de las tropas de Franco fue parecida a lo que había sucedido en Barcelona. Una explosión de alegría popular al verse libres los ciudadanos de las tropelías y penurias que habían sufrido durante los últimos tres años.

ACONTECIMIENTOS PUNTUALES

Antes de finalizar este artículo y exponer mis conclusiones me gustaría desmontar algunos mitos creados en torno a la guerra civil. Uno de ellos fue el célebre bombardeo de Guernica. Durante muchos años hemos asistido a la presentación de este hecho bélico como la masacre de un pueblo inocente llevada a cabo por las tropas franquistas. Pues bien, con el paso de los años y de las investigaciones realizadas por las propias asociaciones vascas se ha podido clarificar y valorar, en su justa dimensión, este lamentable suceso. Lo voy a presentar de la forma más clara posible para que el lector pueda juzgar lo acontecido.

DATO ______________________VERSIÓN OFICIAL______________________ REALIDAD
Habitantes_______________________ 10.000____________________________5.000
Mercado semanal____________ Multitud de campesinos________________Suspendido
Interés bélico____________________ Ninguno ________________3 fábricas de armas
Muertos___________________________ 4.000______________________________126
Destrucción ciudad_________________ 100 % ___________________________17 %
Destrucción posterior_____________------- ___________________________70 % *
Casa de Juntas y Árbol___________Destruidos_________________________Intactos
Duración bombardeo_______________15 horas__________________________3 horas **
Ametrallamiento civiles_____________Sí________________________________No ***
Cuadro “Guernica” __________Pintado como homenaje ________Empezado para otro fin


* Se debió a una actitud negligente de los bomberos de Bilbao que llegaron muy tarde y abandonaron la ciudad sin haber apagado los incendios.
** La autonomía de esos aviones sólo les permitía 3 horas de vuelo.
*** La distribución y estrechez de las calles impedía a los aviones descender para poder ametrallar a los civiles.
Más perverso fue el bombardeo de Cabra llevado a cabo por la aviación republicana y que fue sido silenciado por todos los medios y negado durante un tiempo por el gobierno. Cabra era una población sin interés militar alguno, sin tropas y alejada del frente de batalla. Fue bombardeada y destruida el 7 de noviembre de 1938 y, como consecuencia de esta agresión injustificada, hubo 108 muertos y más de 200 heridos. Eso sí, como afirma Arcadi Espada:
“Pero no eran vascos, no tenían un Picasso que pintase sus gritos, ni sus lágrimas conmovieron a nadie. Hoy que se pretende reescribir el pasado y volver a dibujar las fronteras de buenos y malos, nadie se acordará de esta masacre y siempre nos quedará Guernica. Definitivamente, el bando franquista ganó una guerra, pero perdió la propaganda”.
Otro triste suceso ocurrido durante la contienda y que también se ha manipulado para tratar de ocultar los asesinatos de Paracuellos fueron los fusilamientos de Badajoz. La versión oficial explicaba que tomada la ciudad por las tropas franquistas, se encerró en la plaza de toros a todos los prisioneros y posteriormente se les fusiló indiscriminadamente, llegando a 4.000 el número de víctimas de esta masacre. Pues bien, al igual que en el caso anterior y después de estudios serios se ha podido cuantificar que el número de muertos ascendió a 400 y el método empleado para descubrir a los milicianos fue el de desnudarlos de cintura para arriba y todos aquellos que presentaban hematomas en las articulaciones de los hombros debido al uso de los fusiles permanecieron encerrados y posteriormente fueron fusilados. El resto quedó en libertad. Curiosamente, uno de los liberados fue el padre de Cristina Almeida que podía haber contado la verdad de lo acontecido, pero calló cobardemente para que prevaleciese la versión republicana.
En cuanto a la cifra de fallecidos también desearía aportar los datos que se conocen en la actualidad, fruto de laboriosas investigaciones de muchos historiadores.
Los muertos en combate se cifran en torno a los 100.000.
En las retaguardias se contabilizan los siguientes fallecidos:

Zona republicana 65.000, de los que 15.000 fueron en Madrid y de ellos 6.000 eran religiosos.
Zona franquista 70.000, de los que 45.000 fueron en época de guerra y 25.000 como consecuencia de la posterior represión.

Seguidamente, como en artículos anteriores expondré mis conclusiones personales de esta etapa que, por supuesto, son opinables y discutibles.
1ª.- El levantamiento militar fue el colofón inevitable de un proceso revolucionario iniciado al amparo y al margen del gobierno de la República por unas organizaciones obreras y políticas que perseguían otros objetivos totalmente diferentes.
2ª.- El golpe militar fracasó en su intención de controlar el país en pocos días, pues no consiguió sus fines. Las fuerzas armadas, en especial la Aviación, la Escuadra y gran parte del Ejército permanecieron fieles a la República. Igualmente, las fuentes de riqueza quedaron en la zona republicana.
3ª.- Los propios gobiernos de la República consintiendo la barbarie y el caos que se implantó en su zona fueron los únicos culpables de que los enfrentamientos militares se fueran decantando del bando contrario. Permitieron el asesinato, por parte de la marinería, de gran parte de la oficialidad de Marina e inició una “caza de brujas” entre los oficiales del Ejército dejándolo en manos del partido comunista, que era contrario a la República y seguía estrictamente las órdenes de Stalin.
4ª.- El comportamiento incalificable y sectario de sus principales protagonistas (Azaña, Largo Caballero y Negrín) contribuyó al fracaso del proyecto republicano, a pesar de que posteriormente han intentado eludir sus verdaderas responsabilidades a través de sus escritos y Memorias
5ª.- La actitud desleal con la República, que les había concedido Estatutos de Autonomía, de los nacionalistas vascos y catalanes también contribuyó a la derrota. Los primeros, pactaron con Franco la entrega de Bilbao para asegurar sus vidas y sus bienes económicos. Los segundos, aprobando declaraciones de independencia que en nada favorecían al gobierno central.
6ª.- El trascendental papel jugado por la Unión Soviética en el conflicto español contribuyó todavía más a desvirtuar y desacreditar el proyecto republicano al tratar de convertirlo en una dictadura del proletariado similar a la implantada en su país.
7ª.- La actitud pasiva de los distintos gobiernos de la República obligó a muchos de sus adeptos a emigrar para salvar sus vidas. En este sentido la frase de Azaña, que aunque un pésimo gobernante no era tonto, es muy clarificadora al respecto:
“Que triste va a ser la vida de los republicanos, ya que gane quien gane la guerra jamás podrán regresar a España para vivir tranquilos”.
Era consciente de que si la República hubiese ganado la guerra, en España se habría instalado una dictadura comunista.
8ª.- La época de la República, en especial el periodo aquí relatado, fue un verdadero drama para la inmensa mayoría de los españoles que se empobrecían y quedaron desamparados a merced de unos indeseables que practicaron todo tipo de barbaridades, ante la pasividad incomprensible del gobierno de turno.
9ª.- Como sucede siempre en estos casos, los responsables directos de la tragedia, salieron de España, unos con más dignidad que otros, con las maletas llenas y vivieron su exilio dorado manteniendo un “fantasmagórico” gobierno republicano que justificaba su penosa existencia. Otros vivieron a costa del presupuesto soviético en pago a sus servicios.

A la vista de lo relatado, considero que el partido socialista debería permanecer prudentemente callado y no intentar falsear una realidad que la tozudez de los hechos desmiente por sí solos, e incluso sus propios compañeros, protagonistas de la situación, denunciaron cuando terminó la tragedia.


Madrid, 14 de abril de 2011

domingo, 6 de marzo de 2011

La 2ª República Española (2ª Parte)

Autor: Geromín
INTRODUCCIÓN
Proclamada la 2ª República de forma ilegal, como quedó expuesto en el artículo anterior, procede ahora describir los innumerables acontecimientos y sucesos que tuvieron lugar en España en el intervalo de tiempo que transcurre entre los años 1931 y 1936 en que estuvo vigente este régimen.
Para ello y con el fin de relatar con la mayor claridad posible esta etapa trágica de nuestra historia reciente, me ha parecido oportuno dividirla en tres periodos perfectamente definidos.
El primero, que comprende los años de 1931 a 1933 (Bienio Reformista) se caracteriza por el establecimiento del nuevo régimen republicano y también por la ilusión que había generado en el pueblo y en los ambientes intelectuales la llegada de la República como medio para modernizar unas estructuras arcaicas y depurar una clase política contaminada e inoperante. Lo que, en principio, podía pensarse que sería una etapa de paz social ante la expectativa creada, resultó ser todo lo contrario. Los anarquistas y comunistas empezaron de inmediato a provocar los primeros incidentes graves que se saldaron con numerosos muertos. También aparecieron los personalismos políticos y, lo que en mi opinión fue más repugnante, el espíritu de odio y revancha que se manifestó en algunos de los miembros del llamado “gobierno provisional”.
El segundo periodo, comprende los años 1934 y 1935 (Bienio Conservador) en el que dado el desorden y caos que había reinado en la etapa anterior se convocaron elecciones generales que fueron ganadas limpiamente por los partidos de derechas, pero el resultado no fue aceptado por los “demócratas” de izquierdas que comenzaron a desestabilizar la República, fomentando y apoyando todo tipo de actuaciones revolucionarias que culminaron con los lamentables sucesos de Asturias. Estos hechos generaron desconfianza entre los intelectuales y desilusión en el pueblo.
Y, finalmente, el tercero que transcurre entre los meses de febrero a julio de 1936 (Frente Popular) en el que, tras un periodo breve pero convulso, estalla la guerra civil como respuesta a un proceso revolucionario que, bien manejado por comunistas, anarquistas y socialistas, intentó implantar en España un régimen totalitario a imagen y semejanza del ruso.
Es curioso comprobar cómo los causantes de este desastre, constatando “a posteriori” la barbaridad que habían cometido, han intentado exculparse de sus responsabilidades a través de sus Memorias.
Al final, como siempre, el pueblo fue envenenado y empujado a implicarse en una feroz batalla, sin buenos ni malos, en la que se dio rienda suelta a los más bajos instintos del género humano. Los centenares de miles de muertos y exiliados fueron ciudadanos que, en su mayor parte, desconocían el motivo real de la contienda. Curiosamente, ninguno de los “padres” de esta desgracia sufrió sus consecuencias ya que al menor síntoma de peligro abandonaron el barco con las maletas repletas de “provisiones”. Para mejor comprensión de lo sucedido en cada periodo insertaré algunas declaraciones de sus protagonistas que hablan por sí solas del odio, del revanchismo y del sectarismo que anidaba en sus mentes.

1931-1933 (PERIODO REFORMISTA)

No había transcurrido un mes desde la constitución del llamado “gobierno provisional” cuando comenzaron las primeras algaradas callejeras. El 10 de mayo se inicia en Madrid una quema sistemática de conventos que posteriormente se extiende a otras regiones españolas. Solamente en Andalucía ardieron más de 100 con las consiguientes pérdidas de tesoros artísticos y expolio del patrimonio, ante la pasividad e incompetencia del Ministro de Gobernación, el conservador Miguel Maura y la grandilocuente frase de Manuel Azaña: “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”.
Alejandro Lerroux, más pragmático, afirmó: “La Iglesia no ha recibido con hostilidad a la República. Su influencia en un país tradicionalmente católico es evidente. Provocarla a luchar apenas nacido el nuevo régimen es impolítico e injusto y, por tanto, insensato”.
Evidentemente, primó el anticlericalismo de los masones (mayoría en el gobierno) sobre la sensatez. Seguidamente se produjo la expulsión del cardenal Segura, Primado de España, con lo que el enfrentamiento gratuito y provocado con la Iglesia estaba asegurado.
En el mismo mes de mayo, comenzaron las huelgas (pescadores, mineros, campesinos, metalúrgicos) y los levantamientos comunistas de Sevilla y Málaga que se saldaron con ocho obreros muertos. Igualmente, en Madrid, donde hubo que declarar el Estado de Guerra, se produjeron movilizaciones que acabaron con dos muertos. En San Sebastián, la ofensiva anarquista se hizo más violenta y fue reprimida por la guardia civil con otros ocho muertos.
A este “divertido panorama” se añadió la declaración, como buen masón, de Francisco Maciá instaurando el Estado catalán, para desestabilizar un poco más la República.
En esta situación convulsa se convocaron elecciones generales para Cortes Constituyentes que se celebraron el día 28 de junio con los partidos de derechas en plena descomposición por lo que el triunfo de las candidaturas de izquierda fue claro. De los 458 diputados elegidos, 149 estaban afiliados a alguna logia masónica, según se ha podido constatar en los archivos de Buenos Aires, lo que, en mi opinión, tiene un importante significado y explica, en parte, los acontecimientos futuros.
Recién constituidas las Cortes y para no dar tregua al gobierno, la CNT convoca una huelga general en Sevilla, en la que participa Ramón Franco, con graves disturbios callejeros que se salda con más de veinte muertos. Ortega publica en El Crisol un artículo titulado “El Aldabonazo” en el que termina diciendo: “Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron en el advenimiento de la República, dicen ahora, entre desasosegados y descontentos. ¡No es esto!, ¡No es esto!
En el Parlamento se debate la nueva Constitución que, dada la composición de la Cámara y los sectarismos antes mencionados, queda reflejada en un texto sectario y excluyente que constituiría otro punto de fricción en el futuro. Ésta se aprueba el día 9 de diciembre de 1931 y, a continuación, se elige a Niceto Alcalá Zamora como Presidente de la República y a Manuel Azaña como Jefe del Gobierno, a pesar de que su partido era minoritario en la Cámara. Ningún miembro del nuevo gobierno tenía experiencia de gestión y de mando, lo que podría explicar, en parte, su desorientación y el desorden que empezó a adueñarse de las calles.
Para “celebrar” este acontecimiento, la UGT y la CNT convocan, en el mes de diciembre, tres nuevas huelgas generales. La primera, en Badajoz, se salda con el asesinato salvaje, calificado así por el estado en que se encontraron los cadáveres, de los cuatro guardias civiles que había en Castilblanco; la segunda, en Arnedo, que termina con seis ciudadanos muertos a tiros; y la tercera, en el Alto Llobregat, que da lugar a una batalla campal que finaliza con más de treinta muertos.
Estos hechos llevaron a Pío Baroja a decir: “Los meses que llevamos de República han producido más muertos en las calles que los cuarenta años de Monarquía”.
Igualmente, en un mitin celebrado en el cine Ópera de Madrid, Ortega afirma: “Seis meses han bastado para que empiece a cundir en el país, desorden, descontento, desánimo, en suma, tristeza. ¿Por qué nos han hecho una República triste y agria? O mejor dicho ¿por qué nos han hecho una vida agria y triste, bajo la joven constelación de una República naciente?
Ante la incapacidad gubernamental de atajar los desordenes callejeros, se decide crear el Cuerpo de Seguridad y Asalto que sustituya a la Guardia Civil en las ciudades y refuerce la autoridad del gobierno frente a los continuos disturbios.
Mientras tanto, Manuel Azaña, que había ingresado en la logia masónica de la calle del Príncipe según reconoce en su propio diario, se reafirma en sus odios personales. Prosigue su persecución furibunda a la iglesia católica declarando que el único matrimonio válido es el civil y expulsando a los jesuitas, en enero de 1932, expropiándoles todas sus posesiones, alegando que obedecían a una autoridad distinta de la República.
Inicia, asimismo, una reforma drástica del ejército, pasando a la reserva a un gran número de jefes y oficiales, con lo que éste se queda sin mandos profesionales y lo que es peor, dividido en dos bandos irreconciliables: la UME (derechas) y la UMRA (izquierdas). Probablemente, esta reforma era necesaria, pero el procedimiento seguido de imposición sin diálogo, ni justo, fue el adecuado.
En poco menos de seis meses, la República se había granjeado, gratuitamente, la enemistad del Ejercito y de la Iglesia que, en principio, no habían rechazado la llegada del nuevo régimen, y mientras el pueblo pasando más hambre, pues el país se había empobrecido, la moneda fue devaluada y los salarios escasearon con motivo de las algaradas callejeras.
Muchos de los seis millones de obreros y jornaleros vieron cómo perdían el único ingreso familiar para subsistir.
Ortega volvió a afirmar: “La República ha dejado a los campesinos sin campo y a los jornaleros sin jornal en situación de hambre y desesperación, habiendo encendido sus esperanzas con promesas que luego ha incumplido”.
El gobierno pone en marcha una reforma educativa con el fin de elevar el nivel cultural de los campesinos que en su mayor parte, no sabían leer ni escribir. En algunas regiones el porcentaje de analfabetismo llegaba al 40%.
También elabora un plan de infraestructuras para mejorar las comunicaciones y solucionar el problema del agua en muchas zonas de España.
Asimismo se inicia una reforma agraria que distribuyese mejor las tierras terminando con los extensos y no bien explotados latifundios existentes sobre todo en Andalucía.
En agosto de 1932 se produce lo que se conoce como “la sanjurjada”. Un intento absurdo de golpe de estado protagonizado por el general Sanjurjo que fracasa por el poco seguimiento del estamento militar y el pésimo planteamiento de sus cabecillas. Curiosamente, este general era uno de los que había apoyado la proclamación de la República desde su puesto de Director General de la Guardia Civil.
Como respuesta incoherente del gobierno a este suceso, las Cortes aprueban el Estatuto de Cataluña que genera mayor inquietud y división en el resto de España.
Para empezar bien el año 1933 los anarquistas tenían preparada una insurrección a nivel nacional. Hubo brotes de violencia en distintas capitales españolas pero fundamentalmente en Andalucía, donde destacaron los sucesos de Casas Viejas, una pequeña población andaluza de 2.000 habitantes que se levantó en armas y tomó el pueblo. Después de una dura batalla con la guardia civil, solo quedó un reducto en el que se refugiaron una docena de campesinos que decidieron no rendirse. Los refuerzos llegados de Sevilla con la orden de disparar a matar cumplieron con su misión. Se produjo una masacre y el fusilamiento público de los apresados, con un total de veintitrés muertos. Este suceso tuvo una gran repercusión nacional y produjo un gran desgaste del gobierno de Azaña, al que se le atribuye la orden que dio al jefe militar, según se declaró en la Comisión parlamentaria: “Nada de prisioneros, tiros a la barriga”.
La pregunta que puede hacerse el lector es: ¿Cómo un pueblo en el que reinaba la miseria, los ciudadanos estaban en posesión de armas de fuego? La respuesta es clara, habían sido armados, previamente, por los anarquistas.
El propio Martínez Barrio que, posteriormente sería presidente del gobierno, afirmó: “Realizar un acto de esta crueldad deshonra el Poder público. Porque creo que hay algo peor que un régimen se pierda, y es que ese régimen caiga, enlodado, maldecido por la Historia, entre sangre, fango y lágrimas”.
En este año se calcula que hubo en España más de 1.000 huelgas, con la participación de 1.000.000 de huelguistas, lo que provocó un alza en los precios de los alimentos básicos, que como el pan afectaba fundamentalmente a la clase humilde, generando más hambre y desesperación.
Siguiendo en su línea, Azaña, so pretexto de la excesiva presencia de la Iglesia en la educación, presentó en el Parlamento la Ley de Confesiones y Congregaciones que impedía a esta institución dedicarse a la enseñanza y por tanto, dejar a más de 400.000 alumnos sin escuela, muchos de ellos hijos de trabajadores que acudían a centros religiosos gratuitos, circunstancia que produjo fuertes reacciones en la sociedad civil. Ante las constantes derrotas que venía sufriendo, el gobierno no tuvo más remedio que presentar la dimisión, lo que dio lugar a la convocatoria de elecciones generales a celebrar el 19 de noviembre, poniendo punto y final a este primer periodo que se caracterizó por el revanchismo y el odio por parte del gobierno hacia las instituciones tradicionales españolas.
Como resultado de esta situación inoperante, los intelectuales se distanciaron del nuevo régimen criticándolo abiertamente y el pueblo se sintió engañado por un sistema que, después de muchas promesas, no resolvía sus verdaderos problemas.
En el mes de octubre, José Antonio Primo de Rivera presentó Falange Española como nuevo partido político que aunque minoritario estaba dirigido por personas muy cualificadas y sus juventudes iban a ser tan activas y violentas como los comunistas pero en el extremo opuesto del espectro político.

1934-1935 (PERIODO CONSERVADOR)
La campaña electoral se desarrolló sin graves incidentes pero con discursos incendiarios que estimulaban el uso de la violencia. Los socialistas, con Prieto a la cabeza, utilizaron el lema: “A vencer el día 19 en las urnas y si somos derrotados, a vencer el día 20 en las calles”. El resultado fue un triunfo de los partidos de derechas que obtuvieron 5.400.000 votos, por 3.120.000 de las izquierdas.
Alcalá Zamora, después de muchas maquinaciones para que no gobernase Gil Robles, encargó a Lerroux la formación de un nuevo gobierno que lo conformó con miembros de su partido apoyado en el Parlamento por la CEDA. Este gobierno, como es clásico en nuestro país, dio un giro radical a su política y paralizó las reformas que, con mayor o menor fortuna, había iniciado el gobierno anterior. Esta circunstancia unida al triunfo de los extremismos en Europa (fascismo y comunismo) radicalizó todavía más la vida política en España. Se definieron dos grandes bloques irreconciliables: la derecha, formada por la CEDA, Renovación Española y Falange Española y la izquierda constituida por el PSOE, PCE, IR, CNT y ERC.
La izquierda como buenos “demócratas” y respetuosos con la voluntad popular no aceptó el dictamen de las urnas y según rezaba el lema electoral antes mencionado, se dedicó desde el primer momento a desestabilizar el gobierno promoviendo graves disturbios callejeros. El día 3 de febrero constituyeron el Comité Revolucionario, presidido por Largo Caballero, y en el que estaban, entre otros: Prieto y Santiago Carrillo. Este Comité empezó a armar a las clases obreras y a asaltar a la República para implantar la dictadura de partido, llamada del “proletariado”. Mientras en Cataluña, Esquerra Republicana preparaba la secesión de España.
Se produjeron permanentes altercados y huelgas en toda España, pero fue la entrada en el gobierno de tres ministros de la CEDA, en el mes de octubre, el detonante que aprovecharon para declarar una huelga general que no tuvo éxito, pues en gran parte del país fue reprimida por las fuerzas del orden con mayor o menor esfuerzo.
Lo más grave ocurrió en Asturias. Aquí la huelga general triunfó y degeneró en una verdadera revolución organizada y dirigida por la UGT y la CNT. Se asesinó a guardias civiles, ingenieros, técnicos, civiles, etc. Se quemó el Banco de España así como varios edificios oficiales y civiles. Ante esta situación revolucionaria, el gobierno envió a la Legión al mando del general Franco y se produjo una represión brutal que se zanjó con más de 4.000 muertos, miles de heridos, 30.000 encarcelados y muchos represaliados y exilados. Por cierto, el capitán Rodríguez Lozano, abuelo de Zapatero, participó activamente en esta limpieza de “rojos”
Esta situación llevó a Madariaga a afirmar: “La izquierda ha perdido toda la autoridad moral y la derecha se ha ganado al ejército”.
Los sucesos de Asturias dieron lugar a una campaña internacional en contra del gobierno que inundó de propaganda todo el continente, desvirtuando la realidad y presentándola como una lucha heroica del pueblo contra el fascismo, cuando lo sucedido era todo lo contrario, la defensa del estado de derecho por un gobierno legalmente establecido para hacer frente a una revolución marxista.
Sofocados estos levantamientos, se debería haber entrado en un periodo de relativa calma que permitiese solucionar los problemas de los ciudadanos, que era lo que realmente debía importar, pero los políticos, una vez más, se encargaron de que no fuera así. Se enzarzaron en sus luchas particulares provocando numerosas crisis de gobierno, en las que Alcalá Zamora se extralimitaba en sus funciones e intentaba imponer a personas de su entorno. Esta inestabilidad política se prolongó hasta finales del año 1935 en que estalló el “Escándalo del estraperlo” que afectó a numerosos altos cargos, sobre todo del partido republicano de Lerroux que se vio obligado a dimitir lo que, posteriormente, y ante la incapacidad de Alcalá Zamora para formar nuevo gobierno, desembocó en la disolución del Parlamento y convocatoria de nuevas elecciones generales para febrero de 1936, dos años antes de finalizar su mandato, cuando los partidos de derechas gozaban de una cómoda mayoría en la Cámara que podían haber aprovechado para gobernar sin sobresaltos y reconducir al país a una situación de normalidad.

FEBRERO 1936-JULIO 1936 (FRENTE POPULAR)
Para presentarse a las elecciones, los partidos de izquierda formaron una coalición antinatural pues se unieron partidos y organizaciones que se habían enfrentado violentamente en los años anteriores y perseguían objetivos diferentes como eran: PSOE, PCE, IR, POUM, ERC y CNT, que denominaron “Frente Popular”. Stanley Payne lo definió como “Tercera República” ya que esta sopa de letras promulgaba un sistema distinto al de la 2ª República y al final resultó ser la “puntilla” del régimen.
La coalición de la derecha estaba formada por: la CEDA, Renovación Española y Falange Española.
La campaña electoral se desarrolló dentro de una violencia extrema, como lo prueba el hecho de que veinticuatro jóvenes de los partidos de derechas fueron asesinados. Largo Caballero llegó a afirmar en un mitin: “Si la situación da la vuelta no respetaremos la vida de nuestros enemigos y si las derechas no son derrotadas, emplearemos otros medios para su aniquilamiento”.
Las elecciones se celebraron el día 16 de febrero, como es de suponer en un clima bastante alterado y aunque los resultados oficiales no se publicaron nunca, los resultados fueron los siguientes:
Derecha 4.510.000 votos
Izquierda 4.430.000 “
Centro 680.000 “
Se denunciaron muchas irregularidades en el recuento de los votos y en la anulación de votaciones en poblaciones donde había ganado la derecha.
Una ley electoral injusta dio lugar al siguiente reparto de escaños en la Cámara:
153 escaños a la derecha
265 escaños a la izquierda
54 escaños al centro
Al igual que cuando se proclamó la República, en esta ocasión también se vulneró la legalidad vigente, pues sin respetar los trámites y plazos establecidos en la Constitución y en la ley electoral, el día 19 de febrero, Manuel Azaña proclamó el nuevo gobierno y empezó a actuar como tal. Una vez más se cometía otra ilegalidad ante la pasividad y complicidad del presidente de la República y de los partidos de la oposición que permitieron esta tropelía.
Este mismo día empezaron los desórdenes callejeros, la quema de iglesias, las huelgas salvajes, los altercados, atentados, etc.; es decir, la violencia se adueñó de las calles.
Las Cortes se constituyeron el 3 de abril y en la sesión de apertura ya se planteó el cese de Alcalá Zamora como Presidente de la República, alegando que ya había disuelto las Cortes en dos ocasiones que era el número máximo que permitía la Constitución. Después de un debate intranscendente, se consumó el plan diseñado por Azaña y Prieto en su primera fase, que consistía en nombrar a Manuel Azaña, Presidente de la República. La segunda fase, que era designar a Prieto como Jefe del Gobierno, topó con la oposición frontal de Largo Caballero, que veía como su rival dentro del partido le sacaba ventaja. Así es que hubo que recurrir a un sustituto que fue Santiago Casares Quiroga, un político de segunda fila pero fiel a Azaña.
Como todos los “buenos servidores del pueblo”, la ceremonia de toma de posesión del Presidente fue un verdadero espectáculo de luz y sonido, similar a los que protagonizaba el Rey huido. Asimismo, se trasladó a vivir, temporalmente, al Palacio de El Pardo hasta que le preparasen el Palacio Real, que según él era el adecuado para su categoría.
Para exacerbar a las masas contra la Iglesia, los comunistas difundieron entre el pueblo el bulo de que los caramelos que se distribuían en los centros religiosos estaban envenenados y ya habían fallecido varios niños. El gobierno se vio obligado a desmentir esta calumnia informando que en ningún centro hospitalario se había producido un solo fallecimiento por esta causa, pero el daño y el objetivo fijado se había conseguido.
En los cuatro primeros meses del nuevo gobierno se produjeron los siguientes sucesos, debidamente contrastados:

270 asesinatos
1.300 heridos en las calles
150 atracos
375 iglesias quemadas total o parcialmente
390 centros cívicos o educativos destrozados
45 periódicos atacados o destruidos
115 huelgas generales
230 huelgas parciales
150 bombas explotadas
300.000 ha. ocupadas y sin cultivar por falta de medios

Este cúmulo de barbaridades dejó 800.000 parados y más hambre en el pueblo.
Azaña reconoció en sus Memorias que fue un periodo de impotencia y barullo. Pero la realidad es que no se actuó contra los autores de estos atropellos, solamente se encarceló a dirigentes y miembros de Falange Española.
Gregorio Marañón, otro de los padres espirituales de la República afirmo: “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez. Bestial infamia de esta gentuza inmunda. Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales y aún no habremos acabado. Y aún es mayor mi dolor por haber sido amigo de estos escarabajos”.
Esta situación prerrevolucionaria culminó con el “crimen de Estado” que le costó la vida al líder del Bloque Nacional, José Calvo Sotelo. Como siempre que sucede en estos casos, la versión oficial es que se trató de un acto aislado llevado a cabo por unos incontrolados en venganza por el asesinato del teniente Castillo.
El relato de lo acontecido, debidamente contrastado, es el siguiente:
El día 1 de julio, el diputado socialista Ángel Galarza afirmó en el Parlamento dirigiéndose a Calvo Sotelo, como anuncio premonitorio, y así consta en el diario de sesiones: “La violencia puede ser legítima en algún momento. Pensando en Su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida”.
A principios de julio, siguiendo órdenes del Ministerio cambiaron la escolta de Gil Robles y de Calvo Sotelo asignándoles personas desconocidas. La noche del día 12 salió del cuartel de Pontejos, la camioneta nº 17 al mando del capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, en la que iban siete guardias de asalto de la escolta personal de Prieto y cuatro pistoleros, entre ellos, Victoriano (Luís) Cuenca, persona de su absoluta confianza. Se dirigieron al domicilio de José María Gil Robles al que no encontraron pues se había ido a Biarritz con su familia. Parece ser que también intentaron localizar a Alejandro Lerroux y no lo consiguieron. A continuación fueron al de José Calvo Sotelo al que sacaron de casa con embustes. En el trayecto, Victoriano Cuenca le dio dos tiros en la nuca y le arrojaron al suelo en el cementerio del Este. Hay que apostillar que no se detuvo a ninguna persona ni se abrió comisión de investigación en el Parlamento, es más, el día 25 de julio, en la Sala en que se celebraba el juicio por este asesinato entraron milicianos socialistas y robaron el sumario oficial de la causa.
Entre tanto, la conspiración militar seguía con sus preparativos y organización. Cada salvajada que se producía como la relatada, aportaba nuevas adhesiones al golpe. Azaña presumía de conocer y controlar la situación y se jactaba diciendo que les dejaría actuar para que fracasaran como Sanjurjo y luego actuaría contra ellos. La única medida que tomó el gobierno fue alejar de Madrid a los generales más sospechosos. Así trasladó a Mola a Pamplona, a Franco a Canarias, a Goded a Baleares y a Varela a Cádiz, con lo que, en realidad, gozaron de mayor libertad de movimientos. Era tan soberbio que no captaba que la situación era totalmente diferente. Es más, generales como Queipo de Llano o Cabanellas, afectos a la República, se habían adherido a la sublevación. El mismo general Franco, indeciso hasta ese momento, se incorporó al alzamiento.
En este estado de cosas, la tarde del 17 de julio de 1936 se consumó el levantamiento del ejército de África que dio lugar al comienzo de la guerra civil, iniciándose un nuevo periodo en la vida de la República que se analizará en un artículo posterior.
Hasta aquí el relato verídico y debidamente contrastado de lo ocurrido en estos años aunque su lectura pueda resultar incómoda para algunas sensibilidades.

Seguidamente expondré mis conclusiones personales de esta etapa que, por supuesto, son opinables y rebatibles.
1ª.- La República, como nuevo régimen político, nació herida de muerte, pues colectivos tan importantes y activos, como los anarquistas de la CNT, los comunistas del PCE y gran parte de los socialistas de la UGT no la aceptaron desde el principio y la utilizaron como plataforma para la implantación en España de una revolución bolchevique. Para ello, contaban con la inestimable colaboración y apoyo económico de la “Komintern” (Tercera Internacional Comunista), controlada por Stalin.
2ª.- Los principales dirigentes políticos de la República sin experiencia alguna de gobierno, en especial, Manuel Azaña, dieron continuas muestras de su ineptitud para gobernar y se dejaron llevar por los odios y sectarismos personales, despreocupándose de los problemas reales de los ciudadanos que no eran la Iglesia ni el Ejército, sino el hambre y la miseria.
3ª.- Ninguna de las reformas planteadas por la República, en particular, la agraria llegaron a buen término, bien porque la corta duración de los gobiernos no lo permitía, o bien, porque, en realidad, estaban en un segundo plano de la batalla política. La República empobreció todavía más el país extendiendo el hambre y la miseria a un mayor número de ciudadanos que se encontraron sin jornal por causa de los disturbios.
4ª.- Los intelectuales y el pueblo que habían apoyado sin fisuras la llegada del nuevo régimen pronto se vieron desilusionados por el devenir de los acontecimientos, se alejaron de este proyecto e incluso algunos llegaron a temer por sus vidas y se fueron de España.
5ª.- El comportamiento execrable del partido socialista que de la mano de Largo Caballero, fue radicalizando su postura alejándose del espíritu de la República. No aceptó el resultado de las urnas, organizó la revolución de Asturias y terminó siendo una marioneta del partido comunista que le llevó a su planteamiento revolucionario.
6ª.- Los partidos de derechas con Gil Robles a la cabeza, tampoco supieron ejercer el poder cuando las urnas les habían otorgado la posibilidad de reconducir una situación caótica. Se enzarzaron en batallas cainitas que les impidió dedicarse a lo que el pueblo demandaba que era comer y trabajar.
7ª.- La llegada al poder del Frente Popular radicalizó aún más, si cabe, la situación en España. Los bloques que se habían ido perfilando a lo largo de estos años, se enrocaron en sus posturas e hicieron inviable cualquier salida pacífica del problema. Se produjo una verdadera orgía de asesinatos, incendios, vandalismos, saqueos, invasiones de fincas, etc. Es decir, un doble movimiento de destrucción de la legalidad republicana desde el gobierno y de avances revolucionarios desde la calle.
8ª.- La República liberal estaba muerta antes de que se produjese el alzamiento militar, como afirmó Gregorio Marañón desde su exilio en París. Se habían anulado las instituciones y la revolución bolchevique tan admirada por los “demócratas” de la época estaba en marcha. Sirva como ejemplo lo que sucedía en Cataluña, donde el gobierno central y el de la Generalidad eran incapaces de controlar los desmanes de los anarquistas y de los comunistas que actuaban sin acatar orden alguna para cometer todo tipo de actos vandálicos.


Madrid, 7 de marzo de 2011

martes, 22 de febrero de 2011

La 2ª República Española (1ª Parte)

Autor: Geromín
INTRODUCCIÓN
En los momentos actuales en los que el gobierno socialista y los medios de comunicación a su servicio, públicos y privados, están inmersos en una permanente campaña mediática de intoxicación, para presentar ante la opinión pública la llegada de la 2ª República como un proyecto de modernización de España llevado a cabo por personas honestas y que transcurría de forma pacífica hasta que fue abortado brutalmente por una sublevación militar alentada y apoyada por las fuerzas reaccionarias, me parece mental y culturalmente saludable, redactar unas líneas para describir cómo se gestó y proclamó el cambio de régimen, así como el clima de violencia y terror en que se vivió gran parte de este periodo trágico de nuestra historia reciente.
Para ello, me limitaré a exponer hechos y comportamientos que están debidamente documentados y por tanto fuera de toda discusión. Igualmente, he tomado como libros de consulta las Memorias escritas por sus protagonistas, de uno y otro bando, que supongo se ceñirán a lo que ellos vivieron en esa época.
En ningún momento pretendo escribir un tratado de historia porque no me considero experto y, además, el lector interesado tiene a su alcance innumerables publicaciones al respecto. Solamente se trata de un análisis sobre este episodio que, en mi opinión, pone de manifiesto, una vez más, el engaño al que fue sometido el pueblo que al final, como siempre, pagó muy duramente con sus vidas o el exilio, las consecuencias derivadas de las conductas de unos políticos irresponsables y sectarios que atendiendo consignas extranjeras o guiados por revanchismos u odios personales desvirtuaron el planteamiento inicial que había ilusionado a un pueblo deseoso de cambiar unas estructuras sociales obsoletas, e intentaron implantar en nuestro país un sistema totalitario a semejanza del vigente en esos momentos en la Unión Soviética.
A fin de facilitar la comprensión de lo ocurrido y no alargar excesivamente el contenido, me ha parecido aconsejable presentar, en cuatro entregas, el relato completo de los acontecimientos. En la primera, a la que corresponde este artículo, se analiza la situación en la que se encontraba España en el primer tercio del siglo XX, así como los prolegómenos y la proclamación de la 2ª República. En la segunda, que se expondrá en otro artículo, se relatarán los hechos acontecidos durante el periodo de tiempo transcurrido entre los años 1931 y 1936 en que estuvo vigente este régimen. En la tercera, se describirá lo sucedido durante la guerra civil, con exclusión de las acciones bélicas que no son objeto de este trabajo. Y, finalmente, en la cuarta, se incluirán unas breves semblanzas biográficas de aquellos personajes que, en mi opinión, fueron los causantes del fracaso de la República.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS
En los albores del siglo XX, España se encontraba en una situación política, social, económica y cultural bastante penosa. El país no se había recuperado emocionalmente de la pérdida, en el año 1898, de Cuba, Filipinas y Puerto Rico, últimas colonias del imperio.
Tampoco se había repuesto económicamente de los gastos ocasionados por las guerras carlistas del siglo XIX y las que tuvo que financiar en defensa de las colonias, excesivamente alejadas de la metrópoli.
En el Parlamento estaban representados un excesivo número de partidos políticos que provocaban permanentes crisis de gobierno. Baste decir que estos tenían una duración media de cinco meses.
Alfonso XIII tenía 16 años cuando, en el año 1902, asumió la Jefatura del Estado y muy pronto empezó a dar muestras de su ligereza, caprichos y afición por participar en la política como consecuencia, probablemente, de su edad. El caciquismo se imponía en el mundo rural como forma de gobierno. Las elecciones generales estaban manipuladas y siempre las ganaban uno de los dos grandes partidos, el liberal o el conservador, con escasa o nula repercusión práctica en los ciudadanos.
Los jornaleros vivían pobremente a expensas de su trabajo y de los míseros salarios que les ofrecían los grandes terratenientes, dueños de casi todo el territorio nacional. En el emergente campo industrial, los anarquistas al amparo de la CNT, convocaban numerosas huelgas generales (1902, 1909, 1911 y 1916) y promovían disturbios de forma casi permanente, acompañados de enfrentamientos sangrientos con los empresarios. Entre 1917 y 1922 hubo, sólo en Barcelona, más de 800 asesinatos.
En el año 1909, tiene lugar la llamada “Semana Trágica de Barcelona”, que se inicia por el embarque de tropas para Marruecos y por las muertes ocurridas en la Guerra de África, hechos que provocaron una gran indignación, pues se trataba de trabajadores reclutados a la fuerza que eran los que aportaban el dinero a sus familias y, por tanto, éstas quedaban totalmente desprotegidas. Los adinerados abonaban una cuota y se libraban de ir a África. Este episodio se cierra con una dura represión que supuso cinco condenas de muerte, entre ellas la de Francisco Ferrer, un masón enloquecido, como le definió Unamuno, que fue el verdadero instigador de la revuelta, así como cientos de encarcelados y otros muchos exiliados.
En 1911 y 1921 son asesinados, por anarquistas, Eduardo Dato y José Canalejas, dos ex presidentes de gobierno, así como el arzobispo de Zaragoza.
En el año 1921 se produce el conocido como “Desastre de Annual”, en el que las tropas españolas sufrieron una dolorosa derrota en la guerra de África, con más de 5.000 muertos. Esta cifra fue incrementándose en posteriores enfrentamientos militares de esta guerra.
Ante la situación convulsa generada y la inutilidad del gobierno y del Rey para hacerla frente, el 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera se sublevaba en Barcelona anunciando que tomaba el poder para sí y para el ejército. Rápidamente, Alfonso XIII, sin pensárselo más, suspende sus vacaciones y da validez legal a su pronunciamiento nombrándole presidente del gobierno, con lo que comienza un periodo de dictadura que, curiosamente, fue bien recibido por todos los estamentos sociales, dado el caos y el desorden descrito. Dejó en suspenso la Constitución del año 1876 y prohibió la actividad de los partidos políticos.
En la primera fase de su mandato, Primo de Rivera se rodeó de militares, pero posteriormente nombró un directorio civil para las tareas de gobierno y formó una Asamblea Nacional. Se inició una etapa en la que, a costa de sacrificar las libertades políticas, se consiguieron grandes mejoras en la situación del país. Se puso fin, de forma victoriosa, a la guerra de África mediante una alianza con Francia. Se crearon grandes empresas, como Telefónica, Tabacalera, CAMPSA, Transmediterránea,… etc. Se construyeron pantanos y otras infraestructuras que mejoraron las comunicaciones. Se celebraron las exposiciones universales de Barcelona y Sevilla de gran repercusión internacional. Tuvo que sofocar una insubordinación militar inspirada por elementos fascistas, conocida como “La Sanjuanada” por haber tenido lugar el 24 de junio.
En este clima de relativo sosiego social, Alfonso XIII con afán de protagonismo y dejándose llevar por cortesanos ansiosos de poder, comienza a desestabilizar a Primo de Rivera con intrigas palaciegas e incluso pidiéndole su dimisión. Esta circunstancia unida a su delicado estado de salud le empujaron a presentarla el 28 de enero de 1930. Se exilió en París, donde falleció a los tres meses, víctima de un coma diabético.
Seguidamente, el Rey encarga al general Berenguer, uno de los responsables del Desastre de Annual, la formación de un nuevo gobierno, cuya primera medida es autorizar las actividades de los partidos políticos. Simultáneamente, hace público un Manifiesto en el que pretende exculparse de su apoyo a Primo de Rivera alegando que él mismo se había considerado prisionero de la dictadura, lo que provoca un completo rechazo de toda la clase política y de los intelectuales por la falsedad de sus argumentos.

PROLEGÓMENOS Y PROCLAMACIÓN DE LA 2ª REPÚBLICA
En este nuevo contexto, los políticos que habían permanecido mudos y controlados durante los seis años de la dictadura, comienzan una carrera frenética para situarse en un buen puesto de salida ante los inminentes cambios que se iban a producir en España.
Para describir lo sucedido en esos días en los que se fraguó la llegada de la República, me he basado en los datos aportados por Miguel Maura, uno de los protagonistas, que proporciona la versión desde el bando republicano en su libro titulado: “Así cayó Alfonso XIII”. También en las Memorias del Conde de Romanones, asimismo protagonista de los hechos, por ser Ministro del Gobierno y persona muy próxima al Rey. Y finalmente, en las anotaciones del general Mola, a la sazón Director General de Seguridad, que facilitan la comprensión de los distintos acontecimientos.
La clase política, conocedora del comportamiento de Alfonso XIII, fue consciente de que la Monarquía había entrado en una fase agónica, y en base a ello, destacados políticos del bando monárquico como: Alcalá Zamora, Miguel Maura, Sánchez Guerra y Ossorio, se manifestaron públicamente a favor de la opción republicana en los diferentes mítines y conferencias que pronunciaron a lo largo y ancho del país. Estas deserciones, unidas a la pasividad del Rey y de su gobierno para contraatacar y defender su opción política, animaron a los republicanos a proseguir con sus actuaciones.
Después de varios contactos previos, el 17 de agosto de 1930, se reunieron en San Sebastián, un grupo importante de intelectuales y de políticos de todas las tendencias que, sin firmar documento alguno alcanzaron unos acuerdos que son conocidos como: “El Pacto de San Sebastián”. Se constituyó un Comité que trabajaría en la preparación de un proyecto político para conseguir la proclamación de la República. Llama la atención que en este comité, no estuviera Alejandro Lerroux que era el único que tenía detrás a un partido republicano consolidado, lo que, en mi opinión, pone de manifiesto que desde el principio las desavenencias personales estuvieron presentes en este movimiento, como se fue constatando con el paso de los años.
Este Comité se reunía habitualmente en el Ateneo de Madrid y en el mes de octubre, designó un “gobierno provisional” presidido por Niceto Alcalá Zamora y en el que estaban, entre otros, como miembros más destacados: Maura, Lerroux, Azaña, Prieto, Largo Caballero, Martínez Barrios y Fernando de los Ríos. Se fijó la fecha del 15 de diciembre para llevar a cabo un pronunciamiento militar, acompañado de una huelga general que conduciría a la consecución del objetivo marcado.
Es curioso comprobar cómo demócratas de izquierda recurren a los alzamientos militares cuando favorecen sus intereses y, en cambio, les critican acerbamente cuando son de signo contrario a sus ideas.
Es necesario resaltar que todos estos planes y movimientos eran conocidos por el gobierno Berenguer y por el Rey, según consta en los informes elaborados por el general Mola.
El pronunciamiento militar fracasó porque el día 13 de diciembre, dos días antes de lo acordado, el capitán Fermín Galán, con afán de notoriedad, se adelantó y se sublevó en la guarnición de Jaca. Evidentemente, esta sublevación fue controlada y el citado capitán, juzgado y fusilado.
Al día siguiente, el gobierno Berenguer procedió a la detención de todos los miembros del denominado “gobierno provisional”, con excepción de Prieto que había huido a Francia; de Lerroux que permaneció en su residencia de San Rafael, sin que fueran a por él; y de Azaña, que estuvo escondido durante cuatro meses en la buhardilla de la casa de su cuñado.
El 15 de noviembre, Ortega y Gasset publicó en El Sol, un artículo muy duro contra el Rey que terminaba con la célebre frase: “Delenda est monarchia”.
En el mes de febrero de 1931 nace una nueva publicación fundada por Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, titulada: “Agrupación al servicio de la República”. En su manifiesto inicial vuelve a atacar a la Corona y terminaba con la siguiente frase: “La República será el símbolo de que los españoles se han resuelto por fin a tomar briosamente en sus manos propias su propio e intransferible destino”.
Como fácilmente puede deducirse de los párrafos anteriores, la clase intelectual había apostado abiertamente por la opción republicana ante el desprecio que había sufrido por parte del Rey que en ningún momento de su reinado la consultó.
En este mes de febrero, se produce una nueva crisis de gobierno y el Rey encarga al almirante Aznar la formación de uno nuevo que se nutre de políticos totalmente desacreditados por su anterior trayectoria, como son: el conde Romanones, el duque de Alhucemas, el marqués de Hoyos, el propio general Berenguer o Juan de la Cierva, con lo que cava su propia tumba antes de tomar posesión.
La primera decisión que adopta este gobierno es convocar elecciones municipales para el día 12 de abril y posponer las generales para el mes de octubre.
Se celebra el consejo de guerra para juzgar a los detenidos de la cárcel modelo que son condenados a penas mínimas, lo que les supone la inmediata puesta en libertad, aunque basándonos en el testimonio de Miguel Maura su paso por la cárcel fue como estar en un hotel con todo tipo de comodidades.
La primera vuelta de las elecciones se celebra el día 5 y se salda con el siguiente balance:
11.687 concejales monárquicos
1.391 concejales republicanos
La segunda vuelta tiene lugar el día 12, se celebra en un clima de tranquilidad y aporta los siguientes resultados:
25.150 concejales monárquicos
5.875 concejales republicanos
Quedaron 52.000 concejalías sin asignar por la tardanza en llegar los datos. Estos se publicarían, curiosamente, en el año 1932 por el Instituto Nacional de Estadística y no por el Ministerio de Gobernación, como era su obligación, pero se mantuvo ese mismo porcentaje de concejales entre ambas opciones.
Es claro, que las elecciones las ganaron los monárquicos; sin embargo en las grandes ciudades triunfaron las candidaturas republicanas.
A partir de este momento y durante los días 13 y 14 de abril se producen una serie de acontecimientos dignos de ser incluidos en la “Antología del Disparate”, que voy a intentar describir de la forma más concreta posible.
En el bando monárquico, el gobierno se reúne los días 12 y 13 para analizar los resultados de las elecciones, pero no toma iniciativa alguna para mantener el orden en el caso de que se produjeran manifestaciones o disturbios y tampoco prepara un plan de gobierno para afrontar la posible crisis. Por su parte, el general Berenguer, sin conocimiento de sus compañeros de gobierno, remite un telegrama a todas las autoridades militares en el que les pide serenidad por los intereses de la patria, en otras palabras, que se abstengan de cualquier intervención militar. A su vez, el conde de Romanones, también a titulo personal, despacha con el Rey y le aconseja que por su seguridad salga de España a la mayor brevedad posible. Ante esta sugerencia, Alfonso XIII, temeroso de que le ocurriese lo que a la familia Romanov en Rusia, llama al general Sanjurjo, Director General de la Guardia Civil y le pide la preparación de un itinerario seguro para salir rápidamente de España.
En la reunión del gabinete del día 13 a la que asiste el general Sanjurjo, el presidente Aznar le pregunta si puede contar con la guardia civil para garantizar el orden. Éste, conociendo los planes del Rey, le contesta que no está dispuesto a contener un levantamiento contra la monarquía. Respuesta que termina por derrumbar anímicamente al gobierno que decide presentar su dimisión al Rey.
A las nueve de la noche del día 14, Alfonso XIII acompañado de su hijo Alfonso, pues la Reina se negó a abandonar Madrid de esta forma tan humillante, abandona el Palacio de Oriente por una puerta de servicio, conduciendo su coche a una velocidad tal que su escolta no puede seguirle. Llega a Cartagena a las 4 de la madrugada y se embarca rápidamente en el crucero Príncipe Alfonso, que le tenía preparado el almirante Rivera, con destino oficialmente desconocido, aunque éste era Marsella.
Antes de huir, nos dejó un Manifiesto que no me resisto a incluir en este artículo por lo que representa de hipocresía y cobardía. Tal “perla literaria” dice lo siguiente:

“Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo, porque procuré siempre servir a España, puesto el único afán en el interés público hasta en las más críticas coyunturas. Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez; pero sé bien que nuestra patria se mostró en todo tiempo generosa ante las culpas sin malicia.
Soy el Rey de todos los españoles, y también un español; Hallaría medios, sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil. No renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósito acumulado por la Historia, de cuya custodia ha de pedirme un día cuenta rigurosa. Espero a conocer la auténtica y adecuada expresión de la conciencia colectiva, y mientras habla la nación suspendo deliberadamente el ejercicio del Poder real y me aparto de España, reconociéndola así como única señora de sus destinos.
También ahora creo cumplir el deber que me dicta mi amor a la Patria. Pido a Dios que tan hondo como yo lo sientan y lo cumplan los demás españoles”.

Mientras tanto, en el bando republicano, informado puntualmente de los acontecimientos por sus infiltrados en las filas monárquicas, crece el optimismo ante una situación que les está entregando el poder bajo el lema “sálvese quien pueda”. Se producen manifestaciones a favor de la República que no son reprendidas por las fuerzas del orden.
El día 14, por la mañana, la ciudad de Eibar declara la República e iza su bandera en el Ayuntamiento de la localidad. Ante la pasividad de las autoridades con este hecho, Barcelona, Valencia y otras capitales siguen su ejemplo.
El “gobierno provisional” espera a ser convocado por el gobierno legal para tratar sobre la situación creada. Como esta circunstancia no se produce, a las ocho de la tarde del día 14, Alcalá Zamora y Maura deciden ir al Ministerio de Gobernación para entrevistarse con el ministro. Allí no encuentran a ningún alto cargo, es más, se enteran que después de la reunión del gabinete y sin facilitar comunicado alguno, cada ministro se había ido a su casa. Ante este panorama convocan al resto de sus compañeros de gabinete que se encontraban en Madrid para celebrar una reunión de emergencia en el propio Ministerio. Acuerdan llamar a los responsables de la Gaceta de Madrid para dictar los decretos de nombramiento de los nuevos ministros que aparecerán al día siguiente en este boletín, de forma ilegal, pues carecían de la firma de las personas autorizadas y del refrendo del Jefe del Estado.
Miguel Maura relata, que estando, esa misma noche, en el despacho del Ministerio preparando el viaje de la “familia real” para el día siguiente, que partiría en tren hacia El Escorial, con destino Irún, y luego pasar a Francia, recibe una llamada desde Cartagena anunciándole que el crucero Príncipe Alfonso con el Rey a bordo ha salido sin novedad con rumbo desconocido. Evidentemente no se lo podía creer, por lo que tuvo que comprobarlo en la Comandancia de Marina de esa localidad. Por este medio, los republicanos y muchos monárquicos tuvieron conocimiento de la escapada del Jefe del Estado. La Reina, con el resto de sus hijos, con más dignidad que su esposo, abandonó España, como he indicado anteriormente, debidamente escoltada y sin incidente alguno.
En esta rocambolesca situación, el día 15 de abril, la Gaceta de Madrid publicó los decretos citados y se proclamó de forma irregular la 2ª República, en un Estado que se denominaba democrático y de derecho.
A la vista de lo expuesto he intentado buscar razonamientos lógicos a lo sucedido en estos días complicados, y ello me ha llevado a sacar las siguientes conclusiones:

1ª.- La clase política, tanto conservadora como liberal, el estamento militar y los intelectuales estaban hartos de las frivolidades, aventuras amorosas e intrigas palaciegas de Alfonso XIII, por lo que aceptaron el juego del bando republicano y se dejaron llevar por los acontecimientos.
2ª.- Lo que habían sido una simples elecciones municipales, que ganaron los candidatos monárquicos con mayoría aplastante, fueron aprovechadas por ambas partes para convertirlas en un plebiscito urbano a la Monarquía, no teniendo en cuenta el voto rural que fue mayoritariamente favorable a esta institución.
3ª.- La ambición de poder en el bando republicano, le privó de haber llevado a cabo el cambio de régimen, que parecía inevitable de acuerdo con las reglas de juego en un estado de derecho; es decir, pactar con el gobierno legalmente establecido el adelantamiento de las elecciones generales y como resultado de las mismas, en el nuevo Parlamento con supuesta mayoría republicana, haber aprobado la proclamación de la República.
El sistema seguido debe ser calificado como un “golpe de estado” favorecido por la complicidad del gobierno y la huida del Rey.
4ª.- El comportamiento de Alfonso XIII ante esta situación fue de una cobardía e irresponsabilidad absoluta, abandonando, con nocturnidad y alevosía, la Jefatura del Estado sin haber designado una persona que podría haber facilitado un ordenado traspaso de poderes y evitado incidentes graves que por suerte no se produjeron en ese momento, pero sí, cinco años más tarde con una violencia extrema.
5ª.- A tenor de lo relatado carecen de fundamento las reiteradas manifestaciones de Juan de Borbón, hijo del fugitivo, atribuyéndose la legitimidad histórica de una dinastía cuyo depositario huyó y abandonó el país de la forma más cobarde que uno pueda imaginarse. Nunca fue capaz de comprender que si su hijo Juan Carlos fue Rey de España se debió a una decisión personal del general Franco, pero no en virtud de unos derechos dinásticos. Es decir, hubo una instauración de la monarquía y no una reinstauración como nos intentan vender los monárquicos. De ahí que yo calificara de “esperpéntico” el acto que tuvo lugar en el año 1977, de renuncia a sus derechos dinásticos por parte de Juan de Borbón.



Madrid, 3 de febrero de 2011

domingo, 13 de diciembre de 2009

El Problema Vasco

EL PROBLEMA VASCO

Autor: Geromín
Al cumplirse cincuenta años de la aparición pública de la banda criminal ETA, me parece oportuno plasmar en el presente escrito unas breves reflexiones sobre las repercusiones que ha tenido este hecho en la sociedad vasca en particular, y sobre la española en general.
Si en la actualidad se realizase una encuesta a nivel nacional, preguntando: ¿Cuál es a su juicio, el principal problema del País Vasco? Estoy convencido de que un porcentaje muy elevado de respuestas, superior probablemente al 80%, coincidirían en que es la banda terrorista ETA.
Como personalmente no estaría de acuerdo con este resultado, en el presente artículo voy a exponer mis argumentos para justificar esta discrepancia.
En mi opinión, la situación actual es el fruto de cincuenta años de engaño a un pueblo, de los cuales, durante treinta, ha estado sometido a una férrea dictadura encubierta. En el proceso de opresión de la sociedad vasca y de su intoxicación, hay tres verdaderos culpables y luego una serie de colaboradores, activos o pasivos, que con su actitud ante el problema han favorecido o consentido esta triste realidad.
A modo de síntesis, el esquema sería el siguiente:
* MÁXIMOS RESPONSABLES Y BENEFICIARIOS DE LA SITUACIÓN:
Partido Nacionalista Vasco
Iglesia Católica Vasca
Banda Terrorista
* COLABORADORES:
Partido Socialista Obrero Español y Partido Comunista
“Tontos útiles”: periodistas, artistas, etc.
Burguesía vasca
Sociedad vasca
Francia

Vamos a ir analizando el comportamiento de cada uno de los integrantes de esta macabra relación.


1.- El Partido Nacionalista Vasco (PNV)
El PNV creado por Sabino Arana a finales del siglo XIX, sigue al pie de la letra, cuando le interesa, la doctrina de su fundador, una persona resentida por la pérdida de los bienes de su familia como consecuencia de las guerras carlistas, y de ideas reaccionarias y xenófobas. Todos sus escritos destilan odio contra todo aquello que se aparte de sus planteamientos racistas y supongan libertad y properidad.
Tal personaje falseó la historia, se inventó batallas que no existieron y declaró la “guerra santa” al liberalismo, al progreso y por supuesto a España, como estado represor de un pueblo llamado por Dios para salvar a la humanidad del demonio.
Lo que muchos vascos ignoran es que, durante la Guerra Civil, los dirigentes de este partido pactaron con Franco y el célebre “cinturón de hierro” de Bilbao, se disolvió como un azucarillo en un vaso de agua a la llegada de las tropas nacionales y no contentos con este comportamiento, financiaron al bando nacional para salvar sus patrimonios, dejando al pueblo vasco a merced de los avatares de la guerra. Todo ello como prueba de la cobardía que les caracteriza y traicionando a la República que les había otorgado un Estatuto de autonomía.
Posteriormente, iniciaron una serie de contactos con los nazis a través de su lehendakari, José Antonio Aguirre, que se trasladó durante cuatro meses a Berlín para intentar cerrar un acuerdo de colaboración con Hitler, prestándole sus ”gudaris” a condición de que en la nueva Europa fascista, el País Vasco tuviese su propia personalidad. Fracasado en su intento, este demócrata se convirtió en un agente de la CIA, para espiar a los partidos políticos latinoamericanos, según consta en los archivos desclasificados de esta organización.
Existe un documento de la época, muy esclarecedor, elaborado por la dirección del partido, ensalzando la política racista de Hitler y su teoría acerca de la raza aria.
Durante la etapa franquista, colaboraron eficazmente con este régimen e incluso el Ayuntamiento de San Sebastián, por unanimidad, ofreció al Jefe del Estado el Palacio de Ayete para que disfrutase de sus vacaciones estivales, como estuvo haciendo durante treinta y cinco años, con el beneplácito de los nacionalistas.
Próximo el fin del régimen franquista, y conscientes de la debilidad del sistema, empiezan a maniobrar de nuevo dirigidos por Javier Arzallus, otro personaje siniestro, hijo de requeté, ex jesuita, de formación nazi y de ideas reaccionarias. En su delirio xenófobo llegó a afirmar que a los vascos se les puede distinguir, entre otras muchas peculiaridades, por la forma geométrica de su culo.
El PNV diseña, junto con el clero vasco, una estrategia de largo alcance, similar a la que se desarrolló en Alemania contra los judíos, en los años previos a la 2ª Guerra Mundial. Para ello necesitan crear una banda de asesinos, parecida a las juventudes hitlerianas que lleve el terror a las calles y realice el trabajo sucio del proyecto. Es de sobra conocida la frase: “Ellos mueven los árboles y nosotros recogemos las nueces”.
Conseguido el gobierno regional, con la colaboración del partido socialista obrero español, inician un proceso de limpieza étnica y de intoxicación a la población. Manipularon los textos educativos y en las ikastolas se impartía odio hacia todo lo español. Consintieron y fomentaron la barbarie callejera llevando el terror a las calles como medida intimidatoria para todos los ciudadanos que no compartiesen las ideas nacionalistas, dando órdenes muy estrictas para que no actuase la policía vasca, En todo este periodo de tiempo, esta policía no capturó un solo comando terrorista. Con todo ello, consiguieron que más de 300.000 vascos tuvieran que emigrar de su tierra a otras zonas de España para poder vivir tranquilos. Y para mayor escarnio de la democracia designaron a Yosu Ternera, actualmente en “busca y captura” por su participación en diversos asesinatos, para que formara parte de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco.
¡Nunca una cámara de representación popular había caído tan bajo!
En esta línea de despropósitos, mandaron retirar la bandera española de todos los edificios públicos. Tuvieron la vileza de ensalzar a los asesinos haciendo caso omiso de los asesinados. Marginaron a los familiares de las víctimas, despreciando su dolor, …etc, …etc. Podría seguir enumerando una serie de barbaridades y vejaciones que impusieron al pueblo vasco que lamentablemente no tuvo más remedio que adaptarse llegando a considerar como “normal” esta penosa situación.
El “victimismo” y el chantaje han sido sus grandes banderas. Odian a España pero se llevan todo lo que pueden de los Presupuestos Generales del Estado aunque sea a costa de renunciar a sus teóricos principios ideológicos, como hemos comprobado recientemente al votar favorablemente la tramitación de la llamada “ley del aborto”. ¿Qué opinarán sus seguidores que se consideran católicos, apostólicos y romanos?
¿Qué pensaría el ultramontano Sabino Arana de este comportamiento?
Persiguen el castellano, pero se expresan y escriben en este idioma cuando desean transmitir la información que les interesa. Siempre amenazan con su independencia de España, cuando son conscientes de que la oligarquía vasca no lo consentiría jamás pues se terminarían sus negocios y tendrían que cerrar las fábricas.
Esta deleznable labor que han llevado a cabo durante treinta años ha gozado de la permisividad incomprensible del resto de partidos políticos, de los agentes sociales y de algunos medios de comunicación, como ahora veremos.


2.- La Iglesia católica vasca
El comportamiento de esta institución durante los treinta años a que nos referimos ha sido bastante lamentable por no calificarla de repugnante. Por motivos profesionales estuve trabajando en la provincia de Guipúzcoa entre los años 1967 y 1972, y pude ver de primera mano la actitud del clero. Las homilías dominicales que se leían en las iglesias eran auténticas soflamas revolucionarias incitando a la violencia y acusando a los “españoles” de ser los genocidas del pueblo vasco. Inculcaban el odio en los ciudadanos, amparados, por supuesto, por sus obispos entre los que destacaba José Mª Setién, otro tenebroso individuo a tener en cuenta, que no tuvo ningún reparo, como el resto de sus colegas, para acoger en las iglesias, bajo palio, al anterior Jefe del Estado y rendirle cuantas pleitesías fuese necesarias.
También presencié cómo en el Santuario de Nuestra Señora de Aranzazu, se cobijaba a todos los jóvenes que se encontraban implicados en el proceso de creación de la banda terrorista. En este santuario encontraban refugio los que se veían perseguidos por la policía. Allí también se celebraban las reuniones clandestinas.
Cuando moría algún etarra en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad se preparaban fastuosos funerales donde se les daba el tratamiento de héroes nacionales que habían caído en defensa de un pueblo oprimido. Estas ceremonias se negaban a los familiares de los asesinados con el pretexto de no introducir mayor crispación en la sociedad. Curiosa interpretación de la iglesia de lo que debe ser su misión terrenal.
El clero participó activamente en la creación de la banda terrorista, aportando no sólo personas, pues como es sabido, entre sus fundadores había muchos ex seminaristas, sino también infraestructura para el movimiento y cobertura de sus miembros.
Esta actitud unida a la del PNV llevaba a la juventud a tomar la senda de la violencia pues veían como se veneraba a los asesinos. Les anularon como personas para manejarlos de igual modo que a los “kamikaces” japoneses o a los “suicidas” islamistas.
Posteriormente, y ante la brutalidad de los asesinos, la iglesia vasca se vio obligada a “dulcificar” su mensaje, condenando “tibiamente” los asesinatos, pero jamás adoptó una postura clara frente a los mismos. Para el clero vasco no existe el quinto mandamiento de la ley de Dios, pues lo fundamental es la liberación del pueblo oprimido, aunque para ello hubiese que matar a seres inocentes.
La Conferencia Episcopal española se queja de la pasividad de los católicos ante otros problemas de la sociedad y no es consciente de que ella debería haber dado ejemplo tomando postura clara ante lo sucedido en el País Vasco, pero evidentemente no podía hacerlo porque era cómplice directo del problema.
Han consentido y silenciado que el párroco de Maruri haya tenido que abandonar su parroquia después de 34 años por no plegarse a los dictados nacionalistas.
Es muy difícil para los creyentes entender la postura de los obispos españoles y del propio Vaticano ante el vil y taimado comportamiento de los miembros de la iglesia vasca.

3.- La banda terrorista
Como he mencionado anteriormente era necesario crear la tercera pata de ese trípode liberticida que llevara a cabo el trabajo sucio del proyecto elaborado por el PNV y la iglesia vasca. Para ello y bajo la coartada de la lucha por la liberación del pueblo vasco reunieron a un grupo de ex seminaristas y miembros del PNV a los que comenzaron a adoctrinar. Las reuniones se celebraban en los locales de las iglesias para protegerse del acoso de las fuerza de seguridad. Cuando consideraron que disponían de la infraestructura necesaria para sus actividades dieron el salto cualitativo de pasar a los asesinatos. El primer crimen que cometieron fue el del inspector de policía Melitón Manzanas, al que tildaron de torturador del pueblo vasco, para justificar su actuación.
Cuando se aprobó la Constitución y el Estatuto de Guernica por el que se concedía al País Vasco el mayor autogobierno que había tenido en su historia, incluso superior al estatuto de la República, se quedaron sin argumentos para seguir con lo que ellos siguen aún denominando lucha armada. En el seno de la banda se produjeron discusiones ideológicas pero prevaleció la postura de los partidarios del proyecto inicial que incrementaron el número de asesinatos y las dimensiones de los mismos en un intento desesperado de hacer fracasar el proyecto democrático y tener una justificación de su existencia.
Al fracasar en su propósito, la organización criminal se fue convirtiendo en una banda mafiosa que ensanchó su campo de actuación a la extorsión, al cobro del “impuesto revolucionario” a los empresarios y profesionales, al tráfico de armas, de drogas, etc.
Durante estos cuarenta años han asesinado a cerca de mil seres humanos, en algunos casos con verdadero sadismo, ante la complacencia y regocijo silencioso de sus compañeros de viaje.
En la actualidad, carentes de referencia ideológica, son una banda mafiosa del estilo de ”La Camorra” o de “Cosa Nostra”, que por medio del terror y la extorsión impone su criterio en una sociedad que lentamente va saliendo de su letargo.
El retrato robot del etarra de nueva generación es el de un individuo muy joven, fanático, educado en el odio y la violencia, de bajísimo nivel cultural e intelecto no demasiado vigoroso. Curiosamente, su edad coincide con el número de años que el PNV ha gobernado en el País Vasco. Por el contrario, los veteranos de la banda son auténticos resentidos, frustrados porque se dan cuenta de que han dilapidado su vida y no han conseguido nada de lo que les ofrecieron cuando se embarcaron en esta trágica aventura. El rictus de amargura puede verse en sus caras; son individuos sin retorno y sin ideales.

4.- Colaboradores
Dentro de este apartado incluyo en primer lugar, y con un papel muy destacado al partido socialista, en especial a los Sres. Benegas y Jáuregui, que con una permisividad absoluta toleraron las mencionadas actuaciones del PNV, incluso formando parte de los distintos gobiernos nacionalistas. En las primeras elecciones autonómicas y a pesar de haberlas ganado, cedieron, incomprensiblemente, la Presidencia del Gobierno y la Consejería de Educación a los nacionalistas que era lo que iban buscando. Ahora intentan borrar estos comportamientos y se retiran a sus cuarteles de invierno, pero sin su apoyo hubiese sido mucho más difícil llevar a cabo las barbaridades relatadas. En mi opinión, son responsables directos de la tragedia, a pesar de haber sufrido en sus propias filas los asesinatos de la banda criminal. Cuando “Mr. Bean” llega al gobierno y guiado por ese ramalazo visionario. huero e irresponsable que le caracteriza, inició un proceso negociador con los asesinos que, como era de esperar, terminó en fracaso pero les permitió estar presentes en las entidades locales vascas, carcajeándose de la debilidad del gobierno mientras ellos siguen a lo suyo que es matar, atemorizar y extorsionar. El célebre “Caso Faisán” que pasados los años sigue durmiendo el sueño de los justos en el juzgado del presunto prevaricador Baltasar Garzón, es un ejemplo más de la “alegría” con la que actuaba “Mr. Bean”.
En segundo lugar y por méritos propios, figura el “patético” partido comunista, en el que el Sr. Madrazo, con unas ansias inmensas de notoriedad y de poder, formó parte del gobierno nacionalista, de tintes marcadamente fascistas.
Siguiendo con el repaso de los colaboradores, es necesario hacer mención de los que denomino “tontos útiles”, con especial dedicación al “artisteo” tan proclive a manifestarse en contra de cualquier opresión o injusticia en el mundo, excepto en Cuba, por supuesto. Estos “pacifistas” no han movido un solo dedo para demostrar su apoyo a las víctimas o para denunciar el proceso de limpieza étnica que está teniendo lugar en el País Vasco. Todos ellos han mirado para otro lado, probablemente por cobardía. Estoy esperando alguna manifestación pública por parte de los Bardem, Almodóvar, Bosé, etc. Me gustaría que alguno de ellos me explicara la diferencia entre esta situación y la de la Alemania nazi.
En este grupo también incluyo a muchos periodistas y medios de comunicación que han tratado el asunto con absoluta frivolidad, cuando no con desprecio a las víctimas. Han hecho llegar a la opinión pública la idea de que el PNV es un partido democrático y nada más lejos de la realidad, pues como se ha visto es un partido de tintes fascistas. Han ocultado la información que denunciaba una y otra vez esta triste y cruda realidad. Ha sido penoso comprobar cómo la película “El Infierno Vasco” de Iñaki Arteta ha pasado con más pena que gloria por las pantallas cinematográficas porque ningún distribuidor se atrevió a dotarla de la publicidad necesaria. En ella se denuncia, con hechos reales, la dureza de la vida en esa región para todos los ciudadanos que no comparten las ideas nacionalistas. ¡Que hipocresía!
También es colaboradora la burguesía vasca que, salvo honrosas excepciones, se limita a pagar el denominado “impuesto revolucionario” sin poner nada de su parte para terminar con esta situación y ayudar, cooperando con las fuerzas de seguridad, a desmontar la trama de extorsión. Para ellos, es mejor pagar y estar bien visto por ese mundo tenebroso, de tal forma que puedan vivir tranquilamente. Corta visión del problema porque si llegasen a imponerse las tesis de los criminales acabarían siendo sus víctimas. Asimismo la propia sociedad vasca se ha visto sometida a este proceso de degradación moral, llegando a considerar los asesinatos y agresiones como algo normal. Se ha sumido en un silencio temeroso, en especial en el mundo rural, del cual va a ser difícil que salga.
Finalmente, durante muchos años, los distintos gobiernos franceses hacían oídos sordos a las peticiones de España. Por fortuna este comportamiento cambió y en la actualidad se les persigue como a cualquier otro terrorista, con lo que se ha terminado la libertad de movimientos que tenían.
Como resumen de todo lo expuesto, considero que la única posibilidad de resolver este grave problema es una mezcla de medidas políticas, policiales y judiciales eficaces que devuelvan el orden y la normalidad a un pueblo atemorizado que hasta el presente no ha disfrutado de la libertad. Para ello sería necesario que el gobierno español mostrase una actitud firme frente al problema.
Probablemente el nuevo gobierno vasco a pesar de las enormes dificultades con las que se va a encontrar para desmontar el entramado nacionalista podría reconducir esta situación devolviendo la soberanía al pueblo, siempre y cuando “Mr. Bean” no interfiera en este delicado proceso.


Madrid, 8 de diciembre de 2009

viernes, 20 de noviembre de 2009

Las Medidas Económicas de un Gobierno "Progresista"

LAS MEDIDAS ECONÓMICAS DE UN GOBIERNO “PROGRESISTA”

Autor: Geromín
Este artículo va dedicado a las centrales sindicales “defensoras a ultranza” de los derechos de los trabajadores y “volcadas” en conseguir su bienestar y progreso y también a los “intelectualoides” pertenecientes al “Sindicato de la Ceja” que, como siempre que el presidente del gobierno necesita de la respiración asistida, salen al escenario para apoyarle “desinteresadamente”, so pretexto de solicitar ayudas para los más débiles y desamparados.
Me gustaría que la lectura de estas líneas sirviera: por un lado, para desenmascarar a estos colectivos que se caracterizan por su desmesurada ambición de dinero y por mantenerse pasivos ante los graves problemas que aquejan a la clase trabajadora; y por otro, para constatar la realidad de un gobierno que se proclama “progresista” pero que sus decisiones favorecen, especialmente, a la clase adinerada.
Mi pretensión, es pasar una breve revista a la serie de medidas de carácter económico que ha puesto en marcha el gobierno para sacarnos de la crisis y, en teoría, para proteger a los más necesitados. Curiosamente, estas medidas van en dirección contraria a las que se están adoptando en países como Francia y Alemania, en los que gobiernos de derechas están aplicando medidas progresistas, mientras que en España, un gobierno de izquierdas pone en práctica medidas populistas, caracterizadas por la subida de impuestos indirectos que afectan por igual a los ricos y a los pobres.
La primera actitud que tomó el gobierno, por motivos electoralistas fue negar la existencia de la crisis. Es aleccionador visionar los mítines de “Mr. Bean” en la campaña electoral, en los que prometía un crecimiento anual del PIB del 3%, la creación de 2 millones de puestos de trabajo en la próxima legislatura y todo ello además mejorando las coberturas sociales. Los últimos datos del INE ponen de manifiesto que en ese periodo de tiempo se han destruido 1,6 millones de puestos de trabajo y que el deflactor implícito del PIB sigue cayendo por tercer trimestre consecutivo, lo que nos sumerge en la temida deflación. Como siempre “el visionario” acertó de pleno.
Los miembros del ejecutivo, sin excepción, eliminaron este término de su vocabulario y recurrieron a los eufemismos más variopintos para referirse a la situación económica. De acuerdo con esta postura, se aprobaron unos Presupuestos Generales del Estado para el año 2009 totalmente irreales. Con el paso del tiempo hemos podido comprobar que no se han cumplido ninguna de las previsiones macroeconómicas del gobierno. Esta circunstancia retrasará nuestra posible salida de la crisis, si es que ésta se produce.
La segunda medida, anunciada a bombo y platillo, fue la subvención de 400 euros a todos los ciudadanos. Dejando a un lado la barbaridad que, desde el punto de vista económico, supone esta decisión, y centrándonos en el aspecto social vemos que, por su forma de aplicación, hubo más de seis millones de españoles que no se beneficiaron de ella, fundamentalmente los más desfavorecidos, entre los que se encuentran: los parados, los que tienen contratos basura, los trabajadores temporales, los pensionistas con pensiones mínimas y todos aquellos cuyos ingresos no superaban los 8.000 euros anuales.
La tercera medida económica digna de resaltar, fue la aprobación de un real decreto mediante el cual, las plusvalías que obtenían los altos ejecutivos de las grandes empresas, que hasta ese momento cotizaban al tipo medio en el impuesto sobre la renta que, en su caso, era del 43%, pasaron a ser tratadas como las del resto de los ciudadanos, es decir, al 18%. De un plumazo y sin apenas publicidad, los más ricos tuvieron una rebaja fiscal de 25 puntos, sin que ningún “progresista” lo denunciase o criticase.
La cuarta actuación de carácter económico fue la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio que gravaba los bienes de los ciudadanos. Existía un mínimo exento a partir del que, con carácter progresivo, se iban estableciendo unos porcentajes de cotización. Evidentemente, la clase trabajadora no pagaba este impuesto, pues se encontraba dentro de ese mínimo, y por eso se eliminó, pues sin duda les aliviaba, en parte, en el pago de sus impuestos.
La quinta medida fue la aprobación de una disposición oficial permitiendo que todo el dinero procedente de los paraísos fiscales que se invirtiera en Deuda Pública española, gozase de opacidad fiscal; es decir, no existía obligación de identificar al inversor a la hora de adquirir estos títulos. Por tanto, no pagarían los impuestos como el resto de los ciudadanos. Eso sí, el gobierno repetía hasta la saciedad, su lucha para eliminar estos paraísos que tanto daño estaban causando a la economía mundial.
La sexta medida adoptada fue la de aprobar desgravaciones para las empresas que contrataran a trabajadores que estuviesen cobrando el subsidio de desempleo. Quiere ello decir que todos los apuntados al paro en el INEM quedaban al margen de estas subvenciones y por tanto no saldrían fácilmente de esta situación.
La séptima decisión fue la de inyectar, con el aval del Estado, cantidades ingentes de dinero a las entidades financieras para que éstas pudiesen seguir llevando a cabo sus actuaciones habituales, entre las que figuran la concesión de créditos a los pequeños empresarios, autónomos y familias. Esta medida que parecía lógica y estaba en línea con la que habían adoptado otros estados, no surtió el efecto deseado ya que al no poner condiciones a estas ayudas, su destino fue otro bien distinto; se dedicaron a pedir dinero al Banco Central Europeo que se lo facilita al 1% y, posteriormente, a adquirir Deuda Pública española al 4%, obteniendo así una ganancia del 3% sin riesgo alguno y con dinero prestado. ¡Especulación pura y dura!
Siguiendo en el sector bancario también conviene resaltar que los 500.000 inmuebles que se calcula que tienen en su poder, como resultado de los embargos a propietarios y promotores, siguen figurando en sus balances con la valoración inicial, lo que supone un fraude para el mercado, ya que: por un lado, impiden el ajuste real de precios que debe producirse en el sector para reactivar la demanda; y por otro, son un falseamiento de los beneficios declarados. Todo ello, evidentemente, con el beneplácito del gobierno y el silencio de los medios de comunicación.
A este escándalo puede añadirse el de las “sabrosas” e inmorales indemnizaciones que reciben los altos ejecutivos de la banca cuando cesan en su actividad. El último caso sonado ha sido el del Sr. Goirigolzarri, consejero delegado del BBVA, de 55 años de edad, que habiendo cesado en su cargo recibirá 60 millones de euros, a cobrar como pensión vitalicia de 3 millones de euros/año.
La octava medida del gobierno, no concretada en una disposición legal pero sí de aplicación permanente, es su permisividad ante las prejubilaciones y los expedientes de regulación de empleo (ERES) que permanentemente se producen en nuestro país. No es comprensible que mientras la Comisión Europea y las organizaciones internacionales estén aconsejando la prolongación de la vida laboral, como medida indispensable para salvaguardar el sistema público de pensiones, nuestro gobierno permita comportamientos contrarios. Es difícil explicar a los ciudadanos, casos como el del Banco Santander, que declara cuantiosos beneficios anuales, y en su sede central de Boadilla del Monte se le permita llevar a cabo un programa de prejubilaciones en el que los 5.500 trabajadores que había inicialmente quedarán reducidos a 2.800.
La novena medida económica interesante es el tratamiento que el gobierno “progresista” va a seguir aplicando a las SICAV. Estas sociedades de inversión son las encargadas de gestionar las grandes fortunas españolas y las ganancias que obtienen en sus operaciones financieras cotizan al 1% en concepto de Impuesto de Sociedades. No es un error tipográfico, es la realidad. Para hacernos una composición de lugar, cabe decir que, en España, la tributación familiar media es del 17,98% y en el caso de las empresas es del 15,76%, teniendo en cuenta todas las desgravaciones fiscales. Pues bien, los adinerados tributan sólo al 1%. Ahora estamos viendo que incluso no pagan este 1%, ya que los inversores reciben los beneficios en forma de reducción de capital.
Se calcula que 440.000 españoles mueven sus patrimonios a través de estas sociedades que han proliferado como hongos. En la actualidad hay 3.400 inscritas, que manejan un patrimonio de 25.000 millones de euros, prácticamente exentos de impuestos.
Ahora se entenderá lo que mencionaba al comienzo de este artículo sobre el “Sindicato de la Ceja”. Las cabezas visibles del “sindicato”, como son: los Almodóvar, Bardem, Víctor Manuel, Ana Belén, Bosé, …. etc. tienen sus patrimonios gestionados por estas sociedades y así están tan contentos con el actual gobierno. Lo curioso del caso es que se autodefinen como fervientes comunistas. No comprendo porqué no se van a disfrutar las bondades de este sistema a Cuba o a China, por ejemplo.
Finalmente, en los Presupuestos Generales del Estado para el año 2010, no se observa una austeridad en el gasto, más bien todo lo contrario. El número de “enchufados”, ahora denominados asesores, sigue incrementándose de forma alarmante. Por ejemplo, los del presidente del gobierno son ya 664, cuyos gastos aumentan para el próximo año en 30 millones de euros. Los gastos corrientes no disminuyen, lo que permitirá seguir remodelando despachos y adquiriendo coches de lujo para cualquier cargo público. Por el contrario, los gastos en investigación se reducen notablemente. Por ejemplo, los de innovación tecnológica experimentan un recorte del 7,8%. A esta situación, podemos añadir, la ligereza de nuestros gobernantes para conceder subvenciones a las organizaciones más extrañas. Recientemente, se ha vuelto a condonar, por segunda vez, la deuda a Bolivia para favorecer a una empresa privada como es Repsol. El régimen “democrático” de Cuba se ha llevado en el presente ejercicio la cantidad de 292 millones de euros. Cuando la Sra. Fernández de la Vega sale de viaje es para echarse a temblar por la ligereza en conceder subvenciones. Sirva como ejemplo, los 23 millones de euros al Estado de Guerrero, destinados a la mejora de las playas de Acapulco, lo que sin duda redundará en la erradicación del hambre de esa zona.
Lo que sí que queda claro, es que la crisis económica no afecta a la clase política que sigue actuando con la misma e incluso más alegría e irresponsabilidad que antes. La siguiente anécdota es bastante explicativa. Para dar apariencia de preocupación, “Mr. Bean” citó, recientemente, en el Palacio de la Moncloa a tres prestigiosos economistas españoles para tratar de la crisis. Ellos prepararon un dossier con diversas propuestas de medidas a tomar. Al término de la entrevista salieron alucinados, pues de los 60 minutos acordados, el presidente habló durante 55 minutos de su visión personal del problema y el resto del tiempo fue dedicado a temas intrascendentes.
Los gastos de las Comunidades Autónomas y de los Ayuntamientos están totalmente fuera de control, constituyen un pozo sin fondo y sirven para financiar a los partidos políticos y para colocar a toda su clientela
Los últimos informes de entidades solventes vaticinan que el déficit público no bajará del 10% en los dos próximos años, mientras que el gobierno asegura que en el año 2012 el déficit será del 3%, pues si admitiera lo contrario, sería aceptar que seremos expulsados de la zona euro. Esta afirmación, una mentira más, no se la cree ni el propio “Mr. Bean”.
Parafraseando a Suárez, afirmo que: puedo prometer y prometo que todo lo expuesto en el presente artículo, aunque parezca inverosímil es cierto, y pone de manifiesto una vez más, la demagogia gobernante, pues los hechos demuestran de forma contundente, que con sus medidas de carácter económico está favoreciendo fundamentalmente a la clase adinerada, ante la pasividad de los políticos que se definen y vanaglorian de ser de izquierdas.
Punto y aparte merecen las centrales sindicales, cuyo único objetivo es lograr un incremento de las subvenciones públicas que reciben, hecho que se viene sucediendo desde el año 2006, con un aumento anual del orden del 11%. En el año 2009, las subvenciones públicas directas, de los Presupuestos Generales del Estado, a UGT y CCOO ascendieron a 163 millones de euros, a lo que hay que agregar las que obtienen por otras vías. Por ejemplo, la Junta de Andalucía, en el periodo 2004-2008, subvencionó a estas dos centrales con 265 millones de euros. Lo que explica que a pesar de ser la Comunidad Autónoma con más índice de paro y peor calidad en el empleo, no se produzca protesta alguna, mientras que en la Comunidad de Madrid, salen a la calle por cualquier motivo. Todo ello además, sin considerar los importantes bocados dinerarios que se llevan en la negociación empresarial de los ERES. De ahí su pasividad ante el incremento de los mismos. Eso si, sin intencionalidad política, sólo para defender a los trabajadores.
Lo triste es que hay ciudadanos que siguen creyendo en este montaje y se dejan engañar con las proclamas populistas. Yo, a estas personas, les preguntaría: ¿Cuántos liberados o enlaces sindicales se ven afectados por un ERE?
Ante esta lamentable y penosa situación no cabe más que esperar un milagro de la Virgen de Lourdes y como dicen los castizos: “Que Dios nos coja confesaos”.


Madrid, 20 de noviembre de 2009